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“Yo vengo del Caribe, donde todo lo que contamos está envuelto en un manto de leyenda”

Karina Sainz Borgo narra la decadencia de una familia bajo el peso de una locura heredada en ‘Nazarena’

“Yo vengo del Caribe, donde todo lo que contamos está envuelto en un manto de leyenda”
Karina Sainz Borgo, el día de la entrevista, en la sede de su editorial en Madrid Jesús Hellín / STUDIOMEDIA19
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Actualizado hace 41 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Karina Sainz Borgo ha escrito en  Nazarena  (Alfaguara) una novela con tintes de drama lorquiano y tragedia de Shakespeare, cuyas protagonistas son varias mujeres de una misma familia encerradas en una casa que si no es la de Bernarda Alba se le parece y que está rodeada por un páramo como al que huye el Rey Lear mientras sus hijas “se deshacen entre ellas”.
  • 02Pero la prosa exuberante de la escritora y periodista venezolana (Caracas, 1982) bebe asimismo de las fuentes de Juan Rulfo, como quedó patente en su anterior novela,  El tercer país , en la que, dice, presentó sus respetos al autor de  Pedro Páramo  a través de la confusión entre vivos y muertos, y del fértil imaginario de Gabriel García Márquez, sin olvidar, por supuesto, al germinal William Faulkner. “Esta es una historia que tenía muchas ganas de trabajar, sobre todo porque la locura es la base”, explica la autora. “Estamos heredando locura, miseria.
  • 03Todas las sagas familiares son políticas, como una especie de retrato de aquello que va a menos, aquello que mengua”, analiza al hablar de la enajenación como algo que se puede recibir de forma “obligatoria”, mediante la educación, la tradición, la familia o la cultura.
  • 04Aunque, tantos años después del boom latinoamericano, se siente al margen de etiquetas como la de realismo mágico, sin exigir por ello, en un gesto que consideraría autoritario, ser leída de una determinada manera, Sainz Borgo admite que su “fascinación por lo aparentemente fantástico” tiene un origen cultural.

Karina Sainz Borgo ha escrito en Nazarena (Alfaguara) una novela con tintes de drama lorquiano y tragedia de Shakespeare, cuyas protagonistas son varias mujeres de una misma familia encerradas en una casa que si no es la de Bernarda Alba se le parece y que está rodeada por un páramo como al que huye el Rey Lear mientras sus hijas “se deshacen entre ellas”.

Pero la prosa exuberante de la escritora y periodista venezolana (Caracas, 1982) bebe asimismo de las fuentes de Juan Rulfo, como quedó patente en su anterior novela, El tercer país , en la que, dice, presentó sus respetos al autor de Pedro Páramo a través de la confusión entre vivos y muertos, y del fértil imaginario de Gabriel García Márquez, sin olvidar, por supuesto, al germinal William Faulkner.

“Las metáforas malas son como cucarachas, hay que fumigarlas”, dice la autora sobre el proceso de escritura

“Esta es una historia que tenía muchas ganas de trabajar, sobre todo porque la locura es la base”, explica la autora. “Estamos heredando locura, miseria. Todas las sagas familiares son políticas, como una especie de retrato de aquello que va a menos, aquello que mengua”, analiza al hablar de la enajenación como algo que se puede recibir de forma “obligatoria”, mediante la educación, la tradición, la familia o la cultura.

Aunque, tantos años después del boom latinoamericano, se siente al margen de etiquetas como la de realismo mágico, sin exigir por ello, en un gesto que consideraría autoritario, ser leída de una determinada manera, Sainz Borgo admite que su “fascinación por lo aparentemente fantástico” tiene un origen cultural. Un sello geográfico.

“Yo vengo del Caribe. Nosotros tenemos una oralidad donde todo aquello que contamos está envuelto en un manto de leyenda”, argumenta sobre su estilo, poético –“Venezuela es un país de poetas”– y plagado de imágenes oníricas, surrealistas, y a la vez fruto de una minuciosa labor –en buena medida intuitiva, señala– de recuperación literaria de localismos exóticos.

“Las metáforas malas son como cucarachas”, exclama acerca de su proceso de escritura, en el que va “fumigando” su prosa y “ahogando a aquellas criaturas que salen cursis”, es decir, podando, borrando, corrigendo una y otra vez, para que el resultado, el texto, no se convierta en un “ejercicio lírico aburridísimo para el lector”.

En el universo femenino y sojuzgado por la violencia masculina que describe la novela, en el que fantasía y realidad se funden y la locura y el sueño ocupan el espacio de la cordura y la vigilia sin solución de continuidad, la sensualidad es una fuerza que conecta ambos mundos: “ Nazarena y Brígida se perciben a sí mismas como monstruos. Una porque está loca y la otra porque se quemó. Por eso quería recrear lo erótico a través de la enfermedad. En las novelas anteriores me decían que no había sexo y aquí he subido el volumen a lo bestia”, apunta sobre una tórrida escena en la que la protagonista y Krugman, el rubio alemán que encarna el deseo, se encuentran.

“¡Dios mío! Se acuestan una vez y ella se queda embarazada. Ese hombre es como una especie de viento que arrasa todo, llega como un incendio”, apunta Sainz Borgo sobre la exageración de ese episodio casi inverosímil, pero es que Nazarena, recuerda, es muy poco fiable: “Es una narradora un poco psicótica, tiene obsesiones, como la de barrer por creer que su madre está muerta, y en ella se da también ese pensamiento infantil, esa fabulación de la oralidad”.

Julio Hurtado
Julio Hurtado
Cultura

Licenciado en Filología y Periodismo y posgraduado en Crítica Literaria, sigue la actualidad cultural en Madrid

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.