Eulàlia es la patrona de Barcelona y fue mártir por practicar la fe cristiana en una época en la que Barcelona era Barcino, y ser cristiano te convertía en carne enlatada para leones. La jovencísima Eulàlia, dice la leyenda, vivía en las afueras de Barcino y un día decidió ir a la ciudad para hablar con el procónsul con el fin de amonestarle por el trato que recibían las personas que comulgaban la fe de Cristo. El procónsul, un hombre con tendencia al consenso, decidió condenarla a sufrir una serie de martirios que voy a enumerar: fue encarcelada en una prisión oscura, le fueron desgarradas sus carnes con garfios, fue puesta de pie sobre un brasero, le quemaron los pechos con hierro candente, sus heridas fueron fregadas con piel fosca, fue bañada con aceite hirviendo y plomo fundido, la metieron desnuda en un barreño lleno de cristales y clavos, fue encerrada en un corral lleno de pulgas, la pasearon por la ciudad para sufrir la mofa de los ciudadanos y, finalmente, fue crucificada en una cruz en forma de aspa.
Estaremos de acuerdo en que, puestos a acumular martiririos, doce de ellos serían innecesarios y de una crueldad meramente burocrática y que Barcelona, la antigua Barcino, la convirtió en Santa y Patrona de la ciudad merecidamente, y cualquier fiesta en su honor es bienvenida.
El Gremi de la Restauració de Barcelona celebró su fiesta anual dedicada a Santa Eulàlia y, como cada año, llenó la sala de La Paloma de vips, un apelativo que me horroriza pero que gusta a los que van por la vida con aires de vip. Cuando alguien pronuncia la palabra vip, suelo ponerme a cantar, por sonoridad, la melodía de un antiguo anuncio boomer que decía: Bic naranja escribe fino, Bic cristal escribe normal, Bic, Bic, Bic…Bic, Bic, Bic. Cosas de mi subconsciente perturbado. Lo cierto es que la fiesta fue un éxito, como cada año, y, excepto el homenajeado, el actor Alberto San Juan, las caras fueron las mismas que las de todos los años, talmente como si estuviéramos viviendo en el día de la marmota. Y la gente volvió a asaltar la comida como si no hubiera un mañana.
Y, evidentemente, la fiesta gusta a los barceloneses e invita a pensar que celebraciones como la de Santa Eulàlia deberían ser más habituales porque dinamizan la vida de una ciudad que casi mataron de sopor la alcaldesa Ada Colau y sus concejales durante los ocho años que gobernaron Barcelona. Demonios los hay por doquier, y santos y santas haberlos háylas en todos los gremios, y estas fiestas son como un pequeño Mobile World Congress analógico. Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la Humanidad socioeconómica de Barcelona.
Hace un año, el Gremi de la Restauració hizo públicas las acciones legales que iba a emprender contra los comercios dedicados a la restauración que se saltaban a la torera la normativa municipal y la casa sigue sin barrer, con el añadido de que, con la aparición de Barcelona Restauració, una nueva asociación que busca defender el comercio de proximidad -popularmente llamado comercio de barrio-, parece que la guerra entre las dos entidades está servida. Lo importante es que esta asociación liderada por Salva Vendrell aclare qué es un comercio de proximidad, porque estar cerca de tu casa no significa que un establecimiento glorifique la identidad de un barrio. Como decía el periodista José María García, “el tiempo es ese juez insobornable que quita y da razones”.
Que exista una entidad con la pujanza económica del Gremi de la Restauració de Barcelona capitaneada por Roger Pallarols siempre es una buena noticia. Y la fiesta de Santa Eulàlia es un ejemplo de su fortaleza. El problema radicaría en convertir esa fortaleza en oropel, porque, como ya he dicho, la casa sigue sin barrer. Y uno de los asuntos que hay que solventar es la vulnerabilidad de los clientes catalanohablantes en los comercios barceloneses. Sé que es un tema que crea controversia, pero es fácil de entender con un ejemplo Matrix: imagina que seas un ciudadano de Málaga, de Madrid o de Cáceres y vas a un comercio de tu ciudad y no te entienden, no te quieren entender o no te atienden si no les hablas en inglés. Con un ejemplo así, no sé dónde está la controversia.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.