El cine de Viktor Kossakovsky (San Petersburgo, 1961), obliga a detenerse. En un momento dominado por el consumo compulsivo de imágenes, por el scroll infinito y la aceleración constante de la atención, sus películas proponen exactamente lo contrario: mirar detenidamente, observar, escuchar, sentir. El director ruso presenta en DocsBarcelona su nueva película, Trillion, una obra inspirada en el mito de Sísifo que continúa la exploración ética y sensorial iniciada en Gunda (2020). Durante la entrevista con La Vanguardia habló de la violencia, de la relación entre estética y ética, de los animales, de la guerra y de la necesidad urgente de replantearnos el lugar que ocupamos en el planeta.
“Todo el cine que hemos hecho hasta ahora era una preparación”
Para Kossakovsky, el momento actual supone una transformación profunda del lenguaje cinematográfico. “Hoy todo el mundo puede hacer imágenes y compartirlas. Pero hacer una película es otra cosa”, afirma. Cree que el cine está atravesando un momento similar al nacimiento de la escritura moderna. Ahora que millones de personas producen y comparten imágenes constantemente, considera que el verdadero gran cine todavía está por llegar. “Todo lo que hemos hecho durante estos 130 años era solo una preparación para el verdadero cine”.
“Intento dar al espectador la oportunidad de descubrir algo por sí mismo”.
Kossakovsky observa con preocupación la velocidad de las imágenes contemporáneas. Según recuerda, las películas más comerciales tienen hoy una duración media de plano de apenas dos segundos. “Cada dos segundos hay un corte. En ese sistema, el director te guía constantemente y te dice qué tienes que pensar”. Frente a ese modelo, Kossakovsky reivindica un cine donde el espectador conserve libertad para mirar y sentir. “En mis películas intento dar al espectador la oportunidad de descubrir algo por sí mismo”.
“El documental es el arte más complejo porque mezcla constantemente estética y ética”
No le interesa explicar el mundo, sino revelar aquello que normalmente no vemos. “Quiero mostrarte lo que tienes delante cada día y aun así no ves”. Ahí sitúa el poder del documental. “La ficción suele estar guiada por una idea previa. El documental permite descubrir algo inesperado dentro de la vida real”.
Para el director ruso, el documental es el arte más complejo porque mezcla constantemente estética y ética. “Cada decisión visual es también una decisión moral”, explica. De ahí surge una de las frases más contundentes de la conversación: “La cámara es como un Kaláshnikov. La cuestión es cómo la utilizas”.
“Nos sorprendemos cuando hay una guerra, pero matar forma parte de nuestra rutina”
Uno de los ejes de Trillion es precisamente la violencia estructural con la que convivimos. Kossakovsky cuestiona la idea clásica de humanismo y relaciona la guerra con la normalización cotidiana de la muerte animal. “Nos sorprendemos cuando hay una guerra, pero matar forma parte de nuestra rutina”, dice. “Matamos miles de millones de animales cada año y lo consideramos normal”.
El cineasta también se refirió a la guerra de Ucrania y expresó su deseo de que “la agresión rusa termine pronto” y que “los responsables sean castigados”. Pero insiste en que la violencia no es una excepción aislada. “La agresividad forma parte de nuestra naturaleza y puede reaparecer en cualquier lugar”.
La mujer que devuelve escamas al mar
La imagen central de Trillion nace de una mujer anónima que recoge escamas de pescado desechadas por una fábrica cercana a Hamburgo para devolverlas al mar como acto simbólico de reparación. Para Kossakovsky, ese gesto transforma completamente el sentido tradicional del mito de Sísifo.
“Sísifo suele interpretarse como una metáfora de una vida absurda y sin sentido. Pero Trillion habla exactamente de lo contrario: de una vida con sentido”.
La mujer rechazó aparecer identificada en la película e incluso prohibió mostrar su rostro. “Es probablemente la mejor persona que he conocido”, afirma. “Su existencia me da esperanza. Me hace pensar que otra relación con la naturaleza todavía es posible”.
Kossakovsky continúa una trayectoria obsesionada con la fragilidad del planeta y la capacidad del cine para modificar nuestra percepción del mundo. Su nueva película, actualmente en rodaje, es una coproducción entre Italia, España y Alemania y vuelve a centrarse en la naturaleza: esta vez, en los árboles de Navidad.
“Un árbol no es una decoración. Es un ser vivo”, afirma. Habla de cómo reaccionan los árboles al ser cortados, de las estructuras microscópicas de la madera y de la capacidad de supervivencia que todavía percibe en ellas.
Y entonces sonríe.
“El cine es algo increíble. El trabajo más hermoso del mundo. Soy un hombre feliz”.
Trillion se proyecta dentro de DocsBarcelona el 15 de mayo a las 19 h en la sala Zumzeig.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.