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Miquel Molina
Director adjunto

Con la música a otro puente

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Actualizado hace 12 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Quedan muy pocos músicos de jazz que merezcan la consideración de gigantes.
  • 02Toda selección es subjetiva pero, tras la muerte el lunes de Sonny Rollins, podríamos citar entre ellos al pianista Herbie Hancock (Chicago, 1940) o al contrabajista Ron Carter (Michigan, 1937), ambos todavía en activo.
  • 03Con Rollins se va un músico colosal que abrazó todas las etiquetas del jazz.
  • 04Pero en su biografía hay una vivencia que ayudó a cimentar su fama.

Quedan muy pocos músicos de jazz que merezcan la consideración de gigantes. Toda selección es subjetiva pero, tras la muerte el lunes de Sonny Rollins, podríamos citar entre ellos al pianista Herbie Hancock (Chicago, 1940) o al contrabajista Ron Carter (Michigan, 1937), ambos todavía en activo. Con Rollins se va un músico colosal que abrazó todas las etiquetas del jazz. Pero en su biografía hay una vivencia que ayudó a cimentar su fama.

La leyenda dice que en 1959, en una crisis de creatividad, Rollins se fue a vivir bajo el puente de Williamsburg, frustrado al asumir que nunca alcanzaría el nivel de su admirado John Coltrane. Que allí se reinventó a base de expandir las fronteras de su música.

No todo es verdad. No vivió bajo el puente, sino que ensayó sin descanso en la acera de la pasarela, un espacio en el que pudo tocar a pleno pulmón sin molestar a los vecinos de su piso en el Lower East Side. Lo hizo casi siempre solo. A veces le acompañó algún colega.

Ahora sabemos que, con ese autoexilio, Rollins quiso hacer un alto en su frenética agenda de músico de jazz. Salirse de la rueda de grabaciones y conciertos para buscar, en la soledad de la intemperie más hostil, nuevas fórmulas de expresión artística.

¿Influyó en su retiro la certeza de que jamás alcanzaría a Coltrane? Puede que sí. Es evidente que coincidir en el tiempo con el autor de Love Supreme debió de afectar sobremanera a los saxofonistas que fueron sus contemporáneos. Y Rollins había estado muy cerca del genio. En 1956, ambos coincidieron en un estudio en la grabación del tema Tenor Madness . Bendita locura, en cualquier caso. Qué lujo debió de ser asistir a aquella sesión. Cómo no iba a influir en sus semejantes la genialidad torrencial del gran Coltrane.

El hecho es que, tras dos años de desafiar con su saxo el ruido del tráfico del puente, Rollins reapareció con más brío y creatividad renovada. Encontró, de alguna manera, su propio camino en el universo del jazz. El disco The Bridge es el relato musical de aquella aventura.

Fueron dos años tocando hasta 16 horas al día. Tenía 28 años. “Tocar al aire libre mejora tu volumen y tu capacidad pulmonar; me hubiera quedado allí toda la vida”, declaró después.

Pero la historia del puente no ha acabado. La asociación Sonny Rollins Bridge Project lleva a cabo una campaña para que el viaducto sea definitivamente rebautizado con el nombre del saxofonista. Es posible que la noticia de su muerte dé un nuevo impulso a esta reivindicación. En Instagram tienen la cuenta sonnyrollinsbridge.net.

Miquel Molina
Miquel Molina
Director adjunto

Director adjunto de La Vanguardia. Escribe cada semana un artículo de opinión sobre cultura y ciudades. Novelista. Último libro: 'Siete días en la Riviera'

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.