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¿Es el momento de cambiar las comidas calientes (guisos) por platos más frescos (ensaladas, batidos)? ¿Cómo hacerlo sin perder nutrientes?
La entrada del verano o de meses más calurosos no debería preocuparnos específicamente con el tema de perder nutrientes, al menos con los más prioritarios a nivel de salud pública. Precisamente esta preocupación suele suceder al revés, cuando estamos entrando en meses más fríos y tendemos a cambiar a recetas calientes.
El motivo es que el tratamiento térmico de los alimentos destruye las vitaminas que son termolábiles, aquellas más sensibles al calor. Esto es especialmente importante con la vitamina C, ya que al reducir el consumo de vegetales en crudo se compromete su ingesta. Por este mismo motivo, durante el otoño y el invierno seguimos recomendando a la gente que al menos mantenga con regularidad el consumo de vegetales en crudo.
Ahora que se acerca el verano la situación es más propicia para que consumamos más productos frescos, sobre todo con los grupos de alimentos que más nos preocupan que son las frutas y las verduras: es una época en la que hay más sopas frías, más gazpachos, más ensaladas, y también apetece tomar otras frutas frescas en recetas como smoothies, batidos o helados caseros.
En definitiva, la llegada del verano no implica una preocupación por la pérdida de nutrientes, sino una fantástica oportunidad de incluir más vegetales frescos, aprovechando su capacidad de hidratación y refrescante.
¿Si tengo patatas que han hecho brotes puedo comerlas?
Sí, siempre y cuando esos brotes los retiremos y también evitemos consumir partes de la patata que puedan estar afectadas por su crecimiento, o que tengan coloraciones excesivamente verdosas, ya que estos trozos contienen alcaloides, un compuesto poco deseable.
Es de sentido común, pero la mejor recomendación que podríamos dar es la de conservar las patatas adecuadamente para que no generen esos crecimientos, para ello, lo mejor es conservarlas en lugares oscuros, secos y fríos.
Otra precaución que tenemos que tener con las patatas más viejas y algo “pasadas” es que parte de su almidón se ha transformado a azúcares más libres, esto propicia que si le hacemos preparaciones a altas temperaturas con aceite, como pueden ser las frituras con inmersión, estemos generando más cantidad de acrilamida, una sustancia tóxica que aparece cuando las patatas se vuelven marrones con su fritura.
La recomendación general es siempre que sea posible patatas frescas, y si estamos usando patatas más viejas de nuestra cocina. Mejor seleccionar técnicas de cocción como el microondas, el guiso o la patata cocida.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.