Europa, Norteamérica y Australia aparecen desde hace años entre las regiones con mayor número de especies exóticas invasoras registradas. Ese patrón ha llevado a asumir que también eran los lugares donde estas invasiones provocaban los mayores daños sobre la biodiversidad. Sin embargo, un nuevo estudio concluye que el mapa está al revés. No es que esas regiones sufran más, es que ahí es donde más se mira. La investigación, liderada por la Universidad de Friburgo (Suiza), ha corregido el efecto del desigual esfuerzo científico entre países, concluyendo que los impactos ambientales más graves de las especies invasoras se concentran en el sur global, donde la capacidad para prevenir su llegada y gestionar sus consecuencias es menor.
La trampa de contar especies
Durante décadas, el jacinto de agua viajó por el mundo como planta ornamental. Originario de la cuenca amazónica, sus llamativas flores violetas lo convirtieron en un adorno habitual de jardines y estanques. Pero una vez liberado en ríos y lagos de África, Asia y América Latina empezó a crecer sin control. Hoy forma extensas alfombras flotantes que bloquean la luz, reducen el oxígeno del agua, dificultan la pesca y alteran profundamente los ecosistemas. Es solo uno de los miles de ejemplos de especies que han encontrado, lejos de su lugar de origen, unas condiciones idóneas para expandirse.
Las especies exóticas invasoras son organismos transportados por la actividad humana fuera de su área de distribución natural que consiguen establecerse en nuevos ecosistemas. Según la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES), ya han contribuido al 60 % de las extinciones documentadas y generan pérdidas económicas superiores a los 423.000 millones de dólares al año, una cifra que se ha cuadruplicado cada década desde 1970.
Hasta ahora, los grandes informes internacionales asumían que los lugares con más especies invasoras eran también aquellos donde el problema era más grave. Sin embargo, esa relación es engañosa. Es parecido a evaluar la gravedad de una enfermedad contando únicamente el número de pacientes ingresados en hospitales. Allí donde existen mejores sistemas sanitarios habrá más diagnósticos, aunque la enfermedad pueda estar causando estragos en lugares donde apenas se registra.
“La cantidad de especies invasoras o de impactos registrados depende enormemente de la intensidad con la que se investigue”, explica Hanno Seebens, ecólogo y autor del estudio, para La Vanguardia. “Cuanto más se busca, más se encuentra. Como la mayoría de los estudios se han realizado en el norte global, eso ofrece una imagen sesgada de dónde se producen realmente los impactos.”
Un indicador independiente de la intensidad de la investigación
Para corregir el sesgo, los investigadores, que presentan hoy sus resultados en Science, desarrollaron un nuevo indicador: la gravedad media del impacto. En lugar de contabilizar cuántos impactos se habían descrito en un país, calcularon qué proporción correspondía a impactos considerados graves. Esta gravedad se mide según la clasificación EICAT de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Es decir, aquellos impactos capaces de provocar el declive de poblaciones nativas, extinciones locales o incluso desapariciones globales. “Nuestro nuevo indicador es una medida relativa y, por tanto, independiente de la intensidad de la investigación”, señala Seebens.
Para realizar el análisis, el equipo recurrió a GIDIAS, una base de datos que reúne más de 22.000 impactos ambientales documentados a partir de unas 6.700 publicaciones científicas e informes técnicos. La información abarca plantas, vertebrados, invertebrados y microorganismos procedentes de 172 países. La combinaron con SinAS, un inventario global de cerca de 40.000 especies introducidas fuera de su área de origen.
El mapa se invierte
Los resultados muestran dos realidades muy distintas. Cuando se cuentan simplemente las especies invasoras o los impactos documentados, Europa, Norteamérica y Australia aparecen como las regiones más afectadas. Pero cuando se analiza la proporción de impactos graves, el mapa cambia radicalmente. Sudamérica, África, buena parte de Asia, Centroamérica, el Caribe y numerosas islas oceánicas pasan a encabezar la clasificación.
“Aunque el número total de impactos registrados sea mayor en el norte global, la gravedad media de estos es aproximadamente un 50 % superior en el sur global”, explica el investigador. Ese patrón se mantuvo incluso cuando los investigadores compararon las mismas especies presentes en ambas regiones. “Eso indica que no solo importa qué especies llegan, sino también las condiciones del lugar donde se establecen”.
La gobernanza marca la diferencia
Para averiguar qué factores explicaban estas diferencias, el equipo incorporó al análisis otras variables como el crecimiento económico, PIB, tamaño del país, temperatura media, precipitaciones y presión humana sobre el territorio. También incluyeron distintos indicadores internacionales de gobernanza y de capacidad para prevenir o controlar las invasiones biológicas.
Las variables que mejor predecían la gravedad de los impactos eran la pertenencia al sur global y la calidad de la gobernanza. Los países con instituciones menos sólidas se asociaron sistemáticamente con daños ambientales más intensos. Entre los países que presentan mayor número de impactos de gravedad alta destacan Brasil, India, Sudáfrica, Ecuador, China, Rusia y Argentina, todos ellos economías emergentes.
Un problema probablemente mayor de lo que muestran los datos
Detrás de estas cifras hay especies bien conocidas por los ecólogos. Entre los ejemplos citados por Seebens figura la perca del Nilo, distintas especies de árboles o arbustos como la acacias o la flor de fuego, aves como la cotorra de Kramer o mamíferos como el visón americano.
Los investigadores creen que su trabajo podría estar ofreciendo una imagen todavía conservadora de la situación. Es muy probable que el número real tanto de especies invasoras como de impactos ambientales sea considerablemente mayor en numerosos países del sur global que lo reflejado actualmente por la literatura científica. “Pero también debemos recordar que los datos son incompletos incluso en el norte global. Probablemente no exista un solo país del mundo que disponga de un inventario completo”, alerta el ecólogo.
Los investigadores subrayan que la prevención sigue siendo la estrategia más eficaz frente a este problema y sostienen que reforzar la gobernanza, mejorar la cooperación internacional y aumentar la capacidad de respuesta en los países más vulnerables será esencial para contener un problema que continúa creciendo impulsado por el comercio internacional y la globalización.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.