¿Qué ocurre cuando un niño aparentemente feliz empieza a despertar preguntas incómodas en los adultos que le rodean? Sobre esa intuición —tan sencilla como perturbadora— se construye Un hijo, la adaptación cinematográfica de la celebrada novela homónima de Alejandro Palomas que llega este 15 de mayo a los cines.
La película sigue a María, una psicóloga escolar que comienza a sospechar que detrás de la sonrisa y los dibujos de Guille, un niño de ocho años recién llegado al colegio, se esconde una realidad mucho más compleja de lo que parece. A medida que intenta acercarse a él, también deberá enfrentarse a la resistencia de Manuel, el padre del niño, un hombre hermético que cree estar haciendo lo mejor para proteger a su hijo.
Protagonizada por Macarena García, Hugo Silva e Ian Cortegoso, Un hijo combina drama íntimo y suspense emocional para hablar de infancia, vulnerabilidad y de la dificultad de los adultos para interpretar el dolor infantil. La película supone además el debut en la ficción de Nacho La Casa, hasta ahora conocido sobre todo por su trabajo en televisión y por la cinta de animación Ozzy, nominada a dos premios Goya y distribuida internacionalmente por Disney.
“Cuando leí la novela, pensé que me iba a encontrar una historia dirigida al público infantil, pero lo que descubrí fue algo que me interpelaba directamente como adulto”, explica el director a La Vanguardia. “Me removió profundamente por circunstancias personales relacionadas con mi infancia. Ese niño que todos llevamos dentro y que muchas veces queda enterrado… historias así te recuerdan que sigue muy vivo”.
Escuchar a los niños
Aunque Un hijo se mueve durante buena parte de su metraje entre el misterio y el thriller emocional, el corazón de la película está en otro lugar: en la incapacidad de los adultos para escuchar y comprender a los niños.
“Muchas veces miramos la infancia como si hubiéramos olvidado que nosotros también fuimos niños”, reflexiona La Casa. “Cuando eres pequeño intentas resolver los problemas desde la imaginación, desde la magia. Y hay un instinto de supervivencia muy fuerte. Guille, en el fondo, intenta salvar lo poco que siente que aún permanece intacto en su mundo”.
La película encuentra precisamente en la imaginación uno de sus grandes refugios simbólicos. Sobre toda la historia planea el personaje de Mary Poppins, la niñera mágica, convertida aquí en una especie de faro emocional para el protagonista. “La gran motivación de Guille es llegar a la función de Navidad y pronunciar esa palabra mágica, 'Supercalifragilisticoespialidoso’, convencido de que así todo podrá arreglarse”, explica el director. “Para los niños, la imaginación puede ser una herramienta de supervivencia emocional muy poderosa”.
Una psicóloga frente al silencio
Uno de los grandes aciertos de Un hijo es situar el relato desde el punto de vista de María, la psicóloga escolar interpretada por Macarena García. Lejos de construir una figura heroica, la película muestra a una profesional precaria, agotada por las suplencias y cuestionada dentro del propio sistema educativo.
“Una de las cosas que reivindica la película es precisamente la figura de los orientadores y psicólogos escolares”, señala La Casa. “Hacen una labor absolutamente esencial y, sin embargo, muchas veces se sienten menospreciados o apartados”.
Durante el proceso de documentación, el director y el equipo hablaron con numerosos orientadores escolares para entender hasta qué punto estos profesionales sienten que no forman realmente parte de la comunidad educativa. “María está atravesando un momento de fragilidad personal y profesional, y es precisamente Guillermo quien le devuelve la conexión con su vocación”, explica.
El padre que cree estar haciendo lo correcto
Frente a ella aparece Manuel, el personaje interpretado por Hugo Silva, probablemente la figura más ambigua de toda la película. Un padre emocionalmente bloqueado, incapaz de gestionar el dolor y convencido de que proteger también implica ocultar.
“Lo trabajé mucho con la ayuda de un psicólogo”, cuenta el director. “Estamos ante alguien emocionalmente torpe, un hombre que ha enterrado a ese niño interior bajo muchas capas. Su intención es evitar que su hijo sufra lo mismo que él sufrió, pero adopta una estrategia equivocada”.
Esa ambigüedad es precisamente la que sostiene gran parte de la tensión dramática del filme. El espectador duda constantemente de Manuel, pero también puede reconocerse en él. “A veces creemos sinceramente que estamos haciendo lo correcto y aun así nos equivocamos”, resume La Casa.
El descubrimiento de Ian Cortegoso
Uno de los mayores retos de la película era encontrar a Guille. El elegido fue el debutante Ian Cortegoso, que sostiene buena parte del peso emocional del filme con una interpretación sorprendentemente contenida.
“Honestamente, fue menos difícil de lo que imaginaba”, reconoce el director sobre el trabajo con el niño actor. “Ian es tremendamente intuitivo. Había cosas de la historia que ni siquiera entendía del todo, pero trabajamos desde el juego, desde la confianza y desde una conexión muy especial que surgió ya en el casting”.
El resultado es una interpretación basada más en las miradas y los silencios que en las palabras. “Tiene una mirada muy poderosa y muchísimo talento”, dice La Casa. “Terminamos siendo casi una familia”.
“Una película en la que se llora… pero se llora a gusto”
Tras su paso por festivales como el Cairo International Film Festival, el Festival de Málaga y el BCN Film Fest, Un hijo llega ahora a las salas con la voluntad de emocionar sin caer en el melodrama. Algo que, según su director, era esencial desde el principio.
“No quería esquivar los temas difíciles, pero tampoco hacer una película desesperanzada”, afirma. “Me gustaría que la gente saliera del cine emocionalmente removida, que sintiera algo profundo y necesitara compartirlo”.
La Casa asegura que algunos espectadores ya le han confesado que la película les ha ayudado incluso a sanar heridas personales relacionadas con la infancia. “Y eso me parece muy hermoso”, admite.
Quizá por eso Un hijo termina golpeando menos desde el impacto que desde el reconocimiento íntimo. Desde esa sensación incómoda de entender, demasiado tarde, que a veces los niños sí hablan. Solo que los adultos hemos olvidado cómo escucharles.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.