01Camila Sosa Villada (Córdoba, 1982), la autora argentina que asombró al mundo con  Las malas  (2019) –novela que narraba las peripecias de un grupo de travestis que hacían la calle–, es ya una estrella literaria internacional y, por tanto, atrae multitudes en la Feria del Libro de Madrid, donde presenta estos días su nueva obra,  La traición de mi lengua  (Tusquets), ambivalente título a caballo entre el ensayo, lo autobiográfico y lo poético que reflexiona sobre el lenguaje, el sexo y, en definitiva, la vida.
02Entre sus paquetes de compras, destacan dos mantones de Manila y montones de libros (“los de Joan Didion me los ha regalado papito”, dice refiriéndose a su editor español, Juan Cerezo).
03La obra argumenta que “la sensualidad, la sexualidad, es un 80% lenguaje y, junto a esa a idea, empezó a colarse todo ese universo de infancia, convivencias y erotismo, de relaciones casi incestuosas, con muchísimo contacto de piel”.
04Admite que “el libro es un ovni, pero es que hay algo del estatuto de cómo tienen que ser los libros, las películas, las series, de cómo se tienen que escuchar o leer las cosas que me resulta un poco encorsetado, estoy gorda para entrar en esos modelos, necesito tener un poco más de libertad.
Camila Sosa Villada (Córdoba, 1982), la autora argentina que asombró al mundo con Las malas (2019) –novela que narraba las peripecias de un grupo de travestis que hacían la calle–, es ya una estrella literaria internacional y, por tanto, atrae multitudes en la Feria del Libro de Madrid, donde presenta estos días su nueva obra, La traición de mi lengua (Tusquets), ambivalente título a caballo entre el ensayo, lo autobiográfico y lo poético que reflexiona sobre el lenguaje, el sexo y, en definitiva, la vida. Entre sus paquetes de compras, destacan dos mantones de Manila y montones de libros (“los de Joan Didion me los ha regalado papito”, dice refiriéndose a su editor español, Juan Cerezo).
La obra argumenta que “la sensualidad, la sexualidad, es un 80% lenguaje y, junto a esa a idea, empezó a colarse todo ese universo de infancia, convivencias y erotismo, de relaciones casi incestuosas, con muchísimo contacto de piel”. Admite que “el libro es un ovni, pero es que hay algo del estatuto de cómo tienen que ser los libros, las películas, las series, de cómo se tienen que escuchar o leer las cosas que me resulta un poco encorsetado, estoy gorda para entrar en esos modelos, necesito tener un poco más de libertad. La escritura no es sencillamente un arte. Es algo más, algo que está vivo e intenta perdurar, por lo que se tiene que transformar No puedes seguir atada a los mismos estatutos desde que se inventó la escritura”.
“Mirá que yo trabajé en la calle, con gente muy peligrosa... y nunca vi tanta envidia como la del mundo literario”
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Con, en ocasiones, frases que podrían ser versos, la autora reconoce que “tenía en la cabeza Fuegos, ese libro de la Yourcenar, hay algo de esa reflexión en torno a la pasión. Igual un ensayo no tiene por qué ser seco o estéril ¿no?”.
Los ecos autobiográficos están muy presentes (desde la figura de los padres al despertar como mujer) aunque ella puntualiza que “no voy a ser garante de las cosas que se dicen, cuando vemos un cuadro de Picasso no preguntamos si las manos eran así de grandes en el mundo real. Podría decirse sencillamente que es un libro sincero, que soy honesta y no estoy mintiendo a nadie”. La galería de secundarios, como un novio que tuvo la narradora, acusado de matar a otro niño, es memorable. “Me encontró ese chico en redes el año pasado –se le escapa–. Yo sabía que había estado preso por narcotráfico. Un sujeto muy peligroso, muy aterrador además. ¿Y sabés qué me dijo cuando me escribió? ‘Yo te hice a vos’. ¡Qué bueno!”.
Escritura, erotismo y muerte se entrelazan. “Me crié en los 90, con la epidemia del sida. Tener sexo también puede significar aproximarse a la muerte, y sobre todo siendo trans o travesti. Se asume el peligro de la sexualidad, una va a tirarse contra una espada, así es la escritura, así es el sexo y así es hablar también. Es imposible lograr un lenguaje que sea inofensivo. Es un arma de ofensa y de dominación”.
Camila Sosa VilladaDani Duch / Propias
En una imagen poderosa, se habla de la basura como abono, tanto para plantas como para la literatura. “Acabo de estar en completo desacuerdo con una poeta que amo, que podría dar la vida por ella, Sharon Ods, quien dice que la poesía viene de un lugar sano... para mí no es verdad. La literatura no viene de ahí, no hay nada que venga de un lugar saludable. Todo viene de un sitio enfermo”. La traición del título del libro es “a la salud, a la casa, al amor. Una no puede escribir con un hombre en la casa, una no puede escribir con familia en la casa, una no puede escribir y estar saludable. Es decir, la escritura es un momento de desesperación absoluta, no es un momento de quietud”.
“El viaje inútil –prosigue, repasando su bibliografia– es un libro de mucha vergüenza, Las malas y Tesis sobre una domesticación son tragedias. Y este libro de ahora fue una fiesta, fue una alegría escribirlo y fue una alegría editarlo”.
Finalmente, sobre las maledicencias en el mundo literario, dice: “Mirá que yo trabajé en el parque, en la calle, yo estaba en contacto con gente muy peligrosa... y nunca había visto semejante nivel de envidia”.
Xavi Ayén
Cultura
Redactor jefe de Cultura. Autor de libros como 'Aquellos años del boom' o 'Planeta Nobel'. Autor de varios documentales de temas literarios
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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.