Icono y referente en su momento de la escena new wave (abrió su senda discográfica en 1979 con el indispensable Look sharp!), el británico da vida a su álbum número 22. Un buen momento para comprobar su inquietud estilística a lo largo de los años, permaneciendo relativamente poco tiempo fiel a una sonoridad especifica, convirtiendo por otra parte esa inquietud en uno de sus principales atractivos. Ahora, el compositor, cantante y multiinstrumentista ha armado un disco que de buenas a primeras trae, al menos parcialmente, a la mente y al paladar aquellas atmósferas enraizadas en un elegante pop jazzy de álbumes de hace unos decenios como Night and day o Body and soul.
En esta relativa mirada atrás, Hope and fury contiene en su interior algunas magníficas pruebas que así lo atestiguan, como I’m not sorry o Fabulous people, que navegan en un reconfortante océano –que el propio Jackson reconoce– de latin jazz, rock y funk. Es decir, las texturas que identifican su intransferible pop de corriente principal, esa materia prima que le distinguen desde hace años como ilustre camaleón musical. Grabado entre Berlín y Nueva York y arropado por su habitual trío instrumental (amén del percusionista peruano Paulo Stagnaro), las nuevas canciones del álbum proponen un viaje musical reconfortante y variado, ya que incluye desde sus características descargas pop de tono ingenioso-mordaz (End of the pier) a baladas que pueden llegar a conmover (See you in September).
Stephen O’Malley y Greg Anderson siguen en la brecha 30 años después con un sonido drone-metalero inconfundible y más inmersivo que nunca. Sin colaboraciones y una instrumentación fiel al canon de guitarras distorsionadas y sus correspondientes avalanchas de feedbacks como en Does anyone hear like venom?, el dúo propone un genuino y atronador viaje.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.