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Cultura Palau Sant Jordi, 30 de octubre

Valeria Castro: “Buscando un refugio nos entregamos a otros, y eso pasa factura”

La cantautora canaria da el salto a los grandes escenarios con el disco ‘El cuerpo después de todo’

Valeria Castro: “Buscando un refugio nos entregamos a otros, y eso pasa factura”
Valeria Castro, en la librería La Conxita del barrio de Sants donde presentó su concierto en el Palau Sant JordiMane Espinosa
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Actualizado hace 2 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01La inocencia no está reñida con el sufrimiento, todo lo contrario: vivir sin cortapisas puede agudizar el dolor, aunque también abre la puerta a sanarlo con más eficacia, en especial cuando la experiencia se transforma en música.
  • 02Esa es la especialidad de Valeria Castro, voz suave y trémula que canta a las emociones con una proximidad ahora puesta a prueba.
  • 03Y es que la artista canaria ha pasado de los pequeños escenarios a tocar en grandes recintos como el Movistar Arena o, en septiembre, el Palau Sant Jordi (30 de octubre, dentro del festival GuitarBCN; antes pasa por Cap Roig el 5 de agosto), un reto para esta artista que ha hecho de la proximidad baza para atraer a su público.
  • 04La inocencia no está reñida con el sufrimiento: vivir sin cortapisas puede agudizar el dolor, aunque también abre la puerta a sanarlo con más eficacia, en especial cuando la experiencia se transforma en música.

La inocencia no está reñida con el sufrimiento, todo lo contrario: vivir sin cortapisas puede agudizar el dolor, aunque también abre la puerta a sanarlo con más eficacia, en especial cuando la experiencia se transforma en música. Esa es la especialidad de Valeria Castro, voz suave y trémula que canta a las emociones con una proximidad ahora puesta a prueba. Y es que la artista canaria ha pasado de los pequeños escenarios a tocar en grandes recintos como el Movistar Arena o, en septiembre, el Palau Sant Jordi (30 de octubre, dentro del festival GuitarBCN; antes pasa por Cap Roig el 5 de agosto), un reto para esta artista que ha hecho de la proximidad baza para atraer a su público.

La inocencia no está reñida con el sufrimiento: vivir sin cortapisas puede agudizar el dolor, aunque también abre la puerta a sanarlo con más eficacia, en especial cuando la experiencia se transforma en música. Es la especialidad de Valeria Castro, voz suave y trémula que canta a las emociones con una proximidad ahora puesta a prueba: la artista canaria, que ha hecho de la proximidad baza para atraer a su público, ha pasado de los pequeños escenarios a tocar en grandes recintos. En septiembre, el Palau Sant Jordi (30 de octubre, dentro del festival GuitarBCN). Hoy actúa en Cap Roig.

Sus conciertos, reflexiona, son “de mucha intimidad, introspección y conexión uno a uno, visceral”. “Un escenario grande no me va a cambiar, voy con mi proyecto de siempre”, explica Valeria Castro en la librería La Conxita del barrio de Sants, donde aprovecha para comprar unos cuantos libros antes de comenzar la entrevista. Sus conciertos, reflexiona, son “de mucha intimidad, introspección y conexión uno a uno, visceral”. El secreto de la canaria es convertirse en una más del público, “entender que eres el canal para contar las cosas; pero las vivencias, la historia de cada uno puede residir en todas las canciones”, apunta.

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El ascenso de Valeria Castro fue de 0 a 100 desde la publicación de su primer disco, Con cariño y con cuidado en el 2023, con una exitosa gira de presentación, la presencia de su música en series como Élite y la composición del tema de la película El 47, de título El borde del mundo. El siguiente paso fue El cuerpo después de todo, álbum reflexivo, mirada emocional hacia el interior a partir de experiencias personales que no rehúyen las dudas, la incertidumbre o el dolor y su afectación en el cuerpo. No en vano se pregunta “Cómo queda el cuerpo después de todo” en el tema que da título al disco.

“Recuerdo terminar la canción con el verso ‘cuando uno no puede’, y saber que en todas las canciones hablaba de eso, del límite, la percepción de cómo nos afecta todo lo que nos sucede”, destaca la cantautora. El título no es interrogativo, explica, porque prefirió dejar la reflexión abierta al oyente “¿Qué le llama cuando hablas del cuerpo después de todo?¿Es la satisfacción de lo conseguido o el sufrimiento pasado?”. Lo interesante para Castro no es saber si después de todo llegaste, “sino cómo llegaste, porque lo pasado no es bueno ni malo, es la vida misma pasando por todas nosotras, con su drama pero también con la expectativa de que ese cuerpo que quedó dañado y dolorido, pero a lo mejor quedó también sanado”.

Con una sonrisa franca que parece acompañarla a todas partes, Valeria recuerda el proceso de grabación del disco en compañía de Carles Campi Campón, productor de Jorge Drexler. “Ahora es amigo y compañero, pero era un sueño producir con él”, comenta, destacando su trabajo en el penúltimo disco del uruguayo, Tinta y tiempo. “Tiene un punto naif de ir probando, me decía mucho una frase que me sigo repitiendo: ‘cuando lleguemos a ese río, cruzaremos ese puente’”.

No fue el único lujo que Castro se permitió en la grabación el disco, para lo que viajó a Ciudad de México, tierra que conoce de sus giras y que le permitió alejarse del ruido para preguntarse, precisamente, cómo queda el cuerpo después de todo. “En Latinoamérica hay una mitad del día donde la gente aquí está durmiendo, por lo que sólo existe lo que hay allí”, una distancia espacio-tiempo que le permite aislarse. La canaria viajó a la capital mexicana con cinco canciones en el capazo para probarlas junto a una banda de seis músicos, con la premisa de tocar sin encender la grabadora, por el puro placer de hacer música. “Fuimos a jugar con las canciones, casi ninguno de los músicos está acostumbrado a tocar en el estudio sabiendo que no quedará nada de eso, aunque por suerte quedó”.

Porque la falta de presión permitió sacar buenos cortes de sesiones parecidas a una jam, “si alguno no quería tocar, no tocaba, y si alguien quería criticar lo que se hacía, también podía. Fue bonito ver lo visceral de la música y la presencia humana”. De este modo cada músico aportaba los arreglos que creía conveniente, con la música colectiva como contrapeso de los problemas personales que resuenan en las canciones. “Ha sido un disco muy personal donde hablo de miedos y complejos, pero he querido tratarlos como si fueran problemas colectivos, porque no es posible que sea yo la única en esta situación”.

De este viaje musical surgieron temas como Devota, donde Castro canta que es “dueña del cuerpo que habito” como recordatorio de que “no necesitas las manos de nadie, no puede haber otro u otra que sea dueña de ti, tienes que serlo tú”, afirma. “Muchas veces, por la búsqueda de un cariño ajeno o un refugio nos entregamos a otros, y eso pasa factura”. Más ligera es Sentimentalmente, cumbia nacida del ritmo latino canario de espíritu opuesto a El tiempo que no estés, donde la cantautora volcó el temor que le provocaba la pérdida de su abuela cuando todavía estaba viva.

“Es una canción sin estribillo, como una carta”, comenta del tema más recogido del disco. “Nunca le dije a mi abuela que era para ella, la forma de comunicarnos con los mayores depende de cómo sea el otro y cómo te sientas tú”, reflexiona. “Puedes verbalizar el miedo a la muerte o no hacerlo, y a mí no me gustaba porque ella era muy viva”. Fue el tema más duro de componer, y todavía le cuesta cantarla en directo, sólo lo ha hecho una vez. “Me sigo preguntando qué voy a hacer ahora que no está, pero tengo la música, y me gusta haber hecho presente estas sensaciones cuando ella todavía estaba entre nosotros, esa guerrera que tanto he mencionado en los conciertos”, apunta de la anciana, que afirmaba orgullosa en la isla: “Mi nieta me ha hecho internacional”.

Aunque esta música le permitió a Castro sacar lo que llevaba dentro, no le impidió sufrir un colapso mental el pasado octubre, que la llevó a suspender parte de la gira y coger una baja laboral “como puede hacerlo un médico o un profesor, una cantante también es una trabajadora como cualquier otra y puede tener una dolencia, una enfermedad que no le permita ejecutar su trabajo”, recuerda, poniendo el foco en lo médico del asunto para no “romantizar” estas situaciones. “No estuve descansando en una playa, para eso están las vacaciones, fueron dos meses que pasé en mis propios procesos”, puntualiza, consciente de que la posibilidad de hacer este parón es un privilegio en su oficio. “Tenemos que luchar para que las bajas sean más dignas, y no tengamos un sistema capitalista donde no puedes frenar por necesidad personal”. Porque más allá del sentimiento que pone en su música, Castro no olvida que lo importante al final es “poner a la persona en el centro”.

Sergio Lozano
Sergio Lozano
Periodista

Forma parte de la redacción de La Vanguardia · Barcelona.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.