Son ocho dolias o pequeños contenedores que los romanos empleaban para guardar productos. Acaban de aparecer en la calle Hostal d’en Sol, junto a la histórica sede de Correos de la Via Laietana de Barcelona. El barco más cercano está hoy -por la gracia de Google Maps- a 310 metros de distancia. Hace dos milenios, cuando se acaba de fundar la ciudad romana, el mar debe estar más cerca. Porque esas dolias sirven, muy probablemente, para almacenar productos listos para embarcar rumbo al imperio; al romano, claro. Y porque justo detrás está la muralla que los fundadores de la ciudad levantaron para protegerse.
Las dolias están en el subsuelo de la actual ciudad, “pero en cotas no tan bajas como cabría esperar”, informa Laia Macià, arqueóloga de los servicios municipales, que está trabajando en esta investigación, todavía en curso, y que trata de aprovechar la oportunidad de la reforma de la Via Laietana y sus aledaños para ver qué tenemos en el hojaldre de historia del subsuelo.
En una zona no muy alejada aparecieron hace unos años ciertas estructuras que se supusieron de un viejo puerto romano, que es una de las grandes incógnitas de la Barcelona inicial: ¿Hubo un puerto romano? ¿De qué tamaño? ¿Con qué capacidad? ¿Dónde estaba? ¿Queda algo de él, ahí debajo?
Una excavación reciente ha sacado a la luz restos de ocho dolias o pequeños contendores en un gran edificio en una zona que debió estar muy cerca del mar
Las dolias, añade Macià, “están vinculadas a un edificio muy grande que va teniendo usos sucesivos en el tiempo, con una reforma importante que situamos en el siglo III dC. En ese momento las dolias se tapan”. La estructura del edificio ahora descubierto tiene un paramento constructivo “que no está en las casas pobres, requería un cierto nivel de gasto”, y además han aparecido unos restos de estuco que podrían sugerir una decoración más o menos lujosa. El tamaño del edificio, con una pared de al menos doce metros de longitud, su ubicación entre la muralla y el mar y el embellecido interior “podría indicarnos que estamos ante un edificio público, que podría tener relación con el puerto, si nos ponemos a hacer conjeturas, pero no está demostrado”, ralentiza Macià.
“Pensamos que es un hallazgo importante, pero no lo podemos afirmar contundentemente. Yo soy muy prudente. No puedo hacer una afirmación categórica”, remarca la arqueóloga municipal.
Media docena de arqueólogos consultados coinciden en afirmar que Barcino con toda seguridad tuvo un puerto importante, y que fue un lugar clave en la ciudad. La economía de Barcino, basada en el vino, dependía de una conexión marítima, de modo que no pudo no haberla. “No sabemos dónde, pero sí que fue súper importante”, subraya Carme Miró, directora durante años del Pla Barcino.
“Del puerto de Barcino -expone Daniel Alcubierre, arqueólogo del Museu d’Història de Barcelona- no tenemos una estructura como tal, aparte de algunos fragmentos muy parciales, pero lo que sí tenemos es constancia de que Barcino recibe bienes de todo el Mediterráneo, como aceite, grano y conserva de pescado o productos de lujo, como marfil, vajillas o mármol griego, y que las ánforas de vino de Barcino han sido encontradas en Gran Bretaña y en Germania, con lo que no tenemos constancia precisa de por dónde salen y entran bienes, pero sí de que eso ocurre durante varios siglos”.
Todos los expertos coinciden en que Barcino tuvo mucho comercio marítimo, pero discrepan en si atracaban en un muelle o en la arena de la playa
“En la zona de Magoria, no lejos de la desembocadura del Llobregat, aparecieron unos silos enormes de época ibérica, anteriores a la la aparición de Barcino, lo que nos indica que por allí seguro que había un puerto importante en aquel tiempo previo a los romanos”, añade el investigador.
Como en otras ciudades del imperio, a lado y lado de la puerta de mar, o del Regomir (la calle del mismo nombre aún existe), existieron sendas termas, posiblemente para hombres y para mujeres; junto a ellas había un horreum, almacén de grandes dimensiones de uso portuario.
En un artículo de 2011, el arqueólogo Ramon Járrega establecía qué sabemos (y qué podemos intuir) sobre el puerto de Barcino, que debió tener “una importancia mayor de la que generalmente le atribuimos”. La concentración de fábricas de ánforas en la zona exterior que hoy correspondería al Born, que induce a pensar en una zona próxima de embarque, la “probable implantación de un portorium para controlar y tasar el tráfico de mercancías” y la también probable instalación de un contingente militar de vigilancia en la “praefectura orae maritimae laeetanae” indican que Barcino tuvo un portus estable, con capacidad de atraque y de hibernación, defiende Járrega.
La evolución posterior “nos es desconocida, pero el elevado volumen de cerámicas de importación documentadas durante la antigüedad tardía permiten deducir que siguió en uso. La documentación medieval hace pensar en la inexistencia o la escasa importancia del puerto en la Alta Edad Media, por lo que creemos que hacia el final de la Antigüedad debió quedar cegado por los aluviones de los torrentes”.
La catedrática de arqueología Isabel Rodà añadía en 2017 en otra investigación que “Barcino nació de cara al mar” y que “su zona portuaria tuvo una función primordial”. La ciudad nace como “centro administrativo de dimensiones reducidas para controlar el territorio entre el Besós (Baetulo) y el Llobregat (Rubricatum), ya explotado ampliamente por su riqueza minera de la zona de Gavà y vitivinícola en época tardo-republicana que dio origen a la proliferación de villas muy productivas y a un activo comercio marítimo que contaba además con la vía fluvial del Llobregat”, argumenta.
El arqueólogo Mikel Soberón, responsable de la excavación de un barco (medieval) que apareció cerca de la Barceloneta, cree que la historiografía local abusa de la idea de “puerto” porque “la palabra ‘puerto’ tiene glamur”.
Hay un dicho que dice que los cuatro mejores puertos del Mediterráneo [de la antigüedad] son Cartagena, Maó, julio y agosto”
“Todos amamos Barcelona y su historia, pero no hacemos ningún favor si la magnificamos, como unos padres repipis que creen que sus hijos son los mejores”. Soberón remarca que el nivel del mar estaba unos 50 centímetros por debajo de nivel actual, lo que redibuja por completo el litoral. “Es innegable que en Barcino había comercio marítio (de importancia relativa) que se canalizaba a través de algún espacio que de acuerdo a las evidencias era una simple playa. Aunque pueda sorprender, muchas ciudades de costa funcionaron hasta la era industrial como puertos sin ningún tipo de estructura artificial de importància ni condiciones naturales especiales, Barcelona o València serían un buen ejemplo (hay un dicho que dice que los cuatro mejores puertos del Mediterráneo son Cartagena, Maó, julio y agosto)”.
“Hasta donde sabemos no hay ningún indicio de estructuras portuarias en Barcino. Hipotetizar su presencia es simple suposición y no existe ningún fundamento. La franja litoral, muy cerca de la actual si eliminamos el trazado de la ronda y las obras del puerto contemporáneo, habría sido una playa abierta. En un sistema de base esclavista como el romano, el esfuerzo que podía representar trabajar en un puerto así lo hacían los esclavos, que para eso estaban. Seguramente no tuvo grandes muelles porque tampoco los necesitó”.
Ferran Puig, arqueólogo y ex director del Servei d'Arqueologia de Barcelona, remarca que la costa de hace dos mil años debía ser muy diferente a la de hoy: “No sabemos cómo era la línea de la costa”. Barcino se construye sobre el leve monte Tàber, de apenas once metros de altura sobre el nivel del mar, y se la rodea de una muralla de un kilómetro de largo, que la separará de sendas rieras, a lado y lado, que en su contacto con el mar crean lagunas que quizás eran navegables o al menos aptas como zona de atraque; además, estarían protegidas por Montjuïc, que creaba una pequeña bahía. Esas lagunas se llamarían a partir de la Edad Media Merdançà y Cagalell, porque por sedimentación quedaron aisladas del mar pero no de las cloacas de la ciudad.
Las lagunas, en todo caso, generaron en época romana otra importantisima industria: con junco, esparto y boga se fabricaban las cuerdas, un útil fundamental para atar caballos, y para fabricar arcos y útiles de pesca. También, por supuesto, para izar velas o atar a los barcos a sus puertos. Incluido el de Barcino.
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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.