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Big Vang Entrevista

Núria López, química: “Me pedían que saliera en las fotos ‘para que se viera que había una mujer’”

La investigadora del ICIQ forma parte del 1% de científicos más citados del mundo

Núria López, química: “Me pedían que saliera en las fotos ‘para que se viera que había una mujer’”
Núria López, el 29 de abril en el Barcelona Supercomputing Cente ante el supercomputador Mare Nostrum 5 rNacho Vera
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Actualizado hace 35 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Para la química Núria López, estar en el 1% de científicos más citados del mundo según el último ranking de Claivate, no es un punto de llegada sino la consecuencia de una trayectoria sostenida en la élite de la investigación.
  • 02Su carrera está marcada por intuiciones y por la idea de convertir problemas en recursos.
  • 03Esa lógica guía hoy su trabajo en el Institut Català d’Investigació Química (ICIQ) en Tarragona, donde busca convertir el CO₂ en combustible y cerrar el ciclo del carbono.
  • 04Pero antes de llegar ahí, hubo un entorno con pocos referentes científicos y una educación construida entre carencias. “En casa no había antecedentes científicos”, recuerda. “Pero sí estaba muy presente la idea de la educación como valor”.

Para la química Núria López, estar en el 1% de científicos más citados del mundo según el último ranking de Claivate, no es un punto de llegada sino la consecuencia de una trayectoria sostenida en la élite de la investigación. Su carrera está marcada por intuiciones y por la idea de convertir problemas en recursos. Esa lógica guía hoy su trabajo en el Institut Català d’Investigació Química (ICIQ) en Tarragona, donde busca convertir el CO₂ en combustible y cerrar el ciclo del carbono.

“Transformamos CO2 en combustible para barcos o plantas industriales” Química útil

Pero antes de llegar ahí, hubo un entorno con pocos referentes científicos y una educación construida entre carencias. “En casa no había antecedentes científicos”, recuerda. “Pero sí estaba muy presente la idea de la educación como valor”. Lo que le atrajo no fue tanto la ciencia como disciplina, sino las matemáticas y la física como lenguajes que premian la comprensión frente a la memoria. Ese impulso se consolidó en el instituto Infanta Isabel de Aragón: “Allí aprendí sobre la libertad y también sobre mujeres en la ciencia. Recuerdo un profesor de historia, Navales, que decía: ‘Como siempre os hablan de vosotros, en esta clase os voy a hablar de vosotras’”.

“España puede liderar en energía sostenible, pero necesita confianza en su propio talento” Autoestima científica

Su etapa en el instituto coincidió con un momento complicado del sistema educativo.

Fue una época de huelgas, el año del Cojo Manteca. Perdimos clases y tuvimos que aprender a estudiar solos. De 400 alumnos, solo cinco aprobamos la selectividad. Eso me dio una autonomía que luego me sirvió mucho en la época de la covid.

¿Por qué eligió química?

Escribí química, física y matemáticas, en ese orden, en mi plan de estudios y mis padres me preguntaron: “¿Pero no querías hacer física?” Les respondí que sí, pero quizás con química tendría más posibilidades de aprobar y más futuro laboral. También pensé que no sería capaz de pasar matemáticas, una de las cosas que nos creemos a veces las chicas.

¿Cómo fue el salto a la universidad?

Me especialicé en química física y, gracias a mis notas, el departamento me veía como una ‘beca con patas’. Hice los cuatro años de tesis en España y me fui al extranjero. Quería un sitio que tuviera mar. Pasé tres meses en Dinamarca durante mi doctorado y decidí que ese sería mi lugar. Allí descubrí lo que es hacer ciencia de verdad. Tuve como supervisor a Jens K. Nørskov, que me dio herramientas para crecer, apoyo y me abrió puertas. Es un mentor excepcional.

Después de Dinamarca, ¿cómo afrontó los primeros años de independencia científica en España?

En 2001 obtuve un contrato Ramón y Cajal. Era más joven que la media y hubo reticencias para encajarme en el sistema. Fueron años de mucha resistencia hasta consolidar mi grupo en 2005. Después colaboré con el profesor Javier Pérez-Ramírez y desde 2008 también con la industria. Empezamos a trabajar en energía y sostenibilidad y fuimos pioneros en el uso del Barcelona Supercomputing Center a través de la Red Española de Supercomputación y siempre hemos contribuido en los comités a nivel local y europeo. Somos pioneros desde un sitio pequeño, infrafinanciado, pero con acceso excepcional a supercomputación.

¿En qué se concretan sus líneas de investigación sobre transición energética?

Trabajamos en entender cómo convertir CO₂, que normalmente vemos como un residuo, en combustibles como metanol, útil para transporte marítimo o plantas industriales. Diseñamos catalizadores muy selectivos para evitar subproductos peligrosos o costosos de gestionar. El objetivo es cerrar el ciclo del carbono y convertir el CO₂ en recurso. Estudiamos a nivel fundamental dónde ocurren las reacciones, qué enlaces se rompen y cuál es la vía más eficiente. Luego colaboramos con equipos experimentales para trasladarlo a materiales reales. En el proyecto SUPERVAL, junto al profesor Galán-Mascarós, capturamos CO₂ industrial y lo transformamos en moléculas útiles.

El equipo de Núria ha creado cartas para niños de 8 a 10 años para que aprendan los ciclos del carbono y del nitrógeno jugando 
El equipo de Núria ha creado cartas para niños de 8 a 10 años para que aprendan los ciclos del carbono y del nitrógeno jugando ICIQ

¿Cómo ha vivido la dimensión de género en un campo tan masculinizado?

Recuerdo reuniones en Alemania donde éramos 31 personas y yo era la única mujer. En mis primeros años como líder de grupo me pedían que saliera en las fotos “para que se viera que había una mujer”. Al final decides dónde quieres estar y cómo. Pero también he tenido mentores y colegas extraordinarios, hombres que me han apoyado siempre. En Dinamarca nunca sentí esa exclusión. Hoy mi grupo es más diverso, pero el reto está en la educación.

¿Qué impacto ha tenido la inteligencia artificial en su disciplina?

Ha sido una revolución. Antes resolvíamos la ecuación de Schrödinger directamente, con un tiempo de cálculo que crecía exponencialmente. Con la IA podemos hacer esos cálculos hasta diez mil veces más rápido, optimizar procesos y mejorar catalizadores. Hemos aprendido otras maneras de pensar y de escribir moléculas gracias a la IA, y eso permite que la investigación teórica tenga un impacto directo en la industria y la transición energética.

¿Qué cree que debería priorizar España en materia de energía sostenible?

Primero, reforzar la red eléctrica. La red actual es precaria, y la intermitencia de renovables como solar y eólica genera problemas de estabilidad. Segundo, electrificar todo lo posible y usar excedentes renovables para producir vectores energéticos como hidrógeno o metanol, que se pueden almacenar y transportar. Tercero, fomentar la colaboración entre ciencia, industria y administración. España puede liderar en energía sostenible, pero necesita confianza en su propio talento. Muchos de nuestros proyectos son financiados desde el extranjero y eso es muy triste. Tenemos la ciencia que nos queremos pagar y a veces no se prioriza el avance.

LF
Laura Francés
Big Vang

Forma parte de la redacción de La Vanguardia · Barcelona.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.