01Hasta que Kayla E. no empezó a dibujar cómics, no se atrevió a verbalizar el infierno por el que había pasado durante su infancia y adolescencia: un brutal y continuado abuso sexual a mano de su hermano que sus padres conocían y que no paraban.
02Un infierno al que se sumaba un entorno de pobreza y fanatismo religioso.
03El cóctel perfecto para acabar en terapia y, en el caso de Kayla E., también entre pinceles.
04La propia historietista admite por videollamada desde Carolina del Norte que no sabe si hubiera dedicado su vida al dibujo si la suya fuera una historia feliz.
Hasta que Kayla E. no empezó a dibujar cómics, no se atrevió a verbalizar el infierno por el que había pasado durante su infancia y adolescencia: un brutal y continuado abuso sexual a mano de su hermano que sus padres conocían y que no paraban. Un infierno al que se sumaba un entorno de pobreza y fanatismo religioso. El cóctel perfecto para acabar en terapia y, en el caso de Kayla E., también entre pinceles. La propia historietista admite por videollamada desde Carolina del Norte que no sabe si hubiera dedicado su vida al dibujo si la suya fuera una historia feliz. Sea como sea, ese pasado difícil fue el que la llevó a ultimar la novela gráfica Dulce basura (Reservoir Books), nominada a los premios Eisner al mejor cómic biográfico y ganadora del premio Ignatz a la mejor historia del año.
Quienes tengan el libro entre sus manos se toparan con ilustraciones que, a simple vista, parecen sacadas de un cuento infantil de actividades. Es más, hay incluso sopas de letras y pasatiempos que parecen pensados para los más pequeños. Pero no hace falta más que sumergirse en su contenido para percatarse de que no es ese el público que se espera que lea esta trama, pues la brutalidad es descorazonadora y le llevó a la artista estadounidense cerca de diez años ultimarlo, en secreto, sin el apoyo de nadie, pues en un inicio no tenía claro que fuera a publicarlo, ya que admitía cosas tan duras como su intento de suicidio cuando era niña. “Fue lo primero que dibujé, en la página dos, como en una explosión de inspiración, sin planificación, sin ningún tipo de sketch previo”.
Viñetas de 'Dulce basura', de Kayla E.Kayla E.
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Otras viñetas muestran como en una época esta situación le llevo a beber alcohol a diario y a tomar drogas. “Mi salud mental era una auténtica pesadilla y ni siquiera sabía por qué. Ni siquiera me permitía al principio dibujarme a mí misma porque pensaba que no tenía derecho a malgastar el papel con mis cosas”. Por suerte, cambio de parecer.
Kayla E. califica este proyecto como “duro” aunque “liberador”. “Empecé con fanzines que presentaba en ferias para ver cómo los percibía la gente y luego me atreví con este más grande ya que, entendí, que no solo me ayudaba a mí. Esto está provocando algo muy potente para los lectores o las lectoras, porque lo que cuento son secretos, son tabús, que es lo peor que puedes admitir que te haya pasado siendo una niña”, asegura la autora con entereza.
Mis viñetas son un grito silencioso de ayuda”
Sabe que la mayoría “no se atrevería a ir tan lejos”. Pero siente que ha superado ese miedo, “y ahora me siento valiente, confiada y empoderada. He logrado dejar atrás eso que me pasó, que ya no me duela tanto y sacar algo bueno de ese dolor. Por eso me siento agradecida de poder compartir este trabajo y hablar de una forma auténtica de lo que me sucedió. Y eso se ha convertido en una experiencia bella y sanadora”.
La dibujante de cómics Kayla E.Instagram
Sus viñetas –añade – son “un grito silencioso de ayuda” que le han permitido entender qué ha sucedido con su vida y, por tanto, pasar a un nuevo capítulo “mucho más esperanzador”. No hay más que ver la cantidad de entrevistas que le solicitan medios de todo el mundo para que ofrezca su testimonio. “En esas páginas no había ningún tipo de censura ni de intención, ni siquiera me preocupaba la narrativa. No tenía ningún tipo de miedo porque sabía que mis padres no iban a leer esto”.
Tras años de meditar y reescribir, cambió de opinión, lo que supuso el fin de la relación con su familia. “Rompí definitivamente cualquier contacto con ellos, hasta con los primos o los tíos. Porque todo el mundo sabía los abusos que había sufrido y nadie había hecho nada”.
Lara Gómez Ruiz
Cultura
Lara Gómez (Barcelona, 1993) es licenciada en Periodismo por la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna y está especializada en cultura y género. Aunque lo intentó, nunca llegó a aprender alemán. Su gran pasión es escribir, por lo que todo aquello que ve es material sensible para transformarse en un pequeño relato o en un guion. Sueña con cubrir los Oscars in situ.
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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.