Pasan años, décadas, siglos, pero ahí está la luna inspirando a la hora de soñar, de componer. Única en el firmamento aunque diferente para cada persona y lugar, la visión del satélite entre las nubes de una noche pirenaica iluminó a Nil Moliner. “Y seguiré cantando versos a la Luna”, anotó el músico en su libreta, y así se completó Tu cuerpo en braille, primer single de Nexo, cuarto disco del de Sant Feliu de Llobregat donde la euforia y energía habituales se completan con un punto extra de guitarras y, también, tristeza.
Aquel instante de inspiración nocturna selló un trabajo que comenzó, como pasa tantas veces, cuando la realidad se impuso a los planes. Cuatro años atrás, en el 2022, Moliner decidió parar un año y medio para recuperarse de una gira muy larga. “Pero a los dos meses me dí cuenta de que la había liado”, recuerda en su visita a la redacción de La Vanguardia. El “lío” en cuestión fue que echaba de menos los escenarios, el contacto con su público: “Publiqué mi tercer álbum, Lugar paraíso, pero no tenía conciertos, tan sólo números de escuchas, y eso me hacía perder la percepción”, recuerda.
Incapaz de componer nueva música, la solución que encontró fue mudarse a Madrid “para que pasaran cosas”, y así fue. En la capital española encontró ideas y compañeros de viaje que formarían parte de su próximo trabajo. Pero todavía faltaba un elemento más, un punto de inflexión, y éste llegó exactamente el 20 de abril del 2024, cuando Moliner llenó el Palau Sant Jordi y materializó uno de sus sueños. “Tengo una imagen muy clara del primer concierto que vi en el Palau Sant Jordi, de El Canto del Loco. Tenía 13 años y me proyecté sobre el escenario cantando y tocando”, recuerda.
Dos décadas después, ya sobre las tablas del Sant Jordi, el autor de Libertad se dio cuenta de que él era “un canal por donde pasaban las canciones, que a su vez eran la banda sonora de mucha gente. La canción era la protagonista, y yo un nexo entre ella y la emoción que veían entre el público”, recuerda, “sentí una conexión muy fuerte”. Aquella noche se rompió el maleficio y al día siguiente comenzó a escribir Nexo para alegría suya y de la discográfica, que esperaba como agua de mayo ese momento. “Hasta que no tuve como 40 canciones no se las enseñé, ha sido un viaje muy tranquilo”, afirma.
El viaje pasó por Madrid, “era una etapa que no quería perderme, geográficamente es muy estratégico a nivel musical”, explica Moliner. Allí está su discográfica, y la ciudad es punto de encuentro de muchos músicos y productores extranjeros, otros nexos que añadir a la mezcla. “Viví muchas cosas, añoré, amé, fui feliz y también lo pasé mal, es mi segunda casa por mi profesión, aunque también me enseñó a echar de menos mi ciudad”, comenta. Al cantar en español es inevitable tener Madrid en el foco, pero Barcelona continúa siendo la casa del músico aunque eso complique las giras. “Tenemos que utilizar el avión para viajes que la gente de Madrid hace con furgoneta porque lo tienen todo más cerca”, recuerda, “pero es un precio que estoy dispuesto a asumir, prefiero vivir aquí y estar con mi gente”.
‘Me acuerdo de ti’ abre Nexo con fuerza y el recuerdo de los vaivenes que le han llevado a este cuarto disco impulsado por la energía del público, que “aparece sin avisar y ahora todo está en llamas”. Moliner sube “a la cima más alta”, y desde allí elabora un disco donde las guitarras son protagonistas desde la alegre Nuestro jardín. “En el estudio siempre subíamos la distorsión, hemos compuesto a la vez que producíamos y estas guitarras me han llevado por los caminos de mi adolescencia, me recuerdan a mis primeros sueños, en la habitación de casa, cuando apreté por primera vez la distorsión del ampli”.
De carácter nostálgico, el músico recuerda la música que escuchaba su hermana, y él también quisiera o no. Lax'n'Busto, Els Pets, Sopa de Cabra, pero también Rosario, Jarabe de Palo o Queen, músicas a las que él añadió por su cuenta Fito y Fitipaldis, M-Clan, Pereza y por supuesto El Canto del Loco. Aunque si una influencia sobresale en la carrera de Moliner es la de Manu Guix y Roger Rodés, sus productores de cabecera desde que comenzó, presentes aquella noche en que la Luna apareció entre las nubes. “Ellos son casa”, afirma orgulloso el músico, y enseña el tatuaje que lleva en el brazo: una medusa, el mismo que llevan Guix y Rodés, símbolo del estudio con este nombre que regentan en Barcelona. “Ellos me han enseñado los códigos con los que trabajo, es como si el Medusa fuera también mío, aún no tengo las llaves pero me queda poco”, explica entre risas.
También ha habido otros productores como Liam Garner, el letrista José Cruz o los colombianos Nico y Pablo, los mapache, cuyo trabajo sobresale en la tropical Ya no estoy triste. “Son gente con los que comparto el código musical, partíamos de una base de confianza porque conocía cómo trabajaban y cómo eran”, apunta, “porque tal como he conectado con alguna gente, he desconectado con otra que no me convenía en aquel momento por su energía, o porque sus dinámicas eran diferentes a las mías”.
No fue el caso de Guix y Rodés, cuyo trabajo en el estudio puede verse en los vídeos que Moliner colgó en youtube, donde puede verse el proceso de creación de las canciones en el retiro pirenaico de Planoles. “Seguí el consejo de un amigo y puse una cámara en el estudio que encendía cada vez que grabábamos”, recuerda el artista. Por eso puede verse cómo nació Tu cuerpo en braille, el single más conocido del disco, desde sus primeros pasos: el ritmo, el bit de percusión, las guitarras y la melodía, hasta que una noche, ya de madrugada, la Luna les sorprende y Manu Guix, recostado en una silla con la mirada perdida en el cielo, dice aquello de “y seguiré cantando versos a la Luna”, y la letra explota en la cabeza de Moliner.
Del mismo cónclave surgió Alex, sentida pieza dedicada a un amigo que falleció, surgida en una noche de mucha calma en Planoles, “nos dio una señal para aquella canción”. Moliner ya había compuesto anteriormente canciones sobre este tema, pero acabarón guardadas en el cajón. “Pero esta vez sabía que estaría en el disco porque la letra y la música nos removieron algo”, recuerda. “Es una canción que habla de Àlex, pero también de la gente de mi entorno que he perdido. En los conciertos es un abrazo colectivo, seguramente todo el mundo ha sufrido una pérdida, y está pensando en aquella persona”.
De otro tipo son los recuerdos que le llevaron a Bona nit, la pieza en catalán del disco, vínculo de nuevo con la adolescencia, el recuerdo de un amor de verano y canciones guitarra en mano en un campamento de verano. “El ‘Bona nit’ de Els pets era la última que cantábamos antes de ir a dormir”, recuerda de aquellos nexos juveniles, reflejo de una vida feliz a pesar de todo. “El 2023 fue un año muy duro pero aprendí mucho también, me llevó a vivir a otra ciudad, tengo canciones y un disco debajo del brazo. Al final todo se transforma”.
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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.