Cuando el próximo 12 de agosto la Luna cubra por completo el Sol sobre buena parte de la península Ibérica, millones de personas levantarán la vista al cielo sabiendo exactamente qué está ocurriendo. Sin embargo, durante la mayor parte de la historia de la humanidad un eclipse total era una ruptura del orden del mundo.
Prácticamente todas las civilizaciones intentaron explicar aquel desconcertante episodio. Algunas imaginaron monstruos devorando el Sol; otras lo interpretaron como un castigo divino o el anuncio de guerras y desgracias. En culturas muy alejadas entre sí surgieron mitos sorprendentemente parecidos, una coincidencia que los antropólogos atribuyen a la experiencia universal de enfrentarse a un fenómeno extraordinario para el que no existía explicación científica.
El dragón que quería tragarse el Sol
En la antigua China se creía que un dragón celestial intentaba devorar el Sol durante los eclipses. Cuando el disco comenzaba a oscurecerse, la población salía a las calles golpeando tambores, gongs, cazuelas o cualquier objeto capaz de producir estruendo con la esperanza de asustar a la criatura y obligarla a liberar al astro.
Sin embargo, China fue también una de las primeras civilizaciones en estudiar estos fenómenos de forma sistemática. Los eclipses eran asuntos de Estado. El emperador, considerado intermediario entre el Cielo y la Tierra, dependía de que el orden cósmico permaneciera intacto. Por ello, contaba con astrónomos dedicados a observar el firmamento que elaboraron calendarios cada vez más precisos. Estos acabarían formando parte de los registros astronómicos continuos más antiguos que se conservan.
Rahu, el demonio inmortal
En el sur de Asia, la explicación adoptó forma de monstruo. En la tradición hindú, el responsable era Rahu, un demonio que participó en el batido del océano cósmico para obtener el néctar de la inmortalidad haciéndose pasar por una deidad. Tras lograr beber unas gotas del elixir, fue descubierto gracias al Sol y la Luna, que lo delataron ante el dios Vishnu. Antes de que el néctar descendiera por su garganta, Vishnu lo decapitó con su disco. Como la inmortalidad ya había alcanzado su cabeza, esta persigue eternamente al Sol y a la Luna para vengarse de su traición. Cuando logra alcanzarlos se produce un eclipse, aunque los astros reaparecen porque Rahu carece de cuerpo para retenerlos.
El jaguar que atacaba al Sol
En América surgieron creencias igual de elaboradas. Pese al extraordinario conocimiento astronómico que reflejan calendarios como los mayas, en distintas culturas mesoamericanas, los eclipses representaban una alteración del equilibrio del universo y se asociaban con acontecimientos que afectaban al destino de gobernantes y ciudades. Algunas tradiciones describían al Sol siendo atacado por un jaguar o por una gran serpiente celeste, mientras que en los Andes el oscurecimiento se interpretaba como una señal del enfado de las divinidades, lo que daba lugar a ceremonias y ofrendas para restaurar el orden cósmico.
Una de las historias más conocidas relacionadas con un eclipse aparece siglos después, durante la conquista de América. En 1504, Cristóbal Colón utilizó las efemérides astronómicas para predecir un eclipse lunar en Jamaica y convencer a las comunidades indígenas de que recuperaran el suministro de alimentos para su expedición. Aunque se trató de un eclipse de Luna y no de Sol, el episodio ilustra hasta qué punto el conocimiento astronómico podía convertirse en una herramienta de poder.
Cuando el eclipse invita a hacer las paces
No todas las tradiciones asociaron la oscuridad con el miedo. Entre el pueblo batammariba, que habita el norte de Benín y Togo, los eclipses representan una disputa entre el Sol y la Luna provocada por los conflictos entre los propios seres humanos. Según su tradición, cuando ambos astros comienzan a pelearse, la comunidad debe reconciliarse para enseñarles el camino de la paz. Durante el eclipse, vecinos enfrentados se perdonan, resuelven antiguas disputas y comparten alimentos como símbolo de reconciliación.
En la Polinesia, la mitología tahitiana cuenta que el Sol y la Luna son dos amantes que solo pueden encontrarse durante un eclipse. La intensidad de ese breve reencuentro hace que pierdan el rumbo en la oscuridad y creen las estrellas para iluminar el camino de vuelta.
La tradición islámica rompe con el presagio
Según los hadices, el día en que murió Ibrahim, hijo del profeta Mahoma, también se produjo un eclipse solar. Muchos pensaron que ambos acontecimientos estaban relacionados, pero Mahoma rechazó esa interpretación. Explicó que el Sol y la Luna no se eclipsan por la muerte ni el nacimiento de nadie, sino que forman parte del orden de la creación. Para los historiadores de la ciencia, se trata de uno de los primeros rechazos explícitos a interpretar un eclipse como un presagio.
Del presagio a la ciencia
En Grecia convivieron durante siglos dos maneras de entender los eclipses. De hecho, la propia palabra eclipse procede del griego ékleipsis, que significa “abandono” o “desaparición”, y por eso para muchos seguían siendo malos augurios. Pero filósofos como Anaxágoras propusieron una explicación radicalmente distinta: el eclipse se producía cuando la Luna se interponía entre la Tierra y el Sol. Más tarde, Aristóteles consolidó esa interpretación natural, sentando las bases de una comprensión del fenómeno alejada de los presagios y las explicaciones sobrenaturales.
También en Roma persistía esa tensión entre superstición y conocimiento. Cuando un eclipse coincidió con el cumpleaños del emperador Claudio, el historiador Dión Casio relata que el propio emperador recurrió a las explicaciones astronómicas para tranquilizar a la población y negar cualquier presagio.
Hoy sabemos que los eclipses totales se producen cuando la Luna nueva se interpone exactamente entre la Tierra y el Sol, una coincidencia astronómica que desaparecerá dentro de cientos de millones de años porque la Luna se aleja unos 3,8 centímetros cada año de nuestro planeta. No obstante, comprender el mecanismo no ha reducido la fascinación que provoca contemplarlo.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.