Un recorrido por alguos autores de la zona, desde la ‘casita’ de las novelas de Cezanne Cardona a JP Infante, que retrata en dos idiomas a la diáspora de ‘Nuevayol’
Los escritores dominicanos Ofelia Berrido, Bileysi Reyes, Lisette Vega, José Enrique Delmonte y Emilia Pereyra, hace unos días, en las ruinas del Hospital San Nicolas de Bari, en Santo DomingoDANIEL MORDZINSKI
02La historia (y el presente) de géneros como el reguetón, el reggae, la salsa, la bachata o el calypso no se puede escribir sin tener en cuenta a esta zona del mundo.
03Además, sus cantantes ocupan las posiciones más altas de las escuchas globales de Spotify, empezando por Bad Bunny, que es el número 1.
04Si hablamos de deporte, cualquier aficionado al béisbol o al atletismo puede pasarse un rato citando a las leyendas caribeñas de estas disciplinas.
El Caribe es una potencia musical mundial. La historia (y el presente) de géneros como el reguetón, el reggae, la salsa, la bachata o el calypso no se puede escribir sin tener en cuenta a esta zona del mundo. Además, sus cantantes ocupan las posiciones más altas de las escuchas globales de Spotify, empezando por Bad Bunny, que es el número 1. Si hablamos de deporte, cualquier aficionado al béisbol o al atletismo puede pasarse un rato citando a las leyendas caribeñas de estas disciplinas. Pero ¿y la literatura? ¿qué pasa con la literatura?
Ritmo no falta. Hay varios premios Nobel del Caribe, como los anglófonos Derek Walcott o V.S.Naipaul o, en español, podemos contar perfectamente a Gabriel García Márquez, pues el área también abarca zonas de Estados peninsulares, como Colombia o Venezuela. Entre los autores vivos en castellano, los hay de gran reconocimiento como los cubanos Leonardo Padura, Wendy Guerra o Pedro Juan Gutiérrez, los dominicanos Rita Indiana o Frank Báez, puertorriqueños como Eduardo Lalo (que ganó el Rómulo Gallegos)... Pero lo cierto es que, al no ser la industria del libro local muy fuerte ni estar interconectada con los grandes centros de poder editorial (que, resumiendo, serían Nueva York y Barcelona), hay muchos autores caribeños de calidad que tienen problemas de visibilidad, los que viven en el interior mucho más que los de la diáspora en EE.UU. y España.
JP Infante: “No sé decir lo que es un migrante, la diferencia real es entre los que saben lo que es pasar hambre y los que no”
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Para combatir esta tendencia, el festival Mar de Palabras –dirigido por Minerva del Risco– acaba de reunir, por segundo año consecutivo, en Santo Domingo, la capital de la República Dominicana, a más de 50 escritores procedentes de 14 países.
En tiempos de La Casita del perreo, es interesante ver el juego que le da al concepto de casa uno de los nombres más destacados, el puertorriqueño Cezanne Cardona (Dorado, 1982), quien ha publicado este mes en Seix Barral Esto también es una casa, novela ambientada en una casita (ferretería abajo, vivienda arriba) desde la que aborda temas como los vínculos familiares, la dimensión política del día a día y la relación entre la vivienda y el paisaje. “En Puerto Rico –cuenta el autor–, la casa ha sido históricamente un centro de resistencia cotidiana frente al colonialismo. Nosotros hemos sido conquistados dos veces, primero por los españoles y luego por los estadounidenses. Tras la reforma agraria, la casa se convirtió en una metáfora del país, de la clase media, una defensa frente a los huracanes, a la vez una cárcel y una liberación, un lugar donde ejercer tu soberanía, un país portátil y un ascensor social. A mí lo que me hizo escritor fue la casa de mi abuela”. Cardona se define como “un escritor de suburbio, aunque la Biblia fue escrita en el exilio, desde donde escribieron también Dante, García Márquez o Bolaño”.
Uno de los casos más interesantes es el de JP Infante, nacido en Nueva York, que mezcla inglés y español en sus libros y es autor de En la punta de la lengua de tu madre o Aquí y allá, un retrato de la comunidad dominicana en el barrio de Washington Heights. Sus obras hablan de migrantes, de gente que vive entre culturas, algunos de los cuales ya han abandonado totalmente el español, como su hija de 12 años “que se siente dominicana, y me encanta, pero para mí es básicamente una gringa”. No mitifica el concepto migrante, pues “veo a gente que ha vivido toda su vida en el mismo lugar, en la misma casa, y que pasa por cosas parecidas a las que sufrimos los migrantes. Me refiero a esos que llaman ‘basura blanca’, que viven como los dominicanos en Washington Heights, en la 181, con los maltratos a mujeres, arrasados por la heroína... No sé decirte lo que es un migrante, pues. Creo que la diferencia real es entre los que saben lo que es pasar hambre y los que no tienen ni idea de lo que es eso”. Los críticos destacan de su obra el trabajo con la memoria individual y colectiva aunque él puntualiza que “yo no sé ahora mismo si las cosas que hago provienen de mi memoria o del algoritmo”.
La gran novela de la República Dominicana, a ojos del mundo, es La fiesta del Chivo, escrita por el peruano Mario Vargas Llosa. La poeta dominicana Soledad Álvarez cuenta que “nosotros tuvimos básicamente novela rural costumbrista hasta que el ajusticiamiento del dictador Trujillo (eje de la novela del Nobel) permitió que naciera la novela urbana, más rica y compleja”.
“Que uno haga caso al cuerpo, hay gente que siempre están en la cabeza” dice JP Infante a los congresistas. A su lado asiente el ensayista y cardiólogo dominicano Jochy Herrera, que ha vivido muchos años en EE.UU., y es autor de Carne y alma, libro que reivindica justamente “el cuerpo como escenario para entender el mundo. Me interesa, por ejemplo, cómo el sentido de la vista se bloquea ante el chorro de imágenes que sufrimos. Y me atrae el silencio y sus efectos porque hoy estamos bombardeados de ruido”.
El ensayista colombiano Carlos Granés, por su parte, ha estudiado cómo se imbrican los sistemas políticos y económicos con los culturales en América Latina. Para el autor de El rugido de nuestro tiempo (Taurus), “los políticos compiten con los influencers en excentricidades hasta el punto en que añoro a aquellos dirigentes sosos con corbata. El campo cultural, que era un espacio libertario, liberado de tabúes y convenciones, se ve hoy constreñido por causas morales que debe defender para apuntalar la sociedad que se desmorona y para hacer del público un buen ciudadano. Eso es una mutación del campo cultural: antes nos escandalizaban los artistas y hoy lo hacen los políticos. El artista se ve obligado a ejercer un papel moral que antes no le correspondía”.
Cezanne Cardona, hace unos días, en Santo Domingo, frente al mar CaribeDANIEL MORDZINSKI
Granés opina que “la identidad es necesaria para darnos coherencia, el problema es que a veces se petrifican y se vuelven hostiles a toda nueva influencia y a la diferencia”. El concepto de literatura caribeña le parece interesante porque “intentar crear literaturas nacionales se convierte a menudo en un nuevo dogma, algo cerrado”. Para él el modelo “sería la antropofagia de Caetano Veloso, que se despreocupa por la idea de pureza y de ser fieles a una idea de lo estrictamente brasileño”.
La venezolana Karina Sainz Borgo, residente en Madrid y autora de Nazarena, se siente entre los suyos: “Yo vengo del Caribe, todos compartimos una realidad común y todo lo que contamos oralmente, aunque el narrador sea analfabeto, se envuelve en un manto de leyenda”.
Xavi Ayén
Cultura
Redactor jefe de Cultura. Autor de libros como 'Aquellos años del boom' o 'Planeta Nobel'. Autor de varios documentales de temas literarios
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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.