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He oído que no todos los productos etiquetados como kéfir en el supermercado son realmente kéfir. ¿Cómo puedo distinguir el auténtico de otros productos y en qué debo fijarme para elegir uno de buena calidad? (Laura Giralt, lectora)
Estás en lo cierto, recientemente un estudio de la Universitat Rovira i Virgili denunció esta situación, ya que observaron que el 80% de los kéfires de España no incluyen (o al menos no declara) levaduras en su composición.
El hecho de no incluir levaduras entre los microorganismos que forman el kéfir va en contra de su definición, y es que, aunque no tengamos unos requisitos o procedimientos muy descritos de cómo se tendía que fermentar, sí que que tenemos al menos la definición del Codex Alimentarius 243-2003 en el que deja muy claro que el kéfir es un “Cultivo preparado a partir de ciertas bacterias que crecen en una estrecha relación con levaduras, como son las Kluyveromyces o las Saccharomyces”. De modo que, si no hay levaduras no podríamos hablar de un kéfir al uso.
Ahora mismo es complicado identificar un buen kéfir solo con el etiquetado, porque en gran medida va a depender del recuento de microorganismos y la fermentación que haya hecho un fabricante. Si me permites la equiparación, es un poco como lo que pasa con la mención “masa madre”, que para que verdaderamente sea útil y de calidad, depende mucho más de cómo lo haya trabajado el panadero o la fábrica.
Lo poco que podemos hacer ahora es mirar en el etiquetado del producto y seleccionar aquellos productos que pongan en sus ingredientes que contiene no solo bacterias o fermentos, sino de forma específica “levaduras”. Esperemos que muy pronto la normativa europea establezca criterios más claros para proteger tanto al producto, como también a los fabricantes que lo hacen adecuadamente.
¿Hay alguna forma de saber si tengo deficiencia de vitaminas o minerales sin hacerme análisis? (Pedro Luis, lector)
El déficit de una vitamina o mineral se puede expresar de muchísimas formas, y va a depender de qué micronutriente se trate. Además, cuando ya hablamos de una deficiencia, normalmente la solemos asociar a otros signos o síntomas, no todo es mirar una analítica.
Piensa por ejemplo en las deficiencias históricas, como el beriberi, la pelagra, el escorbuto, el bocio, el cretinismo... son deficiencias que observamos con signos y síntomas graves sin necesidad de recurrir a una analítica que nos la confirma. Todos esos ejemplo, obviamente son graves, pero ni siquiera tenemos que llegar a estadíos avanzados, por ejemplo, con una anemia podemos encontrarnos cansados antes de disponer de una analítica que nos lo confirme.
De modo que contestando a tu pregunta, la primera sospecha es si estamos notando algo fuera de lo normal. Si nuestro médico de cabecera sospecha de que podamos tener alguna deficiencia, nos enviará una prueba específica. Esto es muy diferente a hacernos tests o pruebas por nuestra cuenta, que muchas veces estarán orientados a buscar el mínimo resquicio en nuestros resultados para vendernos un producto que seguramente no necesitemos.
También es importante observar si hemos podido tener algún cambio en nuestras vidas que pueda desencadenar un handicap nutricional a largo plazo. Ahí tiene sentido estudiarlo y revisarlo para atajar riesgos de forma preventiva. Por ejemplo, si hemos empezado a hacer mucho más deporte, hemos retirado o pensamos retirar algún grupo de alimentos, o estamos cambiando drásticamente nuestra rutina o nuestra alimentación. Quizás el déficit no está hoy presente, pero puede aparecer en 3 meses con nuestra nueva forma de vida.
En definitiva: sentido común. Si tenemos algún signo o síntoma que no sea normal lo lógico es compartirlo en consulta médica, pero sin necesidad de sobrediagnosticarnos, dado que hay un gran interés para vendernos suplementos que realmente no necesitamos.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.