Un parto complicado, una madre en riesgo de morir, un bebé en apuros. Hace 6.000 años, en los Dolomitas italianos, la única solución viable fue practicar la maniobra de extracción obstétrica más antigua conocida, lo que vendría a ser el primer nacimiento asistido documentado.
Pese a los esfuerzos por sacar al feto, el recién nacido no superó el traumático parto. Sus restos fueron descubiertos por investigadores de las universidades Federico II de Nápoles, de Trento y la de Newcastle en el valle de Lamen, entre los montes Vette Feltrine, dentro del Parque Nacional de los Dolomitas Belluneses (Véneto).
Un parto a 1.100 metros de altitud
Según explican los arqueólogos en un artículo publicado en la revista Journal of Archaeological Science: Reports, el análisis de los restos del bebé neolítico reveló que el niño estaba aproximadamente en la semana cuarenta de gestación cuando su madre se puso de parto en el yacimiento de Ripari Alti, a 1.100 metros sobre el nivel del mar.
La datación por radiocarbono sitúa la muerte del pequeño entre el 3932 y el 3653 antes de Cristo, en las fases finales del Neolítico, un periodo donde las comunidades alpinas frecuentaban cada vez más los valles interiores y altitudes medias y altas, quizás como parte de las actividades de pastoreo, caza y explotación de los recursos de montaña.
El trabajo permitió reconstruir un posible traumatismo durante el nacimiento a partir de los escasos y frágiles restos óseos conservados. Los expertos encontraron una fractura ocurrida cuando el hueso aún estaba “fresco”, diferenciándola de aquellas producidas en milenios posteriores por los efectos del tiempo y el medio ambiente.
La rotura del húmero, el hueso del brazo que va del hombro al codo, encaja con las tensiones que se producen durante un parto particularmente difícil. De hecho, la comparación con la literatura clínica moderna indica que la lesión pudo haber sido causada por las maniobras necesarias para completar el nacimiento.
“La evaluación de las lesiones mediante microscopía óptica permite detectar pequeñas escamas resultantes de una fractura en hueso fresco, invisibles con un microscopio convencional”, explica Omar Larentis, del Laboratorio Bagolini de la Universidad de Trento y primer autor del artículo.
“Esta evidencia -destaca Larentis- fue clave porque demuestra la fuerza ejercida durante un parto difícil, probablemente acompañado de intentos de extracción manual. Hace casi 6.000 años ya existía conciencia de los riesgos del parto y tenían capacidad de intervenir con maniobras físicas para ayudar a las madres y a los recién nacidos en los momentos más críticos”.
La investigación no se limitó al trauma. También se centró en la salud y la dieta en el Neolítico a partir de pequeñas alteraciones porosas en los huesos del recién nacido, en las tibias y la mandíbula, un signo de estrés nutricional o metabólico experimentado antes del nacimiento.
Esto indica, según señalan los especialistas en un comunicado, que la madre pudo haber sufrido deficiencias nutricionales (como la falta de vitaminas C y D, que provocan enfermedades como el escorbuto y el raquitismo, respectivamente) durante la gestación.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.