Los Borja, Borgia en la versión italiana más difundida, son sin lugar a duda la más universal de las familias valencianas y uno de los linajes que mayor impronta han dejado en la historia europea, en tanto su huella en el imaginario occidental es todavía activa, si atendemos a su difusión en la cultura mediática actual. Veamos. La Maestranza de Caballería de Valencia presenta, anualmente, una serie de conferencias públicas centrada en la cultura e historia valencianas, que en este curso se detiene por vez primera en la familia Borja. Una secuencia de aproximaciones críticas impartida por señalados especialistas que recuperan la estirpe noble valenciana –Miguel Navarro, Mariano Carbonell y la investigadora vaticana Isabel Barceló, autora de Lucrecia Borgia– en un mundo de creencias, evidencias y quimeras fascinantes, en negros o dorados años según el punto de vista del lector.
Desde sus discretos orígenes urbanos y agrarios en Xàtiva, se encumbraron, no por ensalmo, a las altas cimas del poder espiritual, e incluso material –el papado, Calixto III y Alejandro VI son ascendientes diáfanos–, desde donde intentaron y lograron a través de sus descendientes directos, alcanzar asimismo el poder temporal entroncando con poderosas familias de la época, con las estridencias cromáticas que ha impuesto la narrativa histórica. Empresa quimérica que terminará en leyenda y perdura todavía hoy.
El curso de la Maestranza de Caballería de Valencia se detiene por primera en esta familia universal
La sorprendente fortuna social e intelectual de los Borja despertó pronto entre sus contemporáneos encontradas reacciones, que oscilan entre la admiración y la alabanza a la voluntad declarada de venganza manifiesta. En fecha temprana superaron curiosamente, el campo de la historia para entrar en el de la leyenda, e inspiraron la tradición, la fábula y la epopeya, incluso dando origen al mito de los Borja, una síntesis de vivencias y evidencias históricas que señalan este linaje como la realización temporal de todos los males y excesos de toda una época negra de la Roma papal, que sin embargo marcó con fuerza imperecedera la escena histórica no solo europea.
Este maleficio, que entendía, transcendía e incluso explicaba pormenorizadamente la crónica familiar Boria, solo pudo quebrarse a lo largo del tiempo a través de una investigación rigurosa y la crítica histórica, que deslinda limpiamente la realidad de la ficción. La indagación científica con el rigor, las normas y criterios de la historiografía contemporánea consiguen situar a esta saga familiar en el contexto centenario que corresponde y permite valorar a sus personajes señeros, obras y actuaciones con académica ecuanimidad. Esta es, precisamente, la finalidad del ciclo de conferencias que propone el curso del presente año. Ahondar en el estudio de la evolución de la sociedad valenciana en el umbral de un tiempo nuevo, pero sin forzar los hechos, trazando nítidamente la ruta segura y acertada de la posmodernidad temprana.
Acaso procede resaltar algunos momentos decisivos. Exaltados por Maquiavelo que se inspiró en César Borja para escribir El príncipe, tras un dilatado período de intransigencia historiográfica, la patricia familia valenciana retorna al relato histórico por su brillante protagonismo en el escenario artístico del Renacimiento. La estirpe familiar impuso sus maneras e idioma propio –el valenciano culto– en la Ciudad Eterna, quizás en el período más deslumbrante de su presencia real en la historia, que hoy las exigencias crecientes de la investigación devuelven a los Borja a lo que siempre fueron, con empeño y compromiso: ciudadanos audaces de un tiempo sin parangón que habían de definir con su vigor y saber hacer la arriesgada cultura social e intelectual de su época, clave sin discusión para entender sin polémica nuestro brumoso presente. Ya posthistórico, por supuesto, como demuestra dolorosamente las vivencias que nos informan día tras día, saturadas de belicosos enfrentamientos al parecer imparables e indefendibles.
Como ha descrito una notable investigadora de los archivos vaticanos, se recupera una antigua semblanza, curiosamente contemporánea en tono y contenido, de Lucrecia Borja a través de la mirada contemporánea del humanista Aldo Manuccio en 1513: “Vuestro principal deseo es complacer a Dios y ser útil a vuestros vecinos, pero también a las generaciones por llegar, a fin de que desaparecida de esta vida mortal podáis ofrecer las obras que prueban que no habéis vivido en vano”.
Óptimo perfil extensible, por cierto, a la entera progenie Borja, a mi manera de ver, que nos sirve para calificar y peraltar con mirada actual a la singular historia valenciana en un tiempo ido. Soberana lección de “vivir en el mundo con los ojos abiertos”. Una virtud sobre el tiempo, acaso, cada día menos ilusa y más apurada.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.