Le pregunto a Javier de las Muelas qué receta de pasta me acaban de servir, y me dice que son unos macarrones a la Amatriciana. Javier es el dueño del Dry Martini, y como casi cada año, he aceptado la invitación que me ha hecho Anna Alós para que firme o mire pasar compradores de libros en un nuevo Sant Jordi celebrado en un local en el que he disfrutado mucho cuando no había caído en las tinieblas del alcohol, y una vez renacido como ex de tantas cosas, como disfrutador de cócteles sin alcohol. Javier es un gran anfitrión y un buen anfitrión es aquel que sabe mimar sin que se le note el interés, y suficientemente amable para que los que se pasan de interés, se sientan en fuera de juego.
Anna me pregunta si me han gustado los macarrones, y le digo que la Amatriciana es una de mis recetas preferidas, y me corrige: son macarrones literarios. Le digo a Anna que vale, porque todo lo que diga la Alós me parece bien desde que trabajamos, ya hace muchos años, en un diario de cuyo nombre no quiero acordarme. Es curioso lo de la Alós. Gran cronista social, el covid casi la mata, estuvo un mes en coma, y volvió a la vida convencida de que las segundas partes pueden ser tan buenas como las primeras. Y desde entonces, vive en las montañas, viene a Barcelona cuando le da la gana y organiza, cada 23 de abril y junto a Sandra Araquistain, una jornada en la que reúne a sus amigos con libro. Si los amigos tuvieran una bicicleta, la Alós sería capaz de organizar un Tour de Francia.
Y la llamo la Alós, porque en Catalunya somos así.
En la mesa del Dry estoy, entre otros, junto a Víctor Amela e Ima Sanchís, acompañada de su perra Oliva, y las hermanas Clop. Son dos emprendedoras, y tienen una agencia de viajes, The Clop Travel, y en julio se van a Grecia, y cuando les digo que tienen que visitar la isla de Koufonisia, el cayo dónde naufragué y mimé el duelo por mi hijo muerto, me dicen que ya lo tenían previsto. Y les recomiendo que vayan a pernoctar al Gitonia tis Irinis, y que se dejen mimar por Florian y su familia, y que se recorran la isla a pie y sin prisas – tiene 4 km cuadrados de superficie- y que no dejen de pedir las hamburguesas de cordero. En Koufonisia, como en casi toda Grecia, las carnes huelen a romero, tomillo y orégano. Y mientras comes con el cerebro impregnado de especias silvestres, miras la isla deshabitada de Keros que tienes enfrente e imaginas los tesoros que aún están por ser descubiertos en un fondo de mar turquesa.
La noche anterior, durante la fiesta de la Vanguardia celebrada en el Hotel Alma, encontré a María del Mar Arnús y le di el pésame por la muerte de su marido, Franciso de Sert, a quién yo llamaba Conde, porque para un conde que conozco, será conde aquí y en la China popular. Y recordé un libro que escribió el Conde titulado El Goloso: una historia europea de la buena mesa, y lo mucho que me gustó. Durante este Sant Jordi, se han presentado grandes libros de cocina, como el de Pau Arenós titulado Bocabulario. Pau es uno de mis amigos más antiguos, y yo ya soy muy antiguo, y con el paso de los años se ha convertido en uno de los condes más fraternales de mi memoria sentimental.
Pero volviendo al Dry Martini como catador de bebidas sin alcohol, diré que los que dicen que hay que beber para olvidar, deberían probar, de vez en cuando, lo de beber con el fin de acordarse de lo que hicieron ayer. Se puede vivir, aunque te nieguen el derecho de pertenecer al Club. Javier de las Muelas, que siempre me cuida como si no hubiera un mañana, te recomendará cócteles que sirven para viajar y volver sin que te cierren el paso por borracho. Cócteles sin alcohol como un Ipanema -zumo de maracuyá, cordial de lima-, un Alex - frutos rojos, manzana Granny Smith, lima, menta, albahaca-, o un Virgin Mojito - hojas de menta, sirope de azúcar de caña Marie Brizard, aloe vera, cordial de lima, Angostura, Ginger Ale Schweppes Premium-.
Hay más cócteles sin alcohol, aunque algunos, como los que están preparados con Martini o gin 00, los tengo terminantemente prohibidos porque el cerebro es fácil de embaucar y que se deje llevar a territorios prohibidos.
Gracias a Anna y a Javier por un mediodía fantástico en el Dry Martini. Y el año que viene volveré para disfrutar de unos macarrones literarios. Así es como le gusta a Anna que los llame, y lo que dice la Alós va a misa.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.