En ocasiones, basta con que el Sol desaparezca durante unos minutos para cambiar el curso de los acontecimientos. Eso es, al menos, lo que ocurrió el 28 de mayo del año 585 a. C., cuando un eclipse total de Sol interrumpió una batalla entre medos y lidios en Anatolia, la actual Turquía. Según el historiador griego Heródoto, la oscuridad fue tan sobrecogedora que los dos ejércitos pusieron fin a una guerra que llevaba cinco años desangrando la región.
El conflicto enfrentaba a dos de las grandes potencias de Oriente Próximo. Ninguno de los bandos lograba imponerse y aquella jornada parecía destinada a convertirse en un combate más. Pero, mientras los soldados luchaban, la Luna se interpuso entre el Sol y la Tierra y anocheció.
En aquel momento, el fenómeno solo podía interpretarse como una advertencia de los dioses. En Mesopotamia, por ejemplo, los sucesos sobrenaturales de esta índole podían anunciar la muerte de un rey o la caída de un imperio. En algunos casos, incluso se nombraba temporalmente a un “rey sustituto” para proteger al monarca verdadero del mal augurio.
Heródoto cuenta en el libro I de Historias que tanto medos como lidios depusieron las armas “al ver el día convertido en noche”. La paz quedó sellada poco después mediante un tratado y una alianza matrimonial entre las dos dinastías, un acuerdo que puso fin a años de enfrentamientos.
La historia habría quedado como una curiosa anécdota de no ser por un detalle. El mismo Heródoto afirma que el filósofo y matemático Tales de Mileto había anunciado que aquel año se produciría un eclipse. Si fue así, se trataría de una de las primeras predicciones astronómicas conocidas de la historia y de un hito en el nacimiento del pensamiento científico.
Sin embargo, ese punto sigue siendo objeto de debate. Ningún escrito de Tales explica cómo habría realizado el cálculo y muchos especialistas consideran que los conocimientos astronómicos disponibles en la Grecia del siglo VI a. C. no permitían predecir con precisión un eclipse solar. Algunos investigadores plantean que pudo apoyarse en conocimientos procedentes de Babilonia, donde ya se conocían ciertos ciclos de repetición de los eclipses, mientras que otros creen que la historia pudo engrandecerse con el paso del tiempo.
Lo que sí está fuera de discusión es el eclipse. Los cálculos astronómicos modernos de la NASA confirman que un eclipse total cruzó Anatolia el 28 de mayo de 585 a. C., una coincidencia que ha permitido fechar con gran precisión uno de los episodios más célebres de la antigüedad. La oscuridad apenas duró unos minutos, probablemente entre dos y cuatro dependiendo del lugar exacto donde se desarrolló la batalla, pero bastó para sembrar el desconcierto entre unos ejércitos que interpretaron el fenómeno como un presagio divino.
Más de 2.600 años después, el llamado eclipse de Tales sigue siendo un símbolo del momento en que la observación de la naturaleza empezó a abrirse paso frente a las explicaciones sobrenaturales.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.