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Cultura El reportaje

El despertar musical de Marvão

Los cien habitantes del pueblo que se alza entre Portugal y España, sobre una roca del Alentejo, celebran con fervor un festival

El despertar musical de Marvão
La Banda Sinfónica Portuguesa en el patio de armas del castillo de Marvão Pilvax Films-Sara Timar
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Actualizado hace 4 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Marvão ha pasado de ser el pueblo del silencio, en una atalaya natural de la sierra de São Mamede, en Portugal, a estar sumergido en la música clásica.
  • 02En las terrazas de los pocos cafés de esta localidad amurallada que se alza empinada sobre la cresta de una imponente roca de cuarzo que por un lado asoma al Alentejo y por el otro a la España vaciada de Cáceres, se puede oír Bach por la mañana, Vivaldi o Chaikovski por la tarde o Chopin al caer la noche.
  • 03Todo el mundo en esta joyita turística medieval de cien habitantes –en su pasado militar fue más boyante– sintoniza Antena 2, la radio clásica de Portugal.
  • 04Al menos durante los diez días del festival internacional de música que inició hace 12 años el director y violinista alemán Christoph Poppen.

Marvão ha pasado de ser el pueblo del silencio, en una atalaya natural de la sierra de São Mamede, en Portugal, a estar sumergido en la música clásica. En las terrazas de los pocos cafés de esta localidad amurallada que se alza empinada sobre la cresta de una imponente roca de cuarzo que por un lado asoma al Alentejo y por el otro a la España vaciada de Cáceres, se puede oír Bach por la mañana, Vivaldi o Chaikovski por la tarde o Chopin al caer la noche.

Todo el mundo en esta joyita turística medieval de cien habitantes –en su pasado militar fue más boyante– sintoniza Antena 2, la radio clásica de Portugal. Al menos durante los diez días del festival internacional de música que inició hace 12 años el director y violinista alemán Christoph Poppen. Un pope para los lugareños.

“La música clásica es una terapia de la mente. Yo no lo sabía, pero ahora la pongo a todas horas y me da calma”, razona Joaquim Chaparro, el carpintero del pueblo que hizo la concha acústica para el escenario del patio de armas de ese castillo árabe del siglo IX. “El maestro Poppen no sabe lo que ha hecho por nosotros, por este pueblo. Aquí es muy querido”, dice mientras sirve unos huevos revueltos en el comedor de una hotel rural con vistas al despejado horizonte del Alentejo. Estamos en una de las casas antiguas de la empedrada calle del castillo, encaladas en blanco, con puertas de robusta madera y dinteles de granito desnudo, casas hechas a veces con piedras tomadas del cercano yacimiento romano de Ammaia. En esta ha vivido hasta los cien años la maestra.

El festival es un no parar de recitales en iglesias –hay cuatro en este enclave que con la reconquista tuvo un resurgimiento como enclave militar– y de conciertos sinfónicos en el castillo o en las ruinas de Ammaia. Además hacen happenings y música de cámara en la gran cisterna que en otros tiempos recogía agua para poder sobrevivir seis meses en caso de asedio.

La soprano Juliane Banse y su esposo, el maestro Christoph Poppen, organizan el festival que trae a músicos de todo el planeta
La soprano Juliane Banse y su esposo, el maestro Christoph Poppen, organizan el festival que trae a músicos de todo el planetaPilvax Films-Sara Timar

Un mar de artistas entra y sale, llegan en los transfers desde el aeropuerto de Lisboa, a dos horas y media en coche. Vuelan de Europa y en gran medida de Asia, pues allí Poppen ha dejado huella como director de la Hong Kong Sinfonietta –que ha actuado este año aquí con el apoyo de la Fundação La Caixa, en alianza con el BPI– y en Seúl, Singapur o Tokio. Algunos son jóvenes talentos –impresiona la soprano coreana Sumi Hwang en la iglesia de N. Sra da Estrela– con carreras que despuntan. Vienen cobrando cantidades simbólicas, por fidelidad.

“Poppen ha sido profesor nuestro, vamos a donde nos llame”, dice Jang Yoon-Sun, la viola del Arete Quartet que en septiembre debuta en Barcelona, en la Bienal que organiza el Quartet Casals.

El maestro Poppen fundó el festival con su mujer, Juliane Banse: Marvão le enamoró y al día siguiente ya compraba una casa

Pero, ¿qué hace Poppen en este remoto punto del sur europeo?

“Me enamoré en cuestión de minutos. He estado en tantos lugares a lo largo de mi vida..., pero nunca vi o sentí esta energía. Me sentí atraído por el silencio y por la belleza: estás rodeado por cientos de km en los que no hay nada feo, ni una gasolinera, ni una fábrica. Aquí todo es bello”, dice saliendo de la iglesia de São Tiago, donde acaba de actuar su esposa, la soprano Juliane Banse, la musa para la que el fallecido dr. Roch creó la Schubertíada de Vilabertran en el Empordà. Nos dirigimos a su casa.

“Fue cosa del destino –añade Poppen abriendo el jardín–. Habíamos llegado haciendo un tour en bici y partíamos al día siguiente a las 10 h. Juliane tenía reticencias pero yo lo supe: esta era mi casa. La vi en venta por la noche y la compré por la mañana. Y sentado en este patio, en silencio y con Mozart en la cabeza, pensé que lo que faltaba era la música”.

La idea era traer amigos músicos y amantes de la música para mostrárselo. El pueblo era muy sencillo, un pequeño mercado, las iglesias, dos bares... “¿Te imaginas hacer aquí un festival?. Pero no tenía ni un euro. Así que cogí un libro de Marvão y me fui a Lisboa a preguntar a la Orquesta Gulbenkian, a la que no había dirigido nunca, si querían venir a dar un concierto conmigo. Lo pagué todo de mi bolsillo, por tener la experiencia”, dice el que antes de coger la batuta fundó el famoso Cherubini Quartet.

Tocaron dos noches en el castillo. Pero al alcalde le gustó tanto que propuso hacer dos fines de semana al año siguiente. De ahí la cosa derivó en diez días de festival. Y ahora es una cita profesional de 32 conciertos y más de medio millar de músicos, incluido el coro y la orquesta del festival. Y todo con un buen nivel de excelencia.

La localización de Marvão, muy privilegiada
La localización de Marvão, muy privilegiadaGetty Images/Cavan Images RF

La cita llama tanto la atención, sobre todo entre foráneos, que los pocos hoteles se reservan con un año de antelación, lo que dispara el precio y ahora empieza a hacerse costoso alojar a los artistas. También la oferta gastronómica se refina en ese pueblo que en invierno vive bajo cero y por encima de las nubes -se dice que pueden ver el torso de las águilas, a sus 860 metros de altitud- y en verano supera los 40 grados. Ahí ha abierto el muy recomendable restaurante Fago, que ya sale en la guía Michelin.

¿Qué presupuesto tiene el festival? Cualquiera supondría que no baja del millón y medio de euros, “pero no los tenemos”. En realidad funcionan con la mitad. Al hecho de que la mayoría participa por amor al arte se suma el apoyo de La Caixa, que como no tiene CaixaForums en Portugal, decidió apoyar lo que ya existía y necesitaba un impulso. 

Lo explica el economista portugués José Pena do Amaral, del consejo de la Fundação La Caixa. “Este no es un caso aislado, la Fundación es el primer inversor social. Pero no estamos solos en este festival: hay otra fundación alemana que aporta lo mismo”, puntualiza. Y también otras entidades portuguesas que van cambiando. Y un conjunto de patronos privados que Poppen tiene la capacidad de movilizar. Durante unos años hubo un apoyo del Ministerio de Cultura portugués, pero no en los últimos años. El aporte llega del de Turismo: el gobierno lo mira desde este lado.

“Tener un festival con esa calidad en una región que esta fuera de los centros principales del país es algo único. Y además con la oportunidad de tener un maestro con esa talla internacional y su capacidad de organización...  que además se encuentra en un entorno interesante, con un sitio arqueológico y esa academia que Poppen está organizando para tener actividades todo el año. Una región, por otra parte, con articulación con España, que invita a ver qué se podría hacer con Cáceres y Mérida”, añade Pena do Amaral.

Lo raro sería que la cocinera de la cantina que alimenta a los artistas, una mujer de  83 años y piernas de acero –es lo que tiene trepar cada día por estas calles– no estuviera feliz de contribuir a cambio de calderilla. Y todos los artistas, que apenas cobran, quieren volver...

“En cierto modo Marvão es como Vilabertran, todo queda concentrado aquí y la gente viene a disfrutar de la música, no a lucir joyas”, concluye Juliane Banse, que a finales de agosto celebrará en la Schubertíada de la localidad catalana un concierto junto al Quartet Casals en homenaje a Jordi Roch, su fundador. “Es cierto, aquí no te puedes poner tacones, los adoquines de matan”, sonríe mientras despide esta edición que ha abarcado con sus programas hasta cien compositores de los últimos mil años de historia de la música.

Maricel Chavarría
Maricel Chavarría
Cultura

Es redactora de La Vanguardia desde 1989, responsable en los últimos años de las áreas de ópera, danza y música clásica para la sección de Cultura. Anteriormente se especializó en temas de igualdad entre sexos y solidaridad. Ha publicado series sobre la prostitución y la evolución de las costumbres sexuales. Nacida en 1967 en Tortosa, en la comarca del Baix Ebre, es licenciada en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona y en fotoperiodismo por el International Center of Photography de Nueva York

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.