Junto al cierzo o la virgen del Pilar, pocas cosas se sienten más aragonesas que una cerveza Ambar. El néctar espumoso que se elabora desde hace 125 años a orillas del Ebro está íntimamente ligado a su tierra natal, donde se consume con devoción. Pero ese carácter local no le impide traspasar fronteras, con innovaciones que van desde la primera ‘sin’ española a su reciente apuesta por la cerveza probiótica. Un equilibrio entre tradición y modernidad del que la más pequeña de las grandes cerveceras españolas hace bandera. “Ser pequeños nos permite hacer grandes cervezas, con tiempo para investigar y dar importancia a los detalles que marcan la diferencia”, cuenta Enrique Torguet, director de comunicación de Grupo Agora, al que pertenece la marca.
Según relata, la compañía vio la luz como La Zaragozana en la capital aragonesa en el año 1900 de la mano de un grupo de familias adineradas locales que buscaban una vía para aprovechar los excedentes de cereal en la región. Para ello, levantaron su planta junto a la acequia de Ontonar, en lo que entonces eran las afueras de la ciudad y hoy es el popular barrio de San José, a escasos 20 minutos del centro histórico. La obra recayó en el arquitecto Antonio Mayandía, que viajó a Alemania para inspirarse en su montaje y, de paso, fichar al maestro cervecero Charles Schlaffer. “Era el Messi del sector, número uno de su promoción. Cobraba hasta 25 veces más que un operario”, cuenta Torguet sobre el alquimista germano, artífice de la primera lager zaragozana.
Fueron tiempos de abrir mercado en una tierra de vino, aunque a veces la producción no daba para cubrir toda la demanda. “Los bares ponían un horario para servirla y enseguida se acababa”, narra este apasionado. Con vistas a su expansión, el negocio recaló en los años veinte en manos de la familia de origen alsaciano Roehrich, también dueña de la marca barcelonesa Moritz, que renombraron el brebaje aragonés como Ambar en alusión a su color. De su mano, la firma creció al compás del sector cervecero nacional, primero impulsada por el turismo nacional y, a partir de los ochenta y los noventa, ya consolidada como una bebida de costumbre entre el consumidor español.
Ambar produce unos 100 millones de litros anuales, hasta 12 veces menos que los grandes productores nacionales Empresa
La antigua planta sacó su última botella en 2020, aunque todavía permanece abierta para visitas guiadas en las que se explica el proceso de producción con la antigua maquinaria y se organizan otras actividades culturales. Ese mismo año se inauguró la nueva fábrica de La Cartuja en las afueras de la ciudad con el doble de capacidad de la original, unos 100 millones de litros al año, cifra modesta frente a las grandes cerveceras del país (Mahou-San Miguel, grupo Damm o Heineken), con una producción 10 o 12 veces mayor. “Jugamos a ser pequeños, pero siempre con un punto de curiosidad por lanzar propuestas originales. La autenticidad es nuestra forma de ser y de proceder”, apunta Torguet.
Esa búsqueda por la innovación está incrustada en el ADN de la marca. Hace medio siglo, en una España de carajillo y sol y sombra antes de almorzar, Ambar fue la pionera de la cerveza ‘sin’ en España. “La primera se puso en el bar La Bozada de Zaragoza, y su dueño contaba que la servían debajo del mostrador para que no se viera que no tenía alcohol”, recuerda divertido. Hoy, el país lidera su producción y consumo a nivel mundial, con un 14 % del volumen total comercializado: entre siete y ocho millones de hectolitros anuales, más que toda Latinoamérica junta.
A aquella cerveza ‘sin’ le han seguido otros hitos, como la doble cero (sin alcohol ni gluten) en 2011 o la triple cero (cero alcohol, cero azúcar y cero emisiones) en 2022. Asimismo, sacan pecho de su Ambar Especial, elaborada con lúpulo recién molido, lo que le otorga una intensidad aromática y de sabor que la distingue del resto, su colección de Ambiciosas –trufada, citrus, avena, etcétera- o de su más reciente apuesta, la Triple Zero Probiótica, con la que buscan aunar el disfrute cervecero con las nuevas tendencias ligadas al cuidado físico.
Por ahora, los resultados empresariales les acompañan. El grupo Agora, que además de Ambar y Moritz integra los refrescos Konga, el agua Lunares o la distribuidora Bebinter y emplea a unas 900 personas, lleva cuatro años seguidos en positivo, superando en 2025 los 250 millones de euros en ventas, un 6% más que el año anterior. Datos de gran valor en un sector cervecero que ya encadena dos años consecutivos a la baja en el consumo y las ventas, consecuencia de un estilo de vida más saludable y un tiempo libre más diversificado, en el que las pantallas han ganado terreno, sobre todo entre los más jóvenes.
“El modelo de ocio se está redefiniendo, pero creemos poder encontrar ese espacio para relacionarnos con los nuevos públicos”, asegura Torguet, que pone el acento en el esfuerzo de la marca por ser “transversal” e “inclusiva” y adaptarse a las necesidades de los posibles consumidores. “Nuestro propósito es que todo el mundo pueda disfrutar de uno de los pequeños placeres de la vida”, apostilla.
Para ello, apuestan por consolidar su presencia en España. Ambar ya es profeta en su tierra, con una gran presencia en todo el valle del Ebro, desde Álava a Catalunya y Valencia pasando por Navarra, Logroño y, por supuesto, Aragón. Las exportaciones al extranjero apenas tienen peso, mientras que buscan expandir su presencia, sin prisa pero sin pausa, por el resto del territorio nacional. “Más que atacar los grandes mercados, buscamos que la gente nos descubra por la calidad de nuestro producto y nuestras curiosidad por lanzar propuestas originales”, añade Torguet.
La empresa no es ajena a los vaivenes internacionales, desde la imprevisible política arancelaria estadounidense a conflictos como el que ha provocado el cierre del estrecho de Ormuz (Irán), con efectos en la logística o el aumento del coste de las materias primas para elaborar sus envases. “Vamos a ver qué pasa en el futuro, porque todo esto se nota, sin duda”, apunta este aragonés que las ha visto de todos los colores en sus 32 años en la empresa.
Mientras, desde la marca se confabulan para seguir conquistando nuevos públicos con su estilo particular pero sin dejar nunca de lado sus orígenes, con Zaragoza, donde son patrimonio inmaterial bebible, y su nueva planta como eje principal. “Tenemos ambición y afán de permanencia. Brindemos por otros 125 años más”, se despide el experto cervecero.

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.