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Miquel Molina
Director adjunto

Flamenco con denominación de origen Barcelona

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Actualizado hace 28 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01A algunas personas no les ha parecido bien que el  New York Times  aconsejara vivamente visitar un tablao en su artículo  36 horas en Barcelona , publicado hace una semana.
  • 02Es así porque consideran desafortunado narrar la capital catalana a partir de manifestaciones culturales que no ven como propias.
  • 03Vuelve, así, el debate sobre la denominación de origen de las raíces.
  • 04El mismo que suscitaba Rosalía por ser demasiado catalana para el flamenquismo y demasiado flamenca para la catalanidad.

A algunas personas no les ha parecido bien que el New York Times aconsejara vivamente visitar un tablao en su artículo 36 horas en Barcelona , publicado hace una semana. Es así porque consideran desafortunado narrar la capital catalana a partir de manifestaciones culturales que no ven como propias. Vuelve, así, el debate sobre la denominación de origen de las raíces. El mismo que suscitaba Rosalía por ser demasiado catalana para el flamenquismo y demasiado flamenca para la catalanidad.

La reedición de la polémica coincide con la publicación de un estimulante ensayo que apunta al fondo del problema: La Catalunya flamenca (Pòrtic), del escritor y periodista Rafael Vallbona. De hecho, basta con leer el título para conocer lo que piensa el autor, pero la solvencia con que sustenta la tesis de que el flamenco es una música propia debería servir para que los más reticentes revisaran sus argumentos.

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Vallbona subraya un condicionante político: que el franquismo proclamara el nacional-flamenquismo como emblema de la españolidad hizo que los perdedores de la Guerra Civil asociaran el flamenco a la falta de libertades y a la represión cultural. De algún modo, por culpa de esa apropiación indebida, el flamenco fue tan víctima de la Dictadura como lo fueron las manifestaciones culturales proscritas por sus sicarios. 

Hubo que esperar a la generación de los 60 para ver un cambio de sensibilidad hacia el flamenco. La aparición de genios insobornables como Camarón de la Isla, Lole y Manuel o Paco de Lucía, que desbordaron las fronteras del género, ayudaron a cambiar esa percepción de música del régimen.

El libro de Vallbona se apoya en expertos como el fundador del Taller de Músics, Lluís Cabrera, o la doctora en Historia de la Música Montse Madridejos. Recuerda, para empezar, que la primera manifestación flamenca documentada en Catalunya se remonta a 1827: el estreno de la obra La Gitanilla en el que ahora es el Teatre Principal. El año que viene se debería celebrar por todo lo alto el bicentenario. Un dato: hubo que esperar hasta 1841 para asistir al debut del género en Madrid.

La gitana catalana Carmen Amaya, que llevó su arte del Somorrostro a Hollywood 
La gitana catalana Carmen Amaya, que llevó su arte del Somorrostro a Hollywood LV

El flamenco, según el autor, fue promovido por la República como una expresión de libertad en los años 30 mientras despertaba reticencias entre los sectores más conservadores, católicos y, en Catalunya, los nacionalistas. Nos habla de que, en 1848, Merimée escuchó en Barcelona flamenco cantado en catalán o romaní, un siglo y medio antes del Desglaç del badalonés Miguel Poveda. 

Y pone el acento en las aportaciones al género de otros catalanes y catalanas como Carmen Amaya, la Chunga, la Singla, la Chana, el Pescaílla, Peret, Ginesa Ortega, Mayte Martín, Duquende, Queralt la Hoz, Sílvia Pérez Cruz o la propia Rosalía.

Casos muy relevantes son los de Joan Albert Amargós y Carles Benavent (el hombre que tocó con Miles Davis), músicos descomunales que enlazaron el flamenco con una corriente tan inequívocamente catalana como era la música laietana.

El hecho de que en sus largas carreras hayan contribuido a la innovación del género da pie a una sugerente conclusión, formulada en el libro por Lluís Cabrera: en Sevilla, el peso de la tradición no alienta precisamente la modernización del flamenco (como sufrió en sus carnes Camarón); en Madrid, pesa más la vocación comercial y, en Barcelona, gracias a ese sustrato de mestizaje, la innovación surge de manera natural. El mismo Taller, nacido para acercar el jazz al flamenco y viceversa, ha sido y es un laboratorio musical.

Peñas y tablaos son otro hilo conductor del flamenco catalán, aunque, como muchos restaurantes, bares o coctelerías de Barcelona necesiten de los turistas para subsistir (es sabido que barceloneses no frecuentamos la noche entre semana). 

¿Son los tablaos sitios turísticos? Pues sí y no: los frecuentan sobre todo los turistas, pero buena parte de ellos programan actuaciones dignas del más exigente de los aficionados locales. Uno de ellos, el Cordobés, de la Rambla, fue reconocido el año pasado como el mejor del mundo.  Por cierto, para cerrar el círculo: el efecto Rosalía les ha hecho ganar público. La gente quiere conocer los tablaos que frecuentó la artista, como explicaron recientemente los responsables del Tablao de la Carmen.

Miquel Molina
Miquel Molina
Director adjunto

Director adjunto de La Vanguardia. Escribe cada semana un artículo de opinión sobre cultura y ciudades. Novelista. Último libro: 'Siete días en la Riviera'

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.