¿La salud depende de la imagen que la Sanidad tenga de ti?
Hace 25 años conocí a un niño mexicano que recolectaba frutas con su familia por varios estados de EE.UU. Nos hicimos amigos.
¿Eran ilegales?
Fueron detenidos en alguna ocasión, y es que al inmigrante le decimos a la vez: no te queremos y te necesitamos.
¿Lo necesitan quienes le explotan y no lo quieren quienes compiten con ellos?
Esa tensión se proyecta en su cuerpo. Hoy aquel niño tiene 35 años. Ha sufrido diabetes 2 mientras trabajaba aquí y allá. No es grave: con un poco de metformina, dieta, cuidados... se controla. Vi a mi amigo hace poco.
¿Y...?
Él ya no me vio. La diabetes le dejó ciego. Y sus riñones fallaban. Pero su familia no. Le apoyan en todo. Le acompañé al hospital y vi cómo le ignoraron por ser mestizo. Costó que le atendieran. Le pasaba a menudo.
¿Por qué viaja con los temporeros?
El mundo es desigual y el tratamiento que cada uno recibe también depende de tu apariencia, porque es el reflejo de nuestro nivel económico y social y ese reflejo determina el trato médico que reciben como individuos.
¿Usted como médico juzga el tratamiento médico y como antropólogo, el otro?
Lo que hago es viajar, vivir, experimentar con los pacientes cómo las desigualdades de todo tipo nos enferman y que esa enfermedad es tan individual como estructural. La desigualdad es social; la enfermedad y el tratamiento médico la individualizan.
¿Los prejuicios matan como los virus?
Lo he comprobado desde que acompañaba de niño a mi padre, médico, y mi madre, educadora, a México a ayudar en un hospital. Al acabar la carrera, me uní a temporeros mestizos en la frontera y fui encarcelado con ellos. Les fui siguiendo e investigando su peregrinar en busca de trabajo por EE.UU.
Habría que investigarlo aquí también.
El médico en mí ve qué es lo mejor para un paciente y el antropólogo descubre después e investiga de forma sistemática los prejuicios que se reflejan en el trato clínico y en las estructuras sanitarias que los reproducen. Yo ahora vivo con quienes sufren la desigualdad y luego la investigo y la explico.
¿Ha desvelado otros casos?
Y también cómo los médicos vamos perdiendo la empatía con el paciente ya desde que estudiamos medicina en la facultad.
¿Cómo?
Cuando voy a congresos médicos me siento solo, porque se habla de un espray nasal de insulina, por ejemplo, muy eficaz para tratar la diabetes, pero que solo los superricos se pueden pagar... Y nadie se queja allí.
¿Y en los congresos de antropología?
A veces, presentan ponencias fascinantes, pero que también me dejan preguntándome: ¿a quién sirve saber esto? ¿A quién puedes ayudar sabiéndolo?
¿Qué se puede hacer?
Los médicos que estudiamos además ciencias sociales fundamos la Sociedad de Humanidades, Ciencias Sociales y Medicina, que agrupa a especialistas de Harvard, Berkeley, Stanford, UCLA...
¿Y ahora investiga en Barcelona?
La verdad es que tenía una cómoda posición como chancellor profesor en Berkeley, pero acepté venir a Icrea en Barcelona para seguir trabajando aquí en un hub para la medicina social al que hemos invitado a unirse a otras universidades europeas, como las de Oslo y Amsterdam. Y hemos unido a la URV.
¿Estudian otros casos concretos?
De forma periódica y sistemática. Y los publicamos una vez al mes en The Lancet. El último ha sido un artículo coescrito con médicos saharauis sobre los campamentos saharauis del Tinduf. Llegué anteayer de allí.
¿Qué condiciones observó en los campamentos saharuis?
Describimos el parto de una mujer a la luz de los focos de los todoterrenos con calor sofocante y sin electricidad, porque los generadores no funcionan a partir de cierta temperatura. Después, llegó un niño al que había picado una serpiente y los médicos tuvieron que averiguar la especie casi sin luz.
¿Lo curaron?
Mis colegas saharauis aplicaron hojas de acacia a la mordedura, porque saben que es una planta curativa. No pudieron hacer nada más, porque no tenían más medios.
¿No tienen antídoto contra el veneno?
No, porque Trump cortó la ayuda que les daba el Acnur (Naciones Unidas). Y tampoco podían usar la única ambulancia disponible para enviar al chaval a un hospital por si se daba un caso más grave y la necesitaban.
¿La política o la geopolítica acaban determinando si un crío muere o si otro nace?
Es otro ejemplo de cómo la ideología y los prejuicios en la concepción de los demás se transforman en maltrato médico. Las enfermedades a menudo no son del individuo, sino de la sociedad; pero la mirada clínica tiende a individualizarlas.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.