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Cultura Crítica de pop / rock /psicodelia / electrónica

Tame Impala (★★★★✩): deslumbrante

La banda australiana ofreció un rotundo espectáculo de sonido y luz que contribuyó a engrandecer un repertorio no exento de altibajos

Tame Impala (★★★★✩): deslumbrante
Juego de luces en el concierto de Tame Impala en el Palau Sant JordiChristian Bertrand
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Actualizado hace 118 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01Tame Impala ★★★★✩ Lugar y fecha: Palau Sant Jordi (8/IV/2026) El grupo australiano Tame Impala vino a presentar su quinto álbum, Deadbeat.
  • 02Aunque quizás sería más adecuado decir que Kevin Parker –cantante, guitarrista, compositor y líder absoluto– y su grupo aterrizaron en Montjuïc para ofrecer un rotundo espectáculo de sonido y luz que contribuyó a engrandecer un repertorio no exento de altibajos.
  • 03Ni la sofisticada puesta en escena logra disimular que el nuevo disco ha supuesto un bajón creativo en su carrera, pero los temas recientes, insertados entre los clásicos, disimulan las carencias y más servidos con tamaño despliegue audiovisual.
  • 04Los seis músicos están situados en una plataforma circular, iluminada con barras y circulos de focos que suben, bajan y se inclinan y potentes rayos láser en constante cambio cromático, todo ello en un alarde de ingeniería sincronizado con la música que deja al respetable boquiabierto desde la inicial Apocalypse dreams.

Tame Impala ★★★★✩

Lugar y fecha: Palau Sant Jordi (8/IV/2026)

El grupo australiano Tame Impala vino a presentar su quinto álbum, Deadbeat. Aunque quizás sería más adecuado decir que Kevin Parker –cantante, guitarrista, compositor y líder absoluto– y su grupo aterrizaron en Montjuïc para ofrecer un rotundo espectáculo de sonido y luz que contribuyó a engrandecer un repertorio no exento de altibajos. Ni la sofisticada puesta en escena logra disimular que el nuevo disco ha supuesto un bajón creativo en su carrera, pero los temas recientes, insertados entre los clásicos, disimulan las carencias y más servidos con tamaño despliegue audiovisual. Los seis músicos están situados en una plataforma circular, iluminada con barras y circulos de focos que suben, bajan y se inclinan y potentes rayos láser en constante cambio cromático, todo ello en un alarde de ingeniería sincronizado con la música que deja al respetable boquiabierto desde la inicial Apocalypse dreams. Un título muy adecuado para ilustrar un espectáculo que supera las dos horas.

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La música de Tame Impala sigue conservando las características lisérgicas iniciales pero con el tiempo se ha ido volviendo cada vez más electrónica, hasta lograr que por momentos esté más cerca de una rave que de un concierto de rock al uso. Y en medio de ambos polos, como perfecta ancla de las canciones, está la emotiva voz de un Kevin Parker que la modula a placer, recurriendo con naturalidad a falsetes y tonos agudos para lograr rotundos temas, como el sedoso y funk Borderline que no tiene nada que envidiar a las canciones que Daft Punk hicieron con Pharell Williams. Los determinantes falsetes también van como anillo al dedo a los momentos de psicodelia blanda como Loser.

Los puntos culminantes del primer segmento del concierto fueron la glam Elephant, el único momento hard-rock cien por cien guitarrero, y sobre todo Feels like we only go backwards, rescatada del álbum Lonerism, una maravilla melódica que nos hizo flipar en colores, literalmente. Tras eso la nueva y sintética Dracula sonó, por decirlo suavemente, meliflua.

El prescindible interludio, con parada en el baño incluida mostrada por la cámara, evidenció un exceso de ego de Parker, tumbado en la alfombra de un pequeño escenario central, decorado con lámparas a lo salón casero, para demostrar que también sabe hacer de DJ. Fue una debilidad perdonable antes de una segunda tanda de canciones con el primer clímax proporcionado por la psicodelia total de Let it happen, con autotune, rayos láser y lluvia de confeti. Ante esto la nueva Osbolete poco pudo hacer. Pero hasta lo menos eficaz llega a brillar con su soberbia voz, que en la calmada Yes I’m changing mostraría la influencia de The Flaming Lips. Además sabe hacer canciones, como Eventually o New person, same old mistakes, que suenan grandiosas y a la vez íntimas, en un gran final otra vez envuelto en confeti. Faltaba rematar la faena con un suculento bis en el que no podía faltar The less I know the better –supera los dos billones de audiciones en Spotify–, antes de culminar con el trance de End of summer y su deslumbrante colorido.

Ramon Súrio
Ramon Súrio
Cultura

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
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ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.