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¿Cómo podemos evitar que nos repita el pepino? (Lorena Pérez, lectora)
En primer lugar me gustaría aclarar que la indigestión o las pequeñas molestias digestivas que suele dar el pepino a algunas personas dependen mucho de la tolerancia individual, hay personas en las que presenta molestias digestivas, y personas que lo digieren sin ningún problema como si fuese agua. Dicho lo cual, hay algunas técnicas que nos permiten minimizar esos efectos indeseables.
Los componentes que suelen dar estos problemas se encuentran principalmente en la piel, puede parecer obvio porque en nuestra gastronomía tenemos muy integrada la cultura de pelar el pepino, pero no sucede así en otros países de Europa. Esta sería la principal medida de prevención.
El siguiente paso sería reducir o retirar las pepitas que encontramos en el centro del pepino, estas además se hacen más notorias y grandes en pepinos que están un poquito más blandos y maduros. Por lo que se seleccionar aquellos que sean más duros podría ser una buena medida.
Al igual que hacemos con la berenjena, se pueden exudar parte de estos compuestos, por ejemplo, añadiendo sal al pepino y dejándolo escurrir en un colador durante unos 20 minutos. Eso reducirá el amargor y también estás sustancias que dan problemas.
Tampoco podemos olvidar que no todos los pepinos tienen la misma concentración de componentes amargos. El pepino que se suele comercializar en España que es muy rugoso, tiende a ser también más amargo. Es el que se suele utilizar también en el gazpacho y por eso para muchas personas presenta un sabor muy predominante y que se nota mucho en las recetas. Si seleccionamos un pepino tipo holandés, encontramos unos sabores más delicados y también menor concentración de estas sustancias.
Por último, no podemos olvidar que el propio cocinado también es muy efectivo, aquí no solemos cocinar el pepino, pero sí se suele hacer en otras culturas. Si lo pensamos bien, es un producto muy parecido al calabacín, hortaliza que sí, que tenemos muchas más costumbre de preparar en caliente.
¿Debemos vigilar con el agua con gas?, ¿hay alguna cantidad recomendada o contraindicación? (Raul Santos, lector)
En principio el agua con gas podría ser una alternativa de consumo recurrente salvo que tengamos que hacer vigilancia de las siguientes cuestiones:
1) Problemas digestivos. La incorporación de manera recurrente del gas puede dificultar las digestiones o estar contraindicada en ciertos momentos laborales o profesiones. Todo dependerá del momento que queramos afrontar después de la comida. Es algo a tener en consideración también en entrenamientos y en nutrición deportiva. Usemos el sentido común y no bebamos productos gaseosos sí después vamos a realizar una actividad donde no queremos sentirnos más pesados o donde esos gases puedan ser poco convenientes.
2) Control de sal y minerales. En algunos casos donde haya que hacer dietas de control de minerales, especialmente el sodio, el agua con gas no es tan buena opción como el agua convencional. Muchas aguas con gas tienden a tener un mayor contenido de sales, por lo que no serían tan beneficiosas.
3) Desplazamiento del agua convencional. Aunque el agua con gas, sea un fantástico recurso para darnos esa sensación recreativa de las burbujas y ayudarnos a reducir el consumo de bebidas alcohólicas y refrescos, es importante tener en cuenta que no debería desplazar completamente al agua natural de forma crónica y mantenida. Una cosa es recurrir a ella en algún momento a diario, y otra cosa es que se convierta en la única fuente de hidratación.
De nuevo, sentido común

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.