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“El Minotauro es un niño solo en la oscuridad”

Gueorgui Gospodínov describe en ‘Física de la tristeza’ la melancolía del paso de la infancia a la madurez

“El Minotauro es un niño solo en la oscuridad”
Gueorgui Gospodínov, junto a un ventanal del hotel de Madrid donde se hizo la entrevista DANI DUCH
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  • 01Tras el éxito de   El jardinero y la muerte  , inspirada en el fallecimiento de su padre, se sigue explotando el filón de oro de la obra de Gueorgui Gospodínov y se acaba de publicar   Física de la tristeza   (Impedimenta), novela escrita por el autor búlgaro hace quince años que representa, dice, el periodo de la madurez. “Es el momento en el que te das cuenta de que estás conectado con todo”, empieza explicando sobre un texto en el que el narrador va mezclando voces humanas, animales y hasta vegetales, tanto en primera como en tercera persona.
  • 02Una sinfonía polifónica en la que resuenan ecos de la mitología griega y en la que la figura del Minotauro es el trasunto del múltiple yo. “En  Física de la tristeza  quería escribir sobre lo efímero, y hacerlo desde la empatía, porque en la empatía hay algo maravilloso y muy triste, dramático, y te permite vivir como un ginkgo o una mosca”, explica sobre ese “yo somos” que actúa como emblema de la disolución de un narrador que no solo es capaz de adoptar el punto de vista de otros seres vivos sino incluso de meterse en los recuerdos de sus familiares, a través de los cuales se cuenta la desmesurada historia de Bulgaria. “Precisamente a partir de esa frase me coloco fuera del antropocentrismo para decir que yo soy tan importante como lo es la babosa.
  • 03También para escuchar las voces de las generaciones de mis abuelos o mis padres, que tenían una peculiar cultura del silencio”, argumenta.

Tras el éxito de El jardinero y la muerte , inspirada en el fallecimiento de su padre, se sigue explotando el filón de oro de la obra de Gueorgui Gospodínov y se acaba de publicar Física de la tristeza (Impedimenta), novela escrita por el autor búlgaro hace quince años que representa, dice, el periodo de la madurez.

“Es el momento en el que te das cuenta de que estás conectado con todo”, empieza explicando sobre un texto en el que el narrador va mezclando voces humanas, animales y hasta vegetales, tanto en primera como en tercera persona. Una sinfonía polifónica en la que resuenan ecos de la mitología griega y en la que la figura del Minotauro es el trasunto del múltiple yo.

Su obra es una sinfonía polifónica en la que resuenan ecos de la mitología griega y la historia de Bulgaria

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“En Física de la tristeza quería escribir sobre lo efímero, y hacerlo desde la empatía, porque en la empatía hay algo maravilloso y muy triste, dramático, y te permite vivir como un ginkgo o una mosca”, explica sobre ese “yo somos” que actúa como emblema de la disolución de un narrador que no solo es capaz de adoptar el punto de vista de otros seres vivos sino incluso de meterse en los recuerdos de sus familiares, a través de los cuales se cuenta la desmesurada historia de Bulgaria.

“Precisamente a partir de esa frase me coloco fuera del antropocentrismo para decir que yo soy tan importante como lo es la babosa. También para escuchar las voces de las generaciones de mis abuelos o mis padres, que tenían una peculiar cultura del silencio”, argumenta.

El estilo de Gospodínov, nacido en 1968 en Yámbol, una ciudad del sudeste de Bulgaria, en la histórica región de Tracia, se caracteriza por el cambio continuo de perspectivas. Un juego poético y de imaginación desbordante que, abriendo un poco el foco, se podría asociar a una especie de realismo mágico balcánico, junto al rumano Mircea Cartarescu o la moldava Tatiana Tibuleac. “Sí, tenemos cosas en común, como nuestra historia compartida, nuestra peculiar mirada de la Europa del Este”, concede el autor, para quien las historias que le contaba su abuela están en pie de igualdad con lo aprendido de Borges.

Su fantasía es, pues, deudora de la narración oral y, al mismo tiempo, del gran cuentista argentino, que en su novela aparece como don Jorge Luis: “No hay forma de pasar sin Borges”, exclama al hablar de la fabulosa maraña de mitologías y universos tejida desde Buenos Aires: “Eso es algo terriblemente importante en este mundo actual cada vez más tonto”, sentencia.

“Nuestros libros entran a formar parte de una red de otros libros ya escritos y leídos, y esa conversación entre todos ellos, además de la que se mantiene con el lector, es fundamental”, reflexiona sobre su aportación a la biblioteca de Babel.

“La primera escena que me vino a la cabeza cuando me senté a escribir es la de un niño en un piso subterráneo que mira por un ventanuco la calle, dando la espalda a la oscuridad que hay detrás, porque tiene miedo y se siente abandonado”, resume su iluminación sobre el personaje principal de la novela: un Minotauro que contradice la versión del monstruo. “Ese chico era yo en los años setenta”.

Julio Hurtado
Julio Hurtado
Cultura

Licenciado en Filología y Periodismo y posgraduado en Crítica Literaria, sigue la actualidad cultural en Madrid

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.