Entre tanta cadena de bollería industrial y otros locales de comida más rápida que buena de la zona, no es fácil para los turistas separar el grano de la paja cuando llega la hora de tomarse un café, desayunar o comer algo después de visitar o hacerse unas fotos frente al gran templo barcelonés de Gaudí. Ni siquiera lo es para muchos clientes locales que suelen evitar la zona para no tener que acabar en alguno de esos negocios que van a la caza del guiri . Y sin embargo en un radio próximo a la Sagrada Família, ya sea a pocos pasos o caminando como mucho un cuarto de hora, hay una oferta que resulta interesantísima y adecuada para cualquier hora del día; desde el momento de un buen desayuno o del aperitivo, hasta la hora de la comida o la cena; ya sea picando unas tapas, con una buena pizza, degustando algunos de los mejores platos de carne en la ciudad, un arroz de lujo o platos de una taberna con excelente cocina.
Hace casi tres años que abrió frente a la iglesia del Hospital de Sant Pau la Maxime Petit Pâtisserie, el sueño que materializó el pastelero del mismo nombre junto a su pareja Nina Carnaval. Petit nació en Bavans, un pequeño pueblo francés muy cerca de las fronteras con Suiza y Alemania. “En realidad mi primer sueño era ser cocinero, pero después de formarme en mi región y de empezar a trabajar, me atrapó la parte dulce”. Hace 17 años que llegó a Barcelona, donde formó parte del equipo de Paco Pérez en los tiempos del Mirror y después pasó nueve años con Carme Ruscalleda y Raül Balam en la partida dulce del Moments, en el Mandarin Oriental. Hace poco, Balam mostraba en sus redes sociales los deliciosos pasteles individuales que suele comprarle a Petit. Los éclairs es una de sus elaboraciones más demandadas, pero su apuesta por una excelente pastelería de temporada marcada por sus orígenes franceses le ha permitido tener una clientela fiel que le hace encargos (los pasteles para compartir se han de pedir con antelación) que se desplaza desde cualquier punto de la ciudad.
En su obrador, en la planta superior de la pequeña tienda, ultiman los detalles para estrenar una línea de postres convertidos en helados que servirán en copas. Esta acogedora pastelería, en la que los niños son muy bien recibidos, cuida cada detalle y merece una parada en ese breve camino que separa los edificios modernistas de Domènech i Muntaner y de Antoni Gaudí.
Al Bardeni acuden locales y turistas bien informados que llegan a repetir durante su estancia en la ciudad
A apenas unos pasos del templo, se encuentra el pequeño pasaje Simón, donde coinciden, uno frente al otro, Sagrades Tannines y Can Pizza Sagrada Família. En el primero, se puede tomar un aperitivo o algo de picoteo muy sencillo (hay tacos de queso de Maó curado), una copa de vino (en la pizarra aparece anotado lo que hay) o unas cervezas. Los domingos por la mañana hay música en directo de la que disfruta mucha gente de la zona. El lujo consiste en sentirse a salvo de la muchedumbre que visita el barrio. Delante, el Can Pizza Sagrada Família es también un buen refugio para tomarse una pizza de calidad con un poco de calma y en un local muy agradable.
A cuatro minutos andando desde la Sagrada Família no diremos que hay un templo de la carne para no caer en la broma fácil, pero sí podemos afirmar que se encuentra uno de los cocineros que mejor domina este producto en la ciudad, no solo por el conocimiento de la materia prima (que le viene de familia), sino por los puntos de cocción y su manera de tratarla, como pocos. Nos referimos al Bardeni y a la excelente cocina de Dani Lechuga y a la sala que dirige con acierto Lluïsa Corvillo, su socia y pareja. Hasta este acogedor restaurante llegan algunos turistas, pero nunca por casualidad sino porque saben que es de visita obligada. Muchos de esos visitantes suelen repetir, algunos hasta varias veces durante su breve estancia en la ciudad. El resto es clientela local, también bien informada y reincidente.
Muy cerca y también el uno frente al otro, destacan dos restaurantes muy interesantes. El Embat, que en su día abrieron Santi Rebés y Fidel Puig, cocineros que se conocieron trabajando en Espai Sucre y decidieron unirse para hacer su propia cocina. Cuando separaron sus caminos, Rebés se quedó al frente del negocio donde comparte la minúscula cocina con su pareja, Marta Przywarska. Tienen un menú de mediodía excelente por 25 euros, que atrae a mucha clientela fiel y por las noches y los fines de semana se puede elegir entre carta o compartir un menú degustación por 39,50 euros, además de algunas sugerencias del día. Justo enfrente abrió el año pasado Melós, donde el chef del Cruix (Entença, 57), Miquel Pardo, da un salto a la alta cocina y ofrece un interesante menú degustación en el que se adentra en la memoria y el territorio, y donde deja para el último pase de la cocina salada uno de sus suculentos arroces.
Uno frente a otro, Embat, con casi 20 años de recorrido, y Melós, que abrió con éxito el año pasado
También el Teòric Taverna Gastronòmica es de visita obligada para disfrutar de un espacio que este año cumple una década y que Oriol Casals y Teo Rubio han convertido en un referente.
Para un picoteo acompañado de unos buen vino, el Renoi Tapes, en el que cocina Sandra González, es una buena opción sin alejarse de la concurrida Sagrada Família.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.