Lo que hace apenas unos años parecía una idea propia de la ciencia ficción está hoy un paso más cerca de convertirse en una herramienta clínica. El proyecto fetaLife, impulsado desde 2021 por BCNatal —el centro conjunto de medicina fetal y neonatal del Hospital Clínic, el Hospital Sant Joan de Déu y la Universitat de Barcelona—, ha conseguido mantener durante 21 días a un feto ovino dentro de una placenta artificial o incubadora líquida. Además, ha demostrado que uno de esos animales, la oveja Gaia, ha sobrevivido más de un año tras abandonar el dispositivo con un desarrollo neurológico normal. El avance, presentado este viernes en Barcelona, constituye el mayor hito alcanzado hasta ahora por el único proyecto de estas características que existe en Europa y acerca la posibilidad de ofrecer una alternativa a los recién nacidos más prematuros.
El reto de imitar a la naturaleza
La iniciativa nació hace ocho años de una idea del equipo liderado por Eduard Gratacós, director de BCNatal, con una misión muy concreta: permitir que los bebés que nacen con seis meses de gestación o menos continúen desarrollándose como si permanecieran dentro del útero. “El objetivo es conseguir que el bebé siga viviendo como un feto y no como un recién nacido”, resumió Gratacós. “Empezamos con una idea que parecía ciencia ficción y hoy hemos demostrado que era posible”.
La prematuridad extrema afecta cada año a unas 25.000 familias en Europa. En estos bebés, pulmones, intestino y cerebro todavía no están preparados para funcionar fuera del útero. Aunque la neonatología ha mejorado enormemente la supervivencia, muchos de los recién nacidos que logran salir adelante sufren secuelas permanentes neurológicas, pulmonares, intestinales, cardiovasculares o visuales.
Para intentar evitar esas complicaciones, los investigadores han desarrollado una placenta artificial, denominada AmnioShell, que reproduce las condiciones del útero materno. El feto permanece sumergido en un líquido sintético y conectado mediante su propio cordón umbilical a un circuito extracorpóreo que le suministra oxígeno y nutrientes, igual que ocurriría durante el embarazo. El mayor reto tecnológico ha sido precisamente mantener abierto ese cordón umbilical, que está biológicamente programado para cerrarse en cuanto detecta el nacimiento. “Si la temperatura cambia apenas un grado, el cordón se cierra porque está preparado para el nacimiento. El reto era conseguir que el feto no se diera cuenta de que ya no estaba dentro de su madre”, explicó Gratacós.
Detrás del dispositivo hay más de cinco años de trabajo interdisciplinar. Más de 35 investigadores de distintas especialidades —cirugía fetal, neonatología, ingeniería biomédica, biología y enfermería— han participado directamente en el proyecto, con el apoyo de otros 35 profesionales. Algunos experimentos han llegado a movilizar a 150 personas y requieren vigilancia médica permanente las 24 horas del día, los siete días de la semana, además de una inversión de decenas de miles de euros por ensayo.
Cómo funciona una placenta artificial
El sistema incorpora un complejo circuito de circulación diseñado para un volumen sanguíneo de apenas 80 mililitros, una membrana oxigenadora específica, un líquido artificial que sustituye al líquido amniótico y protocolos para administrar nutrición, hormonas y otros tratamientos que normalmente recibiría el feto a través de la placenta. Todo ello se supervisa mediante un sistema de monitorización continua que analiza entre 70 y 80 parámetros fisiológicos en tiempo real. Sobre esos millones de datos trabajan algoritmos de inteligencia artificial que ayudan a detectar tendencias y ajustar el funcionamiento del dispositivo para aproximarse lo máximo posible a las condiciones naturales del embarazo.
La mejor demostración de que el sistema funciona tiene nombre propio: Gaia. Esta oveja prematura pasó más de diez días en la incubadora líquida y hoy supera los trece meses de vida desde su “nacimiento” artificial. Los investigadores han comprobado que su desarrollo neurológico es completamente normal y comparable al de otros animales nacidos de forma natural.
“Gaia demuestra que no solo conseguimos que sobrevivan, sino que lo hagan sin secuelas neurológicas detectables”, destacó Elisenda Eixarch, coordinadora médica y científica de fetaLife. “Esta incubadora líquida representa un cambio de paradigma. Lo que hacemos es prolongar un poco más el tiempo fisiológico fetal. Cuando salen del dispositivo siguen siendo prematuros y pasan a una incubadora convencional, pero llegan en mejores condiciones”.
El equipo también ha demostrado el funcionamiento del sistema en fetos de menos de 500 gramos, un logro que, según Gratacós, ningún otro grupo había conseguido hasta ahora. “El sistema funciona; ahora tenemos que conseguir que sea fiable”, afirmó. El siguiente paso será adaptar la tecnología a los estándares exigidos para su uso clínico, completar los requisitos regulatorios y definir, junto al Institut Borja de Bioètica, qué pacientes serían candidatos al primer ensayo en humanos, previsto para 2028 o 2029 si obtiene todas las autorizaciones necesarias.
Durante la presentación, el director general del Hospital Clínic, Josep Maria Campistol, destacó que el proyecto demuestra cómo la investigación puede “ir más allá de publicar un estudio y llegar realmente a la clínica”, y subrayó la importancia de la colaboración entre instituciones públicas y privadas. En la misma línea, el director gerente del Hospital Sant Joan de Déu, Miquel Pons, definió fetaLife como “un dispositivo totalmente disruptivo y traslacional” llamado a transformar el abordaje de una patología “cada vez más frecuente” y asociada a importantes secuelas en los bebés que sobreviven.
Los impulsores del proyecto crearon en 2025 la spin-off fetaLife Technologies para acelerar la llegada de la tecnología a la práctica clínica. En esta nueva etapa esperan incorporar nuevos socios públicos y privados, mientras la Fundación “la Caixa”, que financió el proyecto con 7, 65 millones de euros, ya ha confirmado que continuará apoyando una iniciativa que ha situado a Barcelona entre los referentes mundiales en el desarrollo de tratamientos para prematuros extremos.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.