No lo recordarán los más jóvenes del lugar. Pero, a finales de los años 70, concretamente del 11 de abril de 1978 al 5 de enero de 1979, causó furor en nuestro país una sitcom producida por la británica Thames titulada Un hombre en casa. La daban en la Primera cadena –entonces no había más que dos–, a eso de las 23.00, un poco tarde porque, en teoría, no era para niños: Robin Tripp, un aspirante a cocinero con las generosas patillas y la sonrisa torcida (consecuencia de un accidente de cricket) de Richard O’Sullivan compartía piso con dos chicas de su edad –Paula Wilcox y Sally Thomsett–, con los consiguientes equívocos, propios de la época, y tensiones sexuales no resueltas, para escándalo de sus caseros y vecinos, George y Mildred Roper –Brian Murphy y Yootha Joyce–, que tuvieron su propio spin-off. Siguió una tercera serie en la que Richard O’Sullivan retomó el personaje que había brillado por su ausencia en Los Roper. El nido de Robin era también el nombre del bistró que Robin, ya convertido en un competente chef, abría con la ayuda de su novia (Tessa Wyatt) y de su suegro (James Nicholls), y la sitcom, creada –como las anteriores– por Johnnie Mortimer y Brian Cooke, volvió a ser un éxito de risas enlatadas. Aunque Robin siempre será recordado como aquel pionero ejemplo de nueva masculinidad unido en la precariedad con sus compañeras de piso. En 1979, O’Sullivan sorprendió en nuestra pequeña pantalla con un personaje mucho más clásico: el bandolero con tricornio Dick Turpin, icono juvenil desde el siglo XIX.
Más allá de estos grandes hitos catódicos, O’Sullivan tuvo una prolífica carrera, de casi cien títulos entre cine y televisión, porque empezó como actor infantil. Tras una temprana formación teatral, debutó como extra en la película Amenaza siniestra (J. L. Thompson, 1953), y al cabo de un año ya protagonizó La mano del extranjero, adaptación de un relato de Graham Greene en la que era un niño que buscaba a su padre, secuestrado en Venecia. Siguieron numerosos pequeños papeles y apariciones en series de televisión, con algunos momentos destacados en un par de vehículos para Cliff Richard y la colosal Cleopatra (1963), donde fue el faraón Ptlomeo XIII. Pero su prometedora carrera no se materializó hasta el rol recurrente de la sitcom Doctor at large (1971) y más adelante, como coprotagonista, en Alcock and Gander (1972), una primera creación de Mortimer y Cooke para la Thames. En ella también aparecía brevemente Brian Murphy, el futuro Sr Roper, que los guionistas ya retuvieron para el papel de una serie que rompió no pocos tabúes, ya que no sólo no se concebía que un hombre y una mujer pudieran convivir sin estar casados, no digamos un hombre y dos mujeres, sino que, llegado el caso, tampoco se entendía que pudieran no vivir en pecado. Pero, a la hora de la verdad, nadie pecó en aquella casa, y no fue porque el deconstruido Robin no lo intentase hasta el último capítulo. Tampoco los Roper mantenían relaciones. Mildred no dejaba de quejarse de ello...

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.