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Opinión
J.F. Yvars
Columnista

Guigon y el Museu Picasso: años decisivos

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Actualizado hace 93 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Concluye con notable apreciación positiva e incluso, diría, entusiasta la década directiva de Emmanuel Guigon al frente del Museu Picasso de Barcelona, binomio mágico, afirmaría el ocurrente, en la difusión bien pensada del legado del artista del siglo en nuestras latitudes.
  • 02Barcelona y Málaga son, sin duda, piedras angulares para entender la entidad plástica y las singularidades de la obra de Picasso y su protagonismo en la revolución artística del siglo XX.
  • 03Los programas expositivos, catálogos y publicaciones, impecables y exigentes desde cualquier punto de vista artístico, demuestran el vestigio formidable de su presencia en la evolución del arte vivo que el artista subvierte a menudo con su sorprendente y reconocida sagacidad performativa.
  • 04Un hecho sin discusión, cierto, dirigido con la inteligencia y buenas maneras del equipo rector instaurado por Guigon en el museo barcelonés, se ha convertido en el foco luminoso de las formas cardinales para ponderar el arte pleno del pintor de nuestro tiempo.

Concluye con notable apreciación positiva e incluso, diría, entusiasta la década directiva de Emmanuel Guigon al frente del Museu Picasso de Barcelona, binomio mágico, afirmaría el ocurrente, en la difusión bien pensada del legado del artista del siglo en nuestras latitudes. Barcelona y Málaga son, sin duda, piedras angulares para entender la entidad plástica y las singularidades de la obra de Picasso y su protagonismo en la revolución artística del siglo XX. Los programas expositivos, catálogos y publicaciones, impecables y exigentes desde cualquier punto de vista artístico, demuestran el vestigio formidable de su presencia en la evolución del arte vivo que el artista subvierte a menudo con su sorprendente y reconocida sagacidad performativa.

Un hecho sin discusión, cierto, dirigido con la inteligencia y buenas maneras del equipo rector instaurado por Guigon en el museo barcelonés, se ha convertido en el foco luminoso de las formas cardinales para ponderar el arte pleno del pintor de nuestro tiempo. Sabiduría, léase erudición y destreza narrativa, que aproxima el universo sensible del momento creativo a la alerta atención del espectador perplejo del siglo XXI.

Emmanuel Guigon, historiador del arte por la Sorbonne y bregado en el clima de estudio e indagación de la Casa Velázquez de París, de inalienable estirpe hispana, dirigió el Musée des Beaux-Arts et d’Archéologie de Besançon, y ha sido conservador del Musée d’Art moderne et contemporain de Estrasburgo y hasta 1995 conservador del Institut Valencià d’Art Modern (IVAM). Ha dirigido con mano segura la evolución del museo barcelonés a lo largo de un decenio a todas luces excepcional, no solo por el período histórico auroral –tras la quiebra de la dictadura y la consolidación del modelo cultural vanguardista– de la ciudad de los prodigios. Cabe hablar así por la condición artística eficiente de unos ejemplares expositivos activos que han impresionado al público más diligente; basta recordar el enunciado estimulante y provocador de las exposiciones todavía en programa. A todos los eficientes actores de esta conjura insólita, insisto, el equipo entero del museo, integrado por unos innovadores radicales del proyecto, corresponde el gesto agradecido de la ciudadanía y la crítica cultural consciente de la hazaña artística llevada a cabo.

Quisiera detenerme en ciertos momentos de verdad, no encuentro matiz más apropiado, que han jalonado con éxito la iniciativa. La reivindicación del archivo como timón seguro para la indagación y la secuencia de acontecimientos artísticos de excepción: El cubismo y las guerras, comisariada por el maestro británico Christopher Green, en un ya lejano 2016; Picasso y Barcelona en un entrecruce de 1917, el sorprendente pero inesperado descubrimiento de París como núcleo de la mirada incisiva del arte nuevo; la presencia eficaz y próxima del cómplice Sabartés, las tácticas radicales de urdimbre revolucionaria del poeta Paul Éluard, la complicidad de Óscar Domínguez y, desde siempre, el ojo infalible del galerista Kahnweiler apuntan un itinerario que ha sabido apreciar con justicia la legitimidad ilusionante de la cultura artística en alza.

Hombre con frutero (1917)
Hombre con frutero (1917)Sucesión Pablo Picasso,

El editor Gili sería el primer acierto de una cadena de asociaciones que exigía en todo momento la amistad cercana y el gesto optimista en la aventura. Ni la figura imponente del inefable púgil Arthur Cravan, ni los sabores de la cocina de Picasso, rehechos por la creatividad exquisita de Ferran Adrià, quedarán al margen de la rompedora voluntad expositiva del audaz director, quien, en resumidas cuentas y llegado el día del balance definitivo, puede hacer alarde de la obra bien hecha. Consolidación completa, insisto, que aúna Barcelona con la fascinación contagiosa de Picasso. Un artista, vaya por donde, sobre el tiempo. Se admite la discrepancia y toda opinión optimista y creativa.

La publicación B arcelona, Ciudad picassiana celebra el eco cenital de esa proeza. La simpatía venturosa entre ciudad, artista y obra, que desde el inicio ha señalado aquella excepcional complicidad apuntada. La muestra Miró-Picasso es, sin duda, el índice memorable y duradero de aquella gesta aventurada y gratificante, que todos estamos obligados a asimilar y agradecer desde nuestro presente tan agobiado.

J.F. Yvars
J.F. Yvars
Columnista

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.