Radicado en Lausana (Suiza), Richard Baldwin es director del Centre for Economic Policy Research (CEPR) de Londres. En esta entrevista, Baldwin explica la tesis de su último libro, World War Trade (Guerra Mundial Comercial, puede leerse aquí), que a veces se lee más como un manual de estrategias militares que un análisis económico. Plantea que el comercio “ya no es una oportunidad para los países, sino un arma”.
En la presentación de su libro en el liberal Instituto Peterson en Washington, usted habló de una relación entre el anuncio de los aranceles masivos de Trump el 2 de abril de 2025 y el cierre del estrecho de Ormuz, es decir, que ambas representan una nueva fase en la que los obstáculos al comercio se convierten en armas (weaponization). ¿Es la tesis de su nuevo libro Guerra Mundial Comercial?
Para aclarar, no estoy diciendo que haya una relación causal directa. Más bien se trata de que el ambiente en el que se produce este tipo de ruptura radical de las normas y el uso de las restricciones comerciales como una forma habitual de coaccionar o disuadir es lo que, en mi opinión, hizo que fuera más probable que sucediera el cierre del estrecho de Ormuz. La guerra de Irán es un asunto aparte. Independientemente de si Trump hubiera subido los aranceles en abril o no, probablemente habrían cerrado las aguas de Ormuz tras el asesinato de su líder. Pero la reacción actual ante eso, cuando otros países de todo el mundo piensan: “¡Bueno, mirad, el control del tráfico marítimo les dio un enorme poder de disuasión a los iraníes frente a la superpotencia militar mundial!”. El ministro de Finanzas de Indonesia planteó que quizá Indonesia podría cobrar tasas de navegación, peajes, a través del estrecho de Malaca. Y el estrecho de Malaca es mucho más importante para la economía mundial que el estrecho de Ormuz. Por allí transita una gran parte de las mercancías chinas, un tercio de las mercancías mundiales. El ministro de Asuntos Exteriores indonesio lo desmintió un par de días después. Pero antes eso habría sido absolutamente impensable. Indonesia nunca habría dicho eso antes. Ahora este tipo de control de las exportaciones está perfectamente normalizado debido a Estados Unidos y China.
Si el cierre del estrecho de Ormuz conduce a una recesión global, ¿cree que podría cambiar el entorno político? ¿La lección de una recesión podría empujarnos de vuelta a un paradigma más consensuado, multilateral?
Tal vez. Hay una analogía histórica: la Gran Depresión le dio mala fama al proteccionismo. Antes de los años treinta del siglo pasado, el proteccionismo significaba “protección”, como cuando proteges a tus hijos o proteges tu industria. Después de la Gran Depresión, el proteccionismo se convirtió en una palabra despectiva y nadie quería admitir que lo practicaba. Y tuvimos todas esas iniciativas multilaterales. Así que es totalmente posible que eso pueda suceder. Pero hacía falta realmente una gran depresión, y fue el giro de Estados Unidos lo que realmente cambió las cosas después de la Segunda Guerra Mundial. EE. UU. había sido relativamente aislacionista y proteccionista. Decidió que el proteccionismo no era la mejor forma. Y, ya sabes, puedes ver la cita de Kennedy al principio del libro donde decía que la mejor forma de protección es abrirse a los aliados e impulsar las economías de todos. Así que eso es posible, pero sospecho que requeriría que Estados Unidos cambiara de idea de forma drástica.
¿No bastará el fin de Trump?
No. Porque ahora mismo en Estados Unidos hay, más o menos, un consenso bipartidista de que gravar el comercio es una buena idea. Biden no cambió los aranceles de la primera administración de Trump. Hasta que esto cambie, no creo que este tipo de entorno vaya a desaparecer. China tiene estos controles de exportación más bien como un arma defensiva contra la coacción y una forma de evitar que la gente se alíe contra ellos. Así que el entorno en el que el comercio se ha convertido en un arma, se mantendrá hasta que haya cambios en el mayor importador del mundo, o sea, EE. UU. Para esto haría falta una profunda recesión, o depresión, que se achacara a los aranceles como ocurrió en los años treinta del siglo pasado. Y no veo que esto vaya a producirse.
¿No prevé una recesión grande como consecuencia de la guerra en Irán?
Si echas un vistazo al análisis en VoxEU del CEPR, un grupo de expertos en energía hace algunos cálculos sobre qué pasa con la inflación con diferentes escenarios: un trimestre de cierre, dos trimestres de cierre, etc... Y ninguno de ellos está llegando a cifras descabelladas. El Banco Asiático de Desarrollo hizo los cálculos y dice que la India se ralentizará del 6% al 4%, algo así. Así que no creo que nos enfrentemos a una gran recesión. ¡Ahora bien, pueden ser las últimas palabras famosas de Richard Baldwin...!
La doctrina del agravio que menciona en el libro —es decir, la percepción en EE. UU. de que es víctima de la globalización y del éxito de China— crea un entorno político en el que Estados Unidos inicia una guerra comercial. ¿Cómo se extiende?.
Bueno, ya sabes, todo ocurrió la primera semana de abril del año pasado; Estados Unidos impuso aranceles a las importaciones procedentes de todo el mundo. China tomó medidas de represalia al controlar las exportaciones de minerales de tierras raras a todo el mundo.
La sensación de agravio parece ser mucho más fuerte en EE. UU. ¿Por qué?
Porque las otras economías avanzadas cuentan con políticas sociales que ayudan a que las cosas funcionen. No pierdes tu casa si pierdes tu trabajo. No pierdes tu asistencia sanitaria. Aún puedes enviar a tus hijos al colegio y a la universidad. Seguirás teniendo una pensión de jubilación. Todas estas cosas son mucho más precarias en Estados Unidos en particular. Y por eso la gente está mucho más enfadada. . Las cosas que parecen una auténtica locura pueden parecer normales después de haber pasado 10 o 15 años no solo de dificultades económicas, sino también de humillación. En el resto de las economías avanzadas, también hay algo de eso. Y sin duda han sufrido económicamente, pero no hay esa humillación extrema y, ya sabes, esas burlas. Yo crecí en el Medio Oeste, en EE. UU. Antes podías ir a una taberna como alguien de Madison (la ciudad universitaria) y ellos podían ver que eras de Madison solo por tu forma de vestir. Y, ya sabes, eran un poco fríos, pero no eran hostiles. Y ahora sí que es hostil. La gente cierra granjas y todos pasan apuros. Así que es como una profunda ira y humillación que no creo que sea tan fuerte en Japón, en Canadá, en la Unión Europea, en Australia o en Nueva Zelanda.
Es extraño porque todo el mundo dice que Europa está saliendo de esto prácticamente de la peor manera posible...
Sí, bueno, pero ¿preferirías vivir en EE. UU. o en Europa? No digo que en Europa todo vaya bien, pero ese enfoque fundamental de la economía social de mercado en el que los trabajadores —o el Gobierno, que se encarga de velar por ellos—, ese supuesto está muy arraigado. No va a cambiar. Eso también tiene algunas implicaciones para la competitividad, tal y como se dice en el informe Draghi. Pero llevo en este trabajo el tiempo suficiente como para recordar el libro blanco sobre competitividad de Jacques Delors. No digo que los países europeos no deban hacer muchas reformas y prestar más atención a las fuerzas del mercado y a la eficiencia, porque estamos en un entorno diferente. Es solo que no creo que eso vaya a provocar que Europa se derrumbe. Europa ha decidido que no va a tener tantos puestos de trabajo y que su renta media quizá no sea tan alta como en Estados Unidos. Pero va a tener un lugar más agradable para vivir y para que sus hijos crezcan. Y por eso no hay tiroteos en las escuelas y no tenemos en Europa una crisis de opiáceos.
Se habla mucho de que los BRICS suben, de que el dólar está perdiendo su estatus privilegiado como moneda de reserva, que China puede liderar una especie de nuevo orden mundial que será multipolar, y que EE. UU. Entrará en una especie de rápido declive como potencia hegemónica. ¿Qué opina de eso?
Estoy de acuerdo con Ian Bremmer y su idea de «GZERO World»: Estados Unidos sigue siendo la potencia hegemónica mundial en materia de garantías militares y de seguridad. Si nos fijamos en el mapa de quienes tienen pactos de seguridad con Estados Unidos, vemos que son muchos países en todo el mundo. China, solo uno, y es con Corea del Norte. Exacto. Así que, en lo militar, quizá China esté ganando terreno, pero sigo pensando que EE. UU. gasta más en defensa que los siguientes 5 o 10 países juntos. Y el dólar, aunque, ya sabes, está en declive a largo plazo. Su papel de divisa de reserva se basa en una aglomeración económica fuerte. No creo que eso vaya a desaparecer de inmediato. Las finanzas.. Se basan en el dólar y esto le da a EE. UU. una capacidad sin precedentes para convertir los pagos y cosas así en armas.
Así que no creo que nada de eso vaya a desaparecer de forma drástica, pero en términos de liderazgo económico, sin duda EE. UU. ya ha dado un paso atrás. Así que lo veo como algo diferenciado. No hay un hegemón en el sentido tradicional de lo económico, lo militar, lo cultural, la seguridad, todo junto. Porque EE. UU. ha dado un paso atrás en lo económico. Y China está dando un paso adelante en lo económico.
Pero no creo que mucha gente confiara en que China acudiera a defenderla militarmente si fuera atacada por alguien. Así que China no puede en absoluto sustituir a EE. UU. como potencia hegemónica mundial. Demasiada gente desconfía de los chinos. Y además, los chinos no están interesados en convertirse en una superpotencia mundial como Estados Unidos. Creo que quieren controlar, como siempre han hecho a lo largo de la historia desde hace miles de años, esta pequeña región del mundo. No creo que tengan las mismas ambiciones imperiales que tuvo el Reino Unido en su día ni que tuvo Estados Unidos en la época de la Guerra Fría. Creo que vivimos en un mundo de incertidumbre radical. Estamos cambiando. No sabemos hacia dónde vamos. No volveremos a la Guerra Fría porque la industria china está entrelazada con la industria de todos. Así que creo que tenemos que llegar a una especie de modus vivendi en materia económica, y no creo que nadie vaya a asumir el papel que tuvo el Reino Unido durante un siglo, el largo siglo XIX, como lo llaman, y que luego asumió Estados Unidos. No creo que nadie vaya a asumir ese papel. Así que no sabemos hacia dónde vamos. Pero no veo a Estados Unidos hundiéndose del todo debido a la World Trade War.
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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.