Estudió un grado medio de hostelería, trabajó siete años en el restaurante Loidi de Martín Berasategui en Barcelona y acabó siendo -seguramente, matiza- la mujer más joven en abrir un restaurante filipino en Barcelona, con 28 años.
Arianne Bahala llegó a la ciudad con 15 años, pero su interés por la cocina viene de antes porque sus tíos, con los que vivía allí, tenían un pequeño negocio. Los años de estudio, recuerda, pronto le hicieron ver que lo suyo era más la sala que la cocina, y tras el cierre de Loidi, en 2019 encontraron el local que buscaban para su proyecto. “Siempre he querido abrir un restaurante filipino, pero muy enfocado a la gente local. Al trabajar y ver un lugar como Loidi pensé que sólo necesitaba un sitio que estuviera bien, presentar la comida de una manera diferente y que la oferta gastronómica sea un poco más equilibrada”, dice Bahala.
El resultado fue Kasarap, delicioso en tagalo. En concreto es como se dice en la zona de donde es originaria, cerca de Manila, porque en otros lugares sería masarap. No hace falta recordar que tras aquel 2019 llegó una pandemia y las restricciones a los restaurantes. También las obras de Concell de Cent que, eso sí, dieron lugar a una maravillosa calle peatonal que ha mejorado mucho, señala la propietaria, la visibilidad de negocios como el suyo.
El rico menú del día que sirven por menos de doce euros es la excusa perfecta para asomarse a la cocina filipina Recetas auténticas
Decorado como una casa filipina, el restaurante es sencillo y acogedor. Cerca de la entrada una zona que homenajea a los sarisari, una suerte de kioskos que se encuentran en cada esquina del país. El rico menú del día que sirven por menos de doce euros en formato de bandeja con diferentes elementos es la excusa perfecta para asomarse a la cocina filipina que, pese a la gran comunidad que reside en Barcelona, aún es una gran desconocida.
Cerdo asado es lo primero en lo que se suele pensar al hablar de cocina filipina, pero hay mucho más. “Intentamos ofrecer las tapas más olvidadas de Filipinas, platos que no ofrecían en otros sitios”, apunta. Aquí entran, por ejemplo, el rollito fresco de verdura con la salsa dulce por encima de ajo y cacahuetes tostados (lumpiang sariwa), o las tortitas de verduras con camarones, los ukoy que “se venden muy bien”. Otro plato que se aleja de la imagen clásica de esta gastronomía y enlaza con propuestas más modernas sería el cebiche de atún con leche de coco. Algunos de estos platos integran el menú degustación, que ofrecen a un precio muy atractivo teniendo en cuenta la zona. “Al principio la clientela era de la comunidad filipina, pero con el tiempo el 70% de los que vienen son de aquí o turistas filipinos de visita en Barcelona y que tras dos días comiendo tapas, quieren comida de su país”.
De que los sabores correspondan con las recetas auténticas se ocupa su madre, “encargada de sazonar los ingredientes”. Y aunque un restaurante filipino no sería el paraíso de un vegano, en Kasarap aseguran cuidar las opciones vegetales más de lo habitual.
Es uno de los cambios que asegura haber notado tras la pandemia, cuando también más jóvenes y mujeres de Filipinas se han animado a abrir pequeños negocios, cafeterías o pastelerías. De hecho, el ube, ese tubérculo de color morado y sabor dulce que está de moda, es de origen filipino. “De la comunidad creo que yo fui la más joven que abrió un negocio, estoy muy contenta de ver que cada vez más se animan a emprender en lugar de estar trabajando para otros”. En su caso, lo de seguir emprendiendo tendrá que esperar un poco porque su hija de dos años ahora es quien marca planes y horarios de ella y de su pareja y socio, que conoció en Loidi y trabaja también en el restaurante. “Cuando empiece a ir al colegio ya veremos dónde nos lleva esto, pero de momento yo creo que vamos bien”.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.