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Opinión
Miquel Molina
Director adjunto

Barcelona contra el nuevo orden tecnológico

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Actualizado hace 22 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01La tranquila vida de Lieusaint, localidad francesa de 14.000 habitantes, saltó un día por los aires.
  • 02Sin previo aviso, centenares de coches empezaron a circular por el centro de la población perturbando la paz de las escuelas, de los hospitales y de las residencias.
  • 03El alcalde indagó y halló la causa.
  • 04La app Waze, de Google, creada para evitar atascos de tráfico, estaba aconsejando a sus usuarios desviarse por el centro del pueblo para recortar en un minuto el tiempo que se invertía circulando por la carretera principal.

La tranquila vida de Lieusaint, localidad francesa de 14.000 habitantes, saltó un día por los aires. Sin previo aviso, centenares de coches empezaron a circular por el centro de la población perturbando la paz de las escuelas, de los hospitales y de las residencias. El alcalde indagó y halló la causa. La app Waze, de Google, creada para evitar atascos de tráfico, estaba aconsejando a sus usuarios desviarse por el centro del pueblo para recortar en un minuto el tiempo que se invertía circulando por la carretera principal. De repente, un pueblo nacido en la Edad Media quedaba reducido a la mera condición de atajo.

El alcalde no se cruzó de brazos y acudió a la prensa. Gracias a ello, unos empleados de Waze comparecieron en el municipio para escuchar las quejas de los vecinos. El alcalde los caló rápido: eran auténticos pelagatos, algoritmos con apariencia humana sin ninguna capacidad de decisión.

De ello habla el escritor y consejero político Giuliano da Empoli en el libro La hora de los depredadores (Seix Barral). El autor ha participado esta semana en los primeros Encuentros sobre Derechos Digitales de Barcelona, organizados por la Mobile World Capital y el ministerio de Transición Digital.

Cómo frenar a la bestia: proyectos de soberanía tecnológica europea y activismo

El alcalde de Lieusaint, detalla Da Empoli, no se quedó de brazos cruzados y acometió algunos pequeños actos de subversión contra el algoritmo. Convirtió algunas calles en unidireccionales, redujo la velocidad máxima y se inventó un semáforo. El resultado fue una reducción del tráfico del 40% como consecuencia de que la app dejó de considerar al atajo tan atajo como antes. No se solucionó el problema, pero al menos se pudo paliar.

Justo antes de nuestra charla titulada Los ingenieros del caos digital , pregunto a Da Empoli si pequeños sabotajes como los del alcalde de Lieusaint, llevados a una escala superior, podrían servir para ralentizar el avance imparable de la oligarquía tecnológica que amenaza con dominar –si no lo hace ya– el mundo. “De algún modo sí, podría servir de ejemplo. Aunque hay que tener un par de cosas en cuenta: al aplicar medidas como estas puedes acabar perjudicando a tu propia gente, por lo que habría que afinar muy las normativas que aplicas. Y luego está el problema de que puedes resolver el problema en tu pueblo, pero exportándolo al pueblo de al lado”.

Jeff Bezos, Sundar Pichai y Elon Musk, en la proclamación de Donald Trump 
Jeff Bezos, Sundar Pichai y Elon Musk, en la proclamación de Donald Trump Shawn Thew / Reuters

Ya en el escenario del simposio, el también autor de la novela El mago del Kremlin certificó su idea de que no hay futuro, “al menos en el sentido en que nuestros padres tenían un futuro”. Frente a lo que suele decirse en simposios de este ámbito, advirtió que ni queda ningún último tren por coger ni hay ninguna ventana entreabierta para que Europa cuele a través de ella un proyecto de soberanía digital que la salve de depender de los depredadores digitales de EE.UU. o de China. 

“La ventana de oportunidad que existía hasta hace poco para un sistema de normas se ha cerrado”, sostiene en el libro. “Por las buenas , ya no hay nada que hacer”, dijo sobre el escenario.

Fue toda una sugerencia de cara al futuro de los Encuentros de Derechos Digitales, una cita que ha vuelto a mostrar el compromiso de Barcelona con la soberanía tecnológica europea y la denuncia de las prácticas antidemocráticas de las grandes plataformas. La próxima edición se debería dar por superada la idea de que se está a tiempo de remediar algo “por las buenas” y se tendría que acoger a colectivos propensos al activismo, entre ellos los artistas digitales críticos con el estado de las cosas. También ponerse más el foco en proyectos industriales de soberanía.

No todo cabe en un encuentro organizado con dinero público, pero sería una buena idea que en las mismas fechas se celebrara en la ciudad un simposio off para incorporar la voz de los movimientos sociales que trabajan en pos de una red más democrática, así como a representantes de una cultura de reapropiación tecnológica. También a los alcaldes de Lieusaint del mundo, para que demuestren cómo una señal de tráfico estratégicamente recolocada puede aturdir a la bestia.

Miquel Molina
Miquel Molina
Director adjunto

Director adjunto de La Vanguardia. Escribe cada semana un artículo de opinión sobre cultura y ciudades. Novelista. Último libro: 'Siete días en la Riviera'

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.