Venecia se enfrenta en los próximos años a un horizonte de decisiones cada vez más limitado. A medida que sube el nivel del mar, el margen para preservar la ciudad se estrecha hasta escenarios extremos en los que incluso el abandono podría ser inevitable. Un estudio propone cuatro estrategias para adaptarse al cambio climático, pero advierte de que ninguna está libre de costes ni de límites.
Un laboratorio global del cambio climático
Actualmente, Venecia no está incluida en la lista de Patrimonio Mundial en Peligro de la UNESCO. Aunque en julio de 2023 la organización recomendó su inclusión por el impacto del turismo de masas, el cambio climático y la falta de medidas preventivas, el Comité del Patrimonio Mundial decidió finalmente descartarla.
La ciudad de los canales no es solo un icono cultural, es también un laboratorio donde se anticipan los dilemas que afrontarán muchas zonas costeras. Según un estudio publicado en Scientific Reports, Venecia ha sufrido un aumento sostenido de inundaciones en los últimos 150 años, con una clara aceleración en las últimas décadas. 18 de los 28 eventos extremos de acqua alta han ocurrido en los últimos 23 años y se deben a dos factores: el ascenso global del mar y el hundimiento del terreno. El resultado es un equilibrio cada vez más frágil en una ciudad donde más de la mitad del territorio se sitúa apenas entre 80 centímetros y 1,2 metros sobre el nivel medio del mar.
Cómo se proyecta el futuro
Los investigadores han construido trayectorias de adaptación, posibles caminos que combinan estrategias a lo largo del tiempo. Han combinado proyecciones del IPCC, datos topográficos, modelos hidrodinámicos y estimaciones económicas. El objetivo es mapear cómo se estrecha el “espacio de soluciones” a medida que el mar avanza, identificando puntos críticos en los que una estrategia deja de funcionar y obliga a cambiar de rumbo.
No proponen una solución única, sino una secuencia de decisiones. “Venecia no debería elegir una solución final ahora; es preferible que pase de la fase actual de laguna abierta a estrategias más transformadoras”, explica Piero Lionello, autor principal del estudio, para La Vanguardia.
La protección actual de Venecia se basa en el sistema MoSE, un conjunto de barreras móviles que se elevan para aislar la laguna durante las mareas altas. Esta estrategia de “laguna abierta” permite mantener el intercambio natural de agua con el mar, pero su eficacia “probablemente encontrará límites duros dentro de este siglo”, afirma el estudio. A medida que las compuertas deban cerrarse con mayor frecuencia, aumentará el impacto ecológico y económico. “Cierres más frecuentes y prolongados reducirían el intercambio de agua con el mar, afectando a la temperatura y la salinidad, y podrían revertir la disminución de la contaminación y la eutrofización”, advierte Lionello.
Cuando ese modelo deje de ser suficiente, las alternativas implican transformaciones cada vez más profundas. Una opción sería aislar el núcleo urbano mediante diques, protegiendo la ciudad pero rompiendo su conexión física y funcional con la laguna. Otra posibilidad es cerrar completamente la laguna con presas permanentes, convirtiéndola en un sistema similar a un lago artificial. Esta solución preservaría la ciudad, pero implicaría la pérdida irreversible del ecosistema lagunar.
En el extremo más radical aparece la retirada planificada. Este escenario contempla el abandono progresivo de las zonas más vulnerables y el traslado de monumentos. Aunque pueda parecer improbable, los autores la consideran una opción muy válida en escenarios de subida extrema del nivel del mar.
Un equilibrio imposible
El estudio sitúa un umbral crítico cuando el nivel del mar suba entre 0,75 y 1,75 metros. A partir de ahí, las soluciones actuales dejan de ser suficientes. Este escenario podría alcanzarse a finales de siglo en trayectorias de altas emisiones. El problema es que las grandes infraestructuras requieren décadas para planificarse y construirse, en algunos casos entre 30 y 50 años. Esto implica que las decisiones deben tomarse con mucha antelación. “El horizonte crítico es ahora y las próximas décadas”, advierte Lionello. “Aunque los límites físicos aún estén a décadas de distancia, la ventana de planificación ya está abierta”. El equipo de investigadores propone comenzar con la construcción de diques circulares y más tarde pasar a laguna cerrada.
Ninguna solución preserva todo. Algunas protegen el patrimonio, pero sacrifican el ecosistema; otras preservan la laguna, pero comprometen la seguridad o la economía. El propio estudio subraya que “un activo histórico único es, en última instancia, inapreciable”, lo que limita los enfoques puramente económicos. Además, las soluciones basadas en la rehabilitación natural ya tienen un alcance reducido. “No hemos encontrado evidencia de que la restauración de humedales o sedimentos pueda actuar como una vía de adaptación importante capaz de extender los umbrales de protección a largo plazo”.
Un problema que va más allá de Venecia
Venecia anticipa problemas que afrontarán muchas regiones costeras, desde los Países Bajos hasta las Maldivas. Los costes, advierten los autores, superarán el ámbito local. “La financiación de estas soluciones excederá una escala puramente local y requerirá apoyo de niveles superiores de gobernanza”, señala Lionello, que apunta a la posible implicación de instituciones europeas.
La adaptación es inevitable, pero su precio económico, cultural y ambiental crecerá con cada centímetro de mar. Aunque el estudio dibuja escenarios extremos, aún deja abierta la puerta a la reducción rápida de emisiones para evitar las decisiones más drásticas.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.