Tengo una amiga que el pasado fin de semana volvió al barrio de Horta. Nació en la clínica La Previsión Ferroviaria de la calle Campoamor, donde también abrió los ojos al mundo el prohombre Manuel Valls, hijo del artista Xavier Valls. El abuelo de mi amiga era ferroviario, vivía en la Sagrera, en una casa que acaban de derribar por las obras de la nueva estación, y cuando la familia precisaba atenciones médicas acudía a La Previsión Ferroviaria, que hoy en día, de la manera que funcionan los trenes, es un nombre que da risa.
El miércoles de la pasada semana tenía que bajar a Barcelona, con parada en Cardedeu para visitar a Nan Mercader, uno de los pioneros de la salsa en Barcelona, discípulo de Pedrito Díaz, el percusionista cubano que tuvo un gran protagonismo a finales de los setenta. Nan fue discjockey de la discoteca Bikini de la Diagonal. Andaba yo distraído, me monté en un tren que no paraba en Cardedeu, bajé en Granollers con la idea de volver para atrás: iba con tiempo y era factible. Pero -¡ay!- habían robado el cobre de la línea y no pasaba ningún tren en dirección a Portbou: en dirección a Barcelona muchos, debían estar todos amontonados de Cardedeu para arriba. Nan me vino a buscar en coche y tuvimos una entrevista muy interesante. Cuando, dos horas después, llegué a la estación, para seguir hacia Barcelona, no pasaban trenes en ninguna de las dos direcciones. Entonces pasó una cosa simpática. La chica o señora que estaba en la taquilla, tomó el micrófono y dijo en el pus bell catalanesc del mon : “Han dit que el tren en direcció Sant Celoni passarà d’aquí a sis minuts: a veure si és veritat.”
“Han dit que el tren en direcció Sant Celoni passarà d’aquí a sis minuts: a veure si és veritat”
Fue un momento mágico porque en nombre de la apariencia de eficacia y tecnificación, ya nadie toma el micrófono y dice las cosas por su nombre. Se utilizan fórmulas burocráticas enrevesadas y a menudo las expulsa una máquina, que no debe ser de IA, porque en la línea de mis desvelos, a Sant Andreu le dice Sant Andrew. Hace años que lo dice y la gente se queda tan pancha. Si alguien ha protestado, no lo han cambiado. Cuando alguien toma el micrófono, no utiliza el bell catalanesc , y a veces se pierde en unos giros tan complicados que no se entiende ni papa. La bromita del “a veure si és veritat” estableció una corriente de simpatía entre las víctimas que casi llega a Adif.
El tren tardó más de seis minutos, claro, y la chica o señora volvió a intervenir para anunciar el retraso del convoy que debía pasar por la otra vía. Durante un buen rato pasaban solo en dirección a Sant Celoni: debían estar todos apelotonados de Cardedeu para abajo. Me pasé dos horas en la estación y tuve que anular varias reuniones. Pensé que, dentro de la imprevisión de las cosas, la vida sería más agradable si un señor o una señora nos dijeran que narices pasa y no lo dejaran en manos de máquinas bobas.

Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.