Los estudiosos afirman que cada día muere alguna lengua en el mundo. Pero además de las lenguas, los humanos usamos otros lenguajes para comunicarnos, como el gesto, la actitud corporal, las imágenes... Uno de estos lenguajes, que fue muy popular en sociedad cuando no había redes sociales, era el del abanico.
Mercedes Rodríguez Collado, del Museo del Romanticismo, refiere en un documento del Ministerio de Cultura que desde el siglo XVIII las mujeres de todas las clases sociales lo usaban como medio de seducción, mediante un juego de gestos y movimientos. Pero quien supo sacarle provecho fue el fabricante francés Louis Duvelleroy, quien, “hacia 1860, difundió ese lenguaje inventado del abanico, que en realidad era una estrategia comercial para aumentar sus ventas”.
Hay pocos bolsos que en esta época no contengan un abanico de emergencia
Como no hay una Real Academia del Abanico, su lenguaje no está fijado científicamente, pero las fuentes consultadas contienen coincidencias. Por ejemplo, poner el abanico abierto sobre el corazón expresa amor; acercarlo cerrado a los labios equivale a lanzar un beso; si se acerca a la sien, es que se piensa en esa persona; cerrar lentamente el abanico envía un mensaje de pertenencia; en cambio, cerrarlo rápido significa un no como una catedral... Son unos apuntes del natural, pero podríamos encontrar más gestos y significados varios.
Aunque los abanicos no han dejado de usarse, las actuales olas de calor encadenadas los hacen cada vez más presentes, con propuestas y diseños variados, incluso como soporte publicitario. Es decir, hay pocos bolsos que en esta época no contengan un abanico de emergencia. Y esos bolsos son tanto de mujeres como, cada vez más, de hombres. Incluso los guiris los compran y, como contaba la pasada semana Llucia Ramis en su columna de opinión, “también compran abanicos, aunque no sepan abanicarse y para hacerlo muevan el brazo entero levantando el codo”, de modo que consiguen el efecto contrario, aumentando el calor corporal en lugar de refrescarse.
Hoy, con el avivamiento climático y la tendencia a recuperar cosas perdidas, parecía que el abanico podría volver a utilizar buena parte de aquel lenguaje, pero la tecnología no se detiene y ha creado un artilugio que amenaza seriamente su existencia: el ventilador de mano. Con la pasión que algunas personas demuestran por ese aparato, pronto alguien ideará una carcasa que se acoplará con el teléfono, de modo que en una sola mano lo llevemos todo y la otra mano quede libre para rascarse la nariz o lo que convenga.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.