01C uando Dusty Hil l, una de las dos barbas de los tejanos ZZ Top, falleció en el 2021, su reemplazo parecía cosa imposible o, en el peor de los casos, sacrilegio que condenaría al trío al patíbulo de formaciones sin alma que se arrastran por los festivales de verano.
02Pero Dusty (polvoriento, literalmente) lo había pensado todo antes de subir al cielo de las guitarras y los bares de camioneros: Elwood Francis, su técnico de sonido desde hace más de tres décadas, debía reemplazarle para que el blues rock continuara sonando al norte de río Grande.
03Dicho y hecho, Francis asumió el reto, se dejó crecer barba e incluso adquirió un bajo de 17 cuerdas que ha pasado a formar parte de la banda formada por Billy Gibbons en la voz y la guitarra junto con el malcarado Frank Beard a la batería, anoche ausente por problemas de salud.
04Mike Monahan se encargó de reemplazarle y así completar la formación que anoche visitó Barcelona dentro del festival Barts (la anterior visita fue en el 2019) para recuperar los clásicos de una banda tan icónica como extemporánea, respetada por el mundo del heavy metal, heredera de los sonidos del sur de EE.UU. con una imagen a medio camino entre los casinos de Las Vegas y los honky tonk, bares donde se mezclan chicanos con tejanos WASP (blancos, anglosajones y protestantes) y las parejas bailan agarradas al son de la música country.
C uando Dusty Hil l, una de las dos barbas de los tejanos ZZ Top , falleció en el 2021, su reemplazo parecía cosa imposible o, en el peor de los casos, sacrilegio que condenaría al trío al patíbulo de formaciones sin alma que se arrastran por los festivales de verano. Pero Dusty (polvoriento, literalmente) lo había pensado todo antes de subir al cielo de las guitarras y los bares de camioneros: Elwood Francis, su técnico de sonido desde hace más de tres décadas, debía reemplazarle para que el blues rock continuara sonando al norte de río Grande .
Dicho y hecho, Francis asumió el reto, se dejó crecer barba e incluso adquirió un bajo de 17 cuerdas que ha pasado a formar parte de la banda formada por Billy Gibbons en la voz y la guitarra junto con el malcarado Frank Beard a la batería, anoche ausente por problemas de salud. Mike Monahan se encargó de reemplazarle y así completar la formación que anoche visitó Barcelona dentro del festival Barts (la anterior visita fue en el 2019) para recuperar los clásicos de una banda tan icónica como extemporánea, respetada por el mundo del heavy metal, heredera de los sonidos del sur de EE.UU. con una imagen a medio camino entre los casinos de Las Vegas y los honky tonk, bares donde se mezclan chicanos con tejanos WASP (blancos, anglosajones y protestantes) y las parejas bailan agarradas al son de la música country.
Mike Monahan reemplazó a Frank Beard en la batería con el punch blues rock de Gibbons y compañía
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Aunque lejos de un ambiente tan pintoresco como el tejano, el Poble Espanyol logró el sold out a una buena representación de fans del blues rock, harleys, tatuajes y chalecos de cuero, que llenaron el espacio –algunos porque no lograron colocar su entrada, todo sea dicho– mientras medio país seguía por televisión la final del mundial. En lugar de Messi y Yamal, Gibbons atrajo la atención como único superviviente de la banda original con sus coloridas chaquetas, gorro, gafas de sol y la síncopa vacilona de Got me under pressure. Así inició el repaso a la época dorada de ZZ Top con escasas concesiones más allá de estos límites. Entre ellas, una versión de I thank you del dúo soul Sam & Dave centrifugado por la guitarra rockera de Gibbons, de quien sonó Brown paper bag, blues distorsionado que el barbudo publicó el pasado mayo.
Pronto quedó claro que el joven Elwood Francis –65 años, por 76 de Gibbons– manejaba al dedillo el repertorio de la banda, lo mismo que Monahan, más joven aún, a la batería. El bajista, “el gringo peligroso”, como lo denominó el guitarrista, se movió libremente por las líneas de bajo al tiempo que interpretaba el papel esperado dentro del trío, compenetrándose con Gibbons en sus bailes hieráticos.
El trío se aferró a un setlist que apenas ha variado en los últimos años, mezcla del blues rock primerizo de Jesus just left Chicago a paso lento con la guitarra trotona de I’m bad, I’m nationwide o el slide de I gotsta get paid, con la representación de su época dorada de sintetizadores (anoche escasos, trío a pelo) que todavía extrañan hoy día. Sonaron Gimme all your lovin’ , hit ochentero con la voz de Gibbons más ronca que el original, y los galopes de Sharp dressed man, o Legs, una de las creaciones más alejadas del blues que parieron los tejanos, todo lo contrario de My head’s in Mississipi.
Se echó en falta Tush, pero no La grange, homenaje al prostíbulo más famoso de Texas y punto final entre esencias blues de una actuación tan previsible, casi calcada a las anteriores, como imprevisible por la capacidad de ZZ Top de encontrar relevo entre los polvorientos paisajes que les vieron nacer.
Sergio Lozano
Periodista
Forma parte de la redacción de La Vanguardia · Barcelona.
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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.