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Cultura Memorias de la escuela bolera

'La danza de las desposeídas': el arte de invocar al pasado para bailar con él en el presente

Un grupo de bailarinas y creadoras, de la mano de Carmela Muñoz, buscan exprimir el conocimiento y la pulsión de la escuela bolera para investigar el prestigioso y a su vez escondido arte del baile

'La danza de las desposeídas': el arte de invocar al pasado para bailar con él en el presente
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Actualizado hace 34 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Basta un olor, un sabor, un gesto mínimo para que lo olvidado regrese y se haga presente.
  • 02En Úbeda, esta semana, la memoria no se enciende con el gusto de un dulce —como ocurrió con la magdalena de Proust—, sino con el sonido de unas castañuelas, la curva de un brazo y el eco de la danza bolera.
  • 03Hace más de tres siglos, nacida en Andalucía, la escuela bolera alcanzó el prestigio de la Ópera de Viena, el Covent Garden, la de Berlín o la de París.
  • 04Las estrellas, las mejores bailarinas eran entonces bailarinas boleras; mujeres que con virtuosismo académico elevaron lo popular a un lenguaje universal.

Basta un olor, un sabor, un gesto mínimo para que lo olvidado regrese y se haga presente. En Úbeda, esta semana, la memoria no se enciende con el gusto de un dulce —como ocurrió con la magdalena de Proust—, sino con el sonido de unas castañuelas, la curva de un brazo y el eco de la danza bolera.

Hace más de tres siglos, nacida en Andalucía, la escuela bolera alcanzó el prestigio de la Ópera de Viena, el Covent Garden, la de Berlín o la de París. Las estrellas, las mejores bailarinas eran entonces bailarinas boleras; mujeres que con virtuosismo académico elevaron lo popular a un lenguaje universal.

Y sin embargo, pese a su esplendor, hoy la escuela bolera apenas nos convoca imágenes claras. Su rastro se percibe más en archivos y libros que en salas de ensayo, mientras que tradiciones como la Bournonville en Dinamarca o la Vagánova en Rusia han sabido conservarse como patrimonio vivo.

Es aquí donde entra en escena la bailarina e investigadora Carmela Muñoz, que esta semana ha decidido invocar a las “desposeídas”: esas memorias de la danza bolera que esperan todavía un cuerpo que las vuelva a encender. Y el lugar elegido no podía ser más simbólico: la iglesia de San Lorenzo de Úbeda, un templo del siglo XIII convertido en centro cultural gracias a la Fundación Huerta de San Antonio.

El proyecto lleva por título “La danza de las desposeídas” y se abre al público este sábado. No es un espectáculo al uso, sino una residencia en la que una docena de bailarinas y creadores se sumergen en un laboratorio de memoria. La idea, explica Muñoz, es “sentar a la tradición y al presente en la misma mesa para que se cuenten sus problemas y, sin saber quién da el primer paso, se pongan a bailar”.

Carmela lleva trabajando desde 2019 con danzas histéricas y de invocación y, si en buena parte se ha nutrido de la danza experimental argentina de los sesenta, las bailaoras flamencas de los ochenta y la danza posmoderna norteamericana, hay una figura que destaca entre todas las referentes que tiene el nombre de Carmencita Dauset: la primera mujer en la historia en ponerse frente a un cinematógrafo, y cuya fama en Estados Unidos a finales del XIX da cuenta de la potencia universal de la bolera. Su sombra, junto a la de tantas bailarinas olvidadas, es invocada entre los muros de San Lorenzo como un gesto de resistencia y deseo: que la bolera deje de ser un objeto de vitrina y vuelva a habitar el cuerpo vivo de hoy.

En el fondo, lo que sucede esta semana en la iglesia de San Lorenzo no es solo un ensayo artístico, sino un ritual de invocación: traer de vuelta a las boleras olvidadas, dejar que la memoria encuentre un cuerpo, y que los muros de una iglesia, testigos de rezos y silencios, aprendan también un compás nuevo. 

Como la magdalena mojada en té que devolvió a Proust la infancia, aquí un compás de bolera convoca siglos de cuerpos y memorias olvidadas. Y tal vez, cuando alguien regrese a estas paredes, descubra que las piedras todavía repiten, bajito, el eco de una danza que se resiste a morir.

Nico Escorcia
Nico Escorcia
Cultura

Nico Escorcia trabaja en el departamento de video de La Vanguardia desde 2019. Especializado en entrevistas y reportajes

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.