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Cultura Debate en la industria musical

Cierre de festivales: ¿burbuja o estabilización?

El cierre del Reggaeton Beach Festival cuestiona el futuro de los festivales

Cierre de festivales: ¿burbuja o estabilización?
El Reggaeton Beach Festival, que llegó a contar con 12 sedes y 600.000 asistentes, cerró sus puertas el pasado junio tras siete edicionesMané Espinosa
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Actualizado hace 24 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01Pocos términos resultan tan aterradores en este país que el de la burbuja,ya sea de las punto com, la inmobiliaria o ahora la de los festivales en una época que presume de contar con un millar de ellos repartidos por toda la geografía.
  • 02El degoteo de cancelaciones en los últimos meses, coronado por la desaparición del masivo Reggaeton Beach Festival, que llegó a reunir a 600.000 personas en 12 ciudades, ha inflado el debate al mismo tiempo que se incrementan las giras de artistas en solitario y llegan las residencias, como las de Shakira o Bad Bunny, ambas en Madrid.
  • 03El Tomavistas de Madrid, que sumaba diez ediciones, el Tsunami Xixón o el Rockland riojano son algunos de la veintena de festivales que han anunciado la cancelación de sus ediciones, algunos reconociendo la falta de ventas como motivo, mientras otros refieren excusas más o menos creíbles y algunos, caso del reciente Festival de les Arts de Valencia, se ven obligados a cancelar por orden judicial a causa de las molestias acústicas.
  • 04La cifra de cancelaciones, aunque elevada, debe medirse en proporción con los cerca de 1.000 festivales que se celebran en la actualidad.

Pocos términos resultan tan aterradores en este país que el de la burbuja,ya sea de las punto com, la inmobiliaria o ahora la de los festivales en una época que presume de contar con un millar de ellos repartidos por toda la geografía. El degoteo de cancelaciones en los últimos meses, coronado por la desaparición del masivo Reggaeton Beach Festival, que llegó a reunir a 600.000 personas en 12 ciudades, ha inflado el debate al mismo tiempo que se incrementan las giras de artistas en solitario y llegan las residencias, como las de Shakira o Bad Bunny, ambas en Madrid.

El Tomavistas de Madrid, que sumaba diez ediciones, el Tsunami Xixón o el Rockland riojano son algunos de la veintena de festivales que han anunciado la cancelación de sus ediciones, algunos reconociendo la falta de ventas como motivo, mientras otros refieren excusas más o menos creíbles y algunos, caso del reciente Festival de les Arts de Valencia, se ven obligados a cancelar por orden judicial a causa de las molestias acústicas.

La cifra de cancelaciones, aunque elevada, debe medirse en proporción con los cerca de 1.000 festivales que se celebran en la actualidad. En concreto, el Anuario de Estadísticas del Ministerio de Cultura cifraba en 889 los festivales de música que se celebraban en el 2024, casi el doble que en el 2010, cuando se programaron alrededor de 450. En lo económico el incremento todavía es más pronunciado, con una facturación que ha pasado de 158 millones de euros en el 2018 a 718 en el 2024 para todo el sector. De esta última cifra, 398 corresponderían a los macrofestivales por los 320 de los conciertos de música popular.

“Yo no hablaría de una burbuja que ha explotado”, plantea Chema Fernández, director de festivales de la promotora Sonde3. “Estamos viviendo el reajuste natural de un sector que ha experimentado un crecimiento muy importante, especialmente después de la pandemia”.

“Estamos viviendo el reajuste natural de un sector que ha vivido un crecimiento importante”

El responsable de festivales como Río Babel o Son Rías Baixas detecta una “enorme demanda” por asistir a grandes festivales, si bien el público se ha vuelto mucho más selectivo. “Hoy no basta con organizar un festival y esperar que funcione, hay que cuidar la experiencia y aportar un valor diferencial” porque el público “elige mucho mejor dónde quiere invertir su dinero y su tiempo”.

Algo más crítico se muestra Tito Ramoneda, responsable de la promotora The Project, que observa cierto cansancio del público por los festivales multiartistas “donde peregrinas de un escenario a otro, no ves el show entero de tu artista y sufres de masificación en los servicios”. Con experiencia tanto en organizar giras de artistas (la última, de Quevedo, con 16 fechas solo en Madrid y Barcelona) y festivales como Porta Ferrada, el festival de Jazz de Barcelona o el Mar d’Estiu, Ramoneda considera que el público prefiere ver al artista “con su show a tope, concentrado en el Palau Sant Jordi, en un estadio o una sala”.

Con este panorama, la viabilidad de los festivales pasa por cuidar su identidad, apostando de entrada por un cartel único que los aleje de la tendencia a los festiguales que programan los mismos artistas de manera sistemática. “Desde la pandemia hemos vivido un boom de festivales que han aparecido como setas, de manera desordenada y con carteles muy similiares, pero una marca de festival no se hace de la noche al día”, recuerda Ramoneda, que pone como ejemplo el Canet Rock o el Primavera Sound, “un proyecto consolidado a pesar de que ha cambiado sus tendencias estilísticas, abriéndose del indie original a la música urbana, el reggaeton o el pop mainstream”. El festival barcelonés hace bandera de este hecho, sintiéndose afortunado “de haber construido una comunidad de público muy fiel que entiende y se identifica con nuestra propuesta”.

Convertido en el mascarón de proa de los grandes festivales de la península, desde el Primavera Sound no perciben cambios en su público más allá de cierto rejuvenecimiento. “Desde hace años estamos en una media alrededor de los 30 años, con pocentajes bastante consolidados alrededor del 40% de público nacional y 60% internacional”.

“Tik Tok o Youtube también son competencia de la música, al igual que los shows de Ibai Llanos”

Fernández también habla de estabilidad en el público de sus festivales, aunque destaca cambios en los comportamientos, “valoran mucho más la experiencia global, y en el caso de los públicos más jóvenes vemos un menor consumo en barras que hace unos años”, destaca. “Son hábitos distintos que también responden a una realidad económica diferente”, y que afectan a una de las principales fuentes de ingresos de los festivales: la venta de alcohol y los patrocinios, mientras que la venta de entradas en estos eventos solamente representa un 25% de los ingresos según el informe Lin3s.

El precio de las entradas es una piedra de toque para Ramoneda, que destaca la contención de artistas como Dani Martín o Quevedo. “Hace dos años Quevedo puso la entrada más cara a 90 euros, y este año vale 70. Este precio fue fruto de la reflexión del propio artista con su management y con nosotros. ¿Habría hecho Quevedo 8 Sant Jordis y 8 Movistar Arenas con precios un 5% más caros? Estoy convencido de que no, no todo vale”. En este sentido, recuerda que es el artista quien decide el precio de las entradas, “él pide un precio y los números han de salir, el promotor debe saber hasta dónde puede llegar, nosotros renunciamos a muchas cosas porque creemos que no podemos”.

La contención en los precios está presente en la mente de promotores y organizadores de conciertos como Primavera Sound. En la rueda de prensa de clausura de la última edición un periodista de un medio extranjero preguntó por qué no subían los precios de las entradas (245 euros en venta anticipada) para situarlas al nivel de los festivales a su altura como Glastonbury (434 euros) o Coachella (480 euros). “This is Barcelona”, respondió el director Alfonso Lanza, para recordar que esta subida de precios socavaría gravemente el arraigo local del festival.

“Vivimos en una sociedad donde competimos con todo, no solo festivales y conciertos, sino con cualquier factor de entretenimiento”, advierte Ramoneda. “Tik Tok o Youtube también son competencia, al igual que los shows de Ibai Llanos”, y mira al futuro, cuando los conciertos quizá deban competir con artistas virtuales que actuarán en nuestras casas mediante realidad inmersiva “y no venderán miles de entradas, sino millones”.

El aumento en los precios de las entradas es uno de los peligros que amenaza al sector, pero su control no depende exclusivamente de sus responsables, que deben afrontar el encarecimiento de todos los servicios. “En términos generales hablamos de incrementos en los gastos que pueden rondar el 150% respecto a los años previos a la pandemia” se lamenta Fernández. “El transporte, las causas geopolíticas y el auge de los eventos tienen que ver”, concretan desde Primavera Sound.

Las 12 noches de Harry Styles en el estadio Wembley supusieron unos ingresos de 1.228 millones de euros

Por su parte, Ramoneda añade el incremento en el caché de los artistas, especialmente en algunos festivales que los contratan por cantidades superiores al mercado porque su beneficio no reside solamente en la venta de entradas, sino en las consumiciones, “tienes a 40.000 personas que comen y beben durante ocho horas, eso es mucha facturación”. A esto hay que añadir el encarecimiento de los hoteles por el turismo, o la carencia de personal con formación profesional a causa del aumento de festivales. “Todo esto encarece los costes de producción y acaba afectando al precio de las entradas”.

En competencia directa con los festivales se consolidan con fuerza las giras de artistas en solitario, muchos de los cuales centralizan buena parte de sus fechas en una sola ciudad conformando las conocidas residencias. Según un estudio de Barclays, las 12 noches de Harry Styles en el estadio Wembley supusieron un coste medio por asistente de 1.137 euros, o lo que es lo mismo, 1.228 millones de euros a repartir entre artista, promotor, recinto, hoteles, viajes, comidas y demás, con unas ventas en entradas de 250 millones de euros en un país que, desde el 2023, ha visto cómo desparecían 177 festivales.

Estas cifras mareantes explican por qué los artistas que pueden apuestan por este modelo, como ya hicieron Adele o Bad Bunny, o hará Shakira en septiembre en Madrid. “Hay un tipo de artista al que le gusta estar en la misma ciudad con un único montaje y optimizar recursos, ahorras a la vez que conectas con una misma ciudad, un mismo recinto y no tienes el cansancio del viaje, que pasa a ser un problema del público”, comenta Ramoneda, que se pregunta si el público responde de la misma manera cuando el concierto incluye la vivencia de la ciudad. “No lo creo”, se contesta, y recuerda que otros artistas son reacios a este formato porque “necesitan estar en gira constante, visitando y viviendo las diferentes culturas con diferentes públicos”.

“Creo que ambas fórmulas son perfectamente compatibles porque responden a experiencias diferentes”, reflexiona Fernández al confrontar festivales y residencias. “Los festivales siguen ofreciendo algo que un concierto invididual no puede ofrecer: descubrir nuevos artistas y convivir varios días con amigos disfrutando de lo que más te gusta. Hay una parte social difícil de reproducir en otro tipo de eventos”. Dos formas de entender la música para tentar a un público que cada vez dispone de menos dinero en el bolsillo.

Sergio Lozano
Sergio Lozano
Periodista

Forma parte de la redacción de La Vanguardia · Barcelona.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.