Ocultación, encubrimiento, desaparición del Sol por interposición de la Luna. El tercer sustantivo, desaparición, en griego era ékleipsis, y pasando por el latín llegó a nuestro eclipse. Así pues, hablamos de desaparición, porque un astro se coloca en línea con otros dos, de modo que el del medio hace desaparecer al tercero a ojos del primero. Y eso, ¿ cómo lo hace? Pues por arte de magia, porque son realmente mágicas las proporciones que se establecen entre el Sol, la Luna y la Tierra.
Huelga decir que el Sol es mucho mayor que la Luna, como nos enseñan en el colegio. El primero es una estrella y el segundo es un satélite del planeta Tierra. La palabra que tenemos para hablar de los tres es astro, que es el sustantivo que abarca desde las grandes estrellas hasta los pequeños asteroides, es decir, todos los cuerpos celestes.
El número mágico que logra que los dos astros tengan el mismo tamaño a ojos de los terrícolas es el 400
¿Pero cuál es la magia? Si nos imaginamos que el Sol es un globo, dentro cabrían 64 millones de Lunas. En cambio, el 12 de agosto, sobre las ocho y media de la tarde, esta Luna diminuta tapará, esconderá, ocultará, hará desaparecer, eclipsará completamente el Sol, como si los dos astros tuvieran el mismo tamaño. Así pues, faltan más datos.
El número mágico, el dato que logra que, aparentemente, la Luna y el Sol tengan el mismo tamaño a ojos de los terrícolas, es el 400. El diámetro del Sol suma 400 veces el diámetro de la Luna. Ya no son 64 millones de Lunas de volumen, pero siguen siendo muchas, 400, para que una sola eclipse todo el Sol. El otro 400 mágico es el de la distancia, porque el Sol está unas 400 veces más lejos de la Tierra que la Luna. Esta proporción es la que logra que los veamos aproximadamente parecidos de tamaño y que, en el caso de un eclipse, la Luna cubra completamente el Sol, visto desde la Tierra.
Como los movimientos de los astros del sistema solar no se producen en círculos exactos, si el Sol está más próximo a la Tierra, entonces se produce un eclipse anular, porque la Luna no llega a esconder del todo al Sol y aparece una especie de aura en torno a nuestro satélite natural.
Fíjense que he usado un adjetivo calificativo para definir la Luna, “nuestro satélite natural”, porque hoy la proliferación de satélites artificiales ha acabado arrebatándole su nombre original. Cuando hablamos de satélites, indefectiblemente pensamos en esos aparatos que orbitan la Tierra, aportándonos datos, vigilándonos y controlándonos. En cambio, la Luna acompaña a la Tierra y a todos nosotros, nos protege, regula las mareas, los cultivos e incluso los partos, como si fuera nuestra guardia personal, nuestra escolta, la guardia de corps, que es precisamente el sentido original de satélite.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.