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El día en que un dragón devoraba el Sol y anunciaba el fin del mundo

Durante miles de años, los eclipses fueron interpretados como presagios, castigos divinos o batallas celestes

El día en que un dragón devoraba el Sol y anunciaba el fin del mundo
Antes de que la astronomía explicara el fenómeno, cada cultura buscó una respuesta a la desaparición repentina del Sol DANIEL LÓPEZ / IAC / Europa Press
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  • 01Cuando el próximo 12 de agosto la Luna cubra por completo el Sol sobre buena parte de la península Ibérica, millones de personas levantarán la vista al cielo sabiendo exactamente qué está ocurriendo.
  • 02Sin embargo, durante la mayor parte de la historia de la humanidad un eclipse total era una ruptura del orden del mundo.
  • 03Prácticamente todas las civilizaciones intentaron explicar aquel desconcertante episodio.
  • 04Algunas imaginaron monstruos devorando el Sol; otras lo interpretaron como un castigo divino o el anuncio de guerras y desgracias.

Cuando el próximo 12 de agosto la Luna cubra por completo el Sol sobre buena parte de la península Ibérica, millones de personas levantarán la vista al cielo sabiendo exactamente qué está ocurriendo. Sin embargo, durante la mayor parte de la historia de la humanidad un eclipse total era una ruptura del orden del mundo.

Prácticamente todas las civilizaciones intentaron explicar aquel desconcertante episodio. Algunas imaginaron monstruos devorando el Sol; otras lo interpretaron como un castigo divino o el anuncio de guerras y desgracias. En culturas muy alejadas entre sí surgieron mitos sorprendentemente parecidos, una coincidencia que los antropólogos atribuyen a la experiencia universal de enfrentarse a un fenómeno extraordinario para el que no existía explicación científica.

El dragón que quería tragarse el Sol

En la antigua China se creía que un dragón celestial intentaba devorar el Sol durante los eclipses. Cuando el disco comenzaba a oscurecerse, la población salía a las calles golpeando tambores, gongs, cazuelas o cualquier objeto capaz de producir estruendo con la esperanza de asustar a la criatura y obligarla a liberar al astro.

Sin embargo, China fue también una de las primeras civilizaciones en estudiar estos fenómenos de forma sistemática. Los eclipses eran asuntos de Estado. El emperador, considerado intermediario entre el Cielo y la Tierra, dependía de que el orden cósmico permaneciera intacto. Por ello, contaba con astrónomos dedicados a observar el firmamento que elaboraron calendarios cada vez más precisos. Estos acabarían formando parte de los registros astronómicos continuos más antiguos que se conservan.

Estampa de 1836 que muestra a astrónomos chinos observando y midiendo un eclipse solar con un telescopio y otros instrumentos
Estampa de 1836 que muestra a astrónomos chinos observando y midiendo un eclipse solar con un telescopio y otros instrumentosGF Sargent / Wikimedia Commons
Rahu, el demonio inmortal

En el sur de Asia, la explicación adoptó forma de monstruo. En la tradición hindú, el responsable era Rahu, un demonio que participó en el batido del océano cósmico para obtener el néctar de la inmortalidad haciéndose pasar por una deidad. Tras lograr beber unas gotas del elixir, fue descubierto gracias al Sol y la Luna, que lo delataron ante el dios Vishnu. Antes de que el néctar descendiera por su garganta, Vishnu lo decapitó con su disco. Como la inmortalidad ya había alcanzado su cabeza, esta persigue eternamente al Sol y a la Luna para vengarse de su traición. Cuando logra alcanzarlos se produce un eclipse, aunque los astros reaparecen porque Rahu carece de cuerpo para retenerlos.

Rahu es uno de los nueve cuerpos celestes principales en los textos hindúes, rey de los meteoros y “planeta sombra” que causa eclipses.
Rahu es uno de los nueve cuerpos celestes principales en los textos hindúes, rey de los meteoros y “planeta sombra” que causa eclipses.King muh / Wikipedia
El jaguar que atacaba al Sol

En América surgieron creencias igual de elaboradas. Pese al extraordinario conocimiento astronómico que reflejan calendarios como los mayas, en distintas culturas mesoamericanas, los eclipses representaban una alteración del equilibrio del universo y se asociaban con acontecimientos que afectaban al destino de gobernantes y ciudades. Algunas tradiciones describían al Sol siendo atacado por un jaguar o por una gran serpiente celeste, mientras que en los Andes el oscurecimiento se interpretaba como una señal del enfado de las divinidades, lo que daba lugar a ceremonias y ofrendas para restaurar el orden cósmico.

Una de las historias más conocidas relacionadas con un eclipse aparece siglos después, durante la conquista de América. En 1504, Cristóbal Colón utilizó las efemérides astronómicas para predecir un eclipse lunar en Jamaica y convencer a las comunidades indígenas de que recuperaran el suministro de alimentos para su expedición. Aunque se trató de un eclipse de Luna y no de Sol, el episodio ilustra hasta qué punto el conocimiento astronómico podía convertirse en una herramienta de poder.

Recreación francesa de 1879 del momento en que Cristóbal Colón mostró el eclipse a los nativos jamaicanos.
Recreación francesa de 1879 del momento en que Cristóbal Colón mostró el eclipse a los nativos jamaicanos.Aci Editorial
Cuando el eclipse invita a hacer las paces

No todas las tradiciones asociaron la oscuridad con el miedo. Entre el pueblo batammariba, que habita el norte de Benín y Togo, los eclipses representan una disputa entre el Sol y la Luna provocada por los conflictos entre los propios seres humanos. Según su tradición, cuando ambos astros comienzan a pelearse, la comunidad debe reconciliarse para enseñarles el camino de la paz. Durante el eclipse, vecinos enfrentados se perdonan, resuelven antiguas disputas y comparten alimentos como símbolo de reconciliación.

Lejos de interpretarlo como un mal augurio, los batammariba consideran el eclipse una oportunidad para hacer las paces. 
Lejos de interpretarlo como un mal augurio, los batammariba consideran el eclipse una oportunidad para hacer las paces. Erik Kristensen - Wikimedia Commons

En la Polinesia, la mitología tahitiana cuenta que el Sol y la Luna son dos amantes que solo pueden encontrarse durante un eclipse. La intensidad de ese breve reencuentro hace que pierdan el rumbo en la oscuridad y creen las estrellas para iluminar el camino de vuelta.

La tradición islámica rompe con el presagio

Según los hadices, el día en que murió Ibrahim, hijo del profeta Mahoma, también se produjo un eclipse solar. Muchos pensaron que ambos acontecimientos estaban relacionados, pero Mahoma rechazó esa interpretación. Explicó que el Sol y la Luna no se eclipsan por la muerte ni el nacimiento de nadie, sino que forman parte del orden de la creación. Para los historiadores de la ciencia, se trata de uno de los primeros rechazos explícitos a interpretar un eclipse como un presagio.

Los musulmanes realizan el Salat <i>Al-Kusuf</i> durante los eclipses de Sol para recordar la grandeza del Creador. YAKARTA 2016&#xa0;
Los musulmanes realizan el Salat Al-Kusuf durante los eclipses de Sol para recordar la grandeza del Creador. YAKARTA 2016 ADI WEDA / EFE
Del presagio a la ciencia

En Grecia convivieron durante siglos dos maneras de entender los eclipses. De hecho, la propia palabra eclipse procede del griego ékleipsis, que significa “abandono” o “desaparición”, y por eso para muchos seguían siendo malos augurios. Pero filósofos como Anaxágoras propusieron una explicación radicalmente distinta: el eclipse se producía cuando la Luna se interponía entre la Tierra y el Sol. Más tarde, Aristóteles consolidó esa interpretación natural, sentando las bases de una comprensión del fenómeno alejada de los presagios y las explicaciones sobrenaturales.

También en Roma persistía esa tensión entre superstición y conocimiento. Cuando un eclipse coincidió con el cumpleaños del emperador Claudio, el historiador Dión Casio relata que el propio emperador recurrió a las explicaciones astronómicas para tranquilizar a la población y negar cualquier presagio.

Hoy sabemos que los eclipses totales se producen cuando la Luna nueva se interpone exactamente entre la Tierra y el Sol, una coincidencia astronómica que desaparecerá dentro de cientos de millones de años porque la Luna se aleja unos 3,8 centímetros cada año de nuestro planeta. No obstante, comprender el mecanismo no ha reducido la fascinación que provoca contemplarlo. 

LF
Laura Francés
Big Vang

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.