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Cultura Entrevista a Camille Laurens

“Las mujeres también tienen impulsos, pero simplemente no se dejan llevar por ellos”

La escritora francesa publica 'Chica', una novela sobre la condición femenina vista a través de personajes de varias generaciones, a lo largo de unos sesenta años

“Las mujeres también tienen impulsos, pero simplemente no se dejan llevar por ellos”
La escritora francesa Camille LaurensFrancesca Mantovani © Editions Gallimard
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Actualizado hace 30 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Tras el movimiento MeToo, Laurence Ruel, más conocida por su seudónimo Camille Laurens (Dijon, Francia, 1957), se preguntó qué consecuencias negativas había tenido en su vida, desde su nacimiento, el simple hecho de ser niña.
  • 02Se imaginó que iba a ser larga, pero no que iba a ocupar varias páginas. “Abarcaba desde insultos hasta tocamientos no deseados, desde la falta de respeto común hasta la violación, desde el acoso callejero hasta la dominación patriarcal”, confiesa a  La Vanguardia  en un largo correo electrónico.
  • 03Asimilar todo le llevó un tiempo, pero pronto supo que tenía que dedicar un libro a la condición femenina vista a través de personajes de varias generaciones, a lo largo de unos sesenta años.
  • 04El resultado es  Chica, una novela cuya traducción en castellano llega ahora a las librerías de la mano de Malpaso.

Tras el movimiento MeToo, Laurence Ruel, más conocida por su seudónimo Camille Laurens (Dijon, Francia, 1957), se preguntó qué consecuencias negativas había tenido en su vida, desde su nacimiento, el simple hecho de ser niña. Hizo una lista. Se imaginó que iba a ser larga, pero no que iba a ocupar varias páginas. “Abarcaba desde insultos hasta tocamientos no deseados, desde la falta de respeto común hasta la violación, desde el acoso callejero hasta la dominación patriarcal”, confiesa a La Vanguardia en un largo correo electrónico. Asimilar todo le llevó un tiempo, pero pronto supo que tenía que dedicar un libro a la condición femenina vista a través de personajes de varias generaciones, a lo largo de unos sesenta años. El resultado es Chica, una novela cuya traducción en castellano llega ahora a las librerías de la mano de Malpaso.

Laurence Barraqué, la protagonista de su historia, se pregunta si la posición de las niñas es inferior a la de los niños, debido al lenguaje y la educación de sus padres. ¿Recuerda si hubo un momento en que usted se cuestionara eso mismo?

Al igual que Laurence, comprendí, o mejor dicho, sentí desde muy joven, que una hija era una “decepción” para un padre que soñaba con tener un hijo. En el colegio, la regla gramatical colgada en la pared, “lo masculino prevalece sobre lo femenino”, recalcaba una “ley” que, sin duda, también regía las normas sociales. Pero fue especialmente durante la adolescencia cuando se hizo evidente la diferencia en la educación con respecto a los chicos, ya que a las chicas se les concedía mucha menos libertad.

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¿Cómo nos moldea el lenguaje y la gramática?

Podríamos pensar que una regla gramatical solo afecta a la ortografía o la sintaxis. Pero, con el tiempo, se graba en nuestra mente y la interiorizamos, influyendo incluso en nuestro comportamiento. El lenguaje no es solo una herramienta de comunicación; también puede moldearnos, manipularnos sutilmente y convertirse en un modelo de pensamiento compartido.

Propone pues rebelarse contra las normas lingüísticas.

Es beneficioso para la evolución y para escapar del determinismo subyacente. Estoy segura de que la feminización de los títulos profesionales impulsa la causa de las mujeres. Y cuando podamos decir “¡sé mujer!” y ya no solo “¡sé hombre!” para fomentar el coraje y la valía moral, la sociedad estará más en sintonía con la verdad.

¿Hay forma de cambiar el lenguaje o dotarlo de un significado distinto?

Durante siglos, los hombres dominaron el lenguaje y el conocimiento; las niñas ni siquiera iban a la escuela. Este poder masculino se refleja en el lenguaje, las leyes y las mentalidades. Algunos periodos han sido ligeramente más favorables para las mujeres, pero los retrocesos reaccionarios son numerosos. Por ejemplo, en Francia, palabras como “poétrice” (poetisa) y “autrice” (autora) existían en el siglo XVI, y fue la Academia Francesa, compuesta exclusivamente por hombres en aquel entonces, la que posteriormente las eliminó del diccionario. Y aún hoy, en 2026, sigue siendo una lucha recuperarlas para el uso común. Esto puede parecer trivial comparado con otros problemas más fundamentales, pero todo tiene sentido. La lucha feminista está lejos de haber terminado. Lo mejor que podemos hacer por el futuro reside en la educación, tanto en la escuela como en el hogar.

“Los hombres temen por su honor mientras que las mujeres temen por sus vidas”, reflexiona la protagonista.

El poder masculino se ejerce principalmente sobre las mujeres mediante la fuerza y la violencia. Y, hasta ahora, todo ha sido diseñado por y para hombres, incluyendo la planificación urbana. La ciudad pertenece a los hombres; una mujer lucha por moverse libremente sin miedo. Algunos amigos, tras leer en Chica que las mujeres temían caminar solas por la calle de noche, se quedaron completamente perplejos: no tenían ni idea, pues no concebían el riesgo. También escribí este libro para visibilizar la vida cotidiana de las mujeres: siempre llevan consigo la posibilidad de una amenaza. Es una carga mental constante, una más que soportar.

¿Qué significa para Laurence, y para usted, ser una mujer en el siglo XXI?

Todo depende de dónde se formule la pregunta. Para algunas mujeres, el siglo XXI es una pesadilla. Pienso, por ejemplo, en Afganistán. En los países occidentales, las mujeres han logrado muchos avances en comparación con sus madres y abuelas, en el ámbito social, profesional y familiar. Sin embargo, las reacciones machistas permanecen y nada está garantizado, como vemos a diario con el aumento de los feminicidios y las agresiones. Seguiremos siendo el segundo sexo mientras los hombres no acepten que todos los seres humanos somos iguales. La pelota está en su tejado. Es difícil renunciar a la supremacía. La antropóloga Françoise Héritier predijo que se necesitarían siglos para alcanzar la igualdad entre los sexos.

De la novela se extrae que una mujer experimenta muchos más acontecimientos traumáticos en su vida que en un hombre. La protagonista sufre incesto, violación, la muerte de un niño al nacer… y realmente todo eso puede vivirlo una misma persona, pese a que alguien se atreva a decir que no es verosímil para una ficción, ¿no es así?

Son muchos los que me han dicho que narrar todo eso no es verosímil. ¡Incluso mujeres! Y lamento esta crítica profundamente, especialmente cuando viene de ellas. Resulta que, a lo largo de mi dilatada vida, he vivido experiencias traumáticas, todas ellas vinculadas, de una u otra forma, al abuso masculino. Muchas mujeres han sufrido experiencias similares, incluyendo violación y agresión sexual, y también, casi de forma rutinaria, todo tipo de abuso físico y psicológico. No eché leña al fuego: la situación ya era crítica.

Laurence lamenta en sus páginas que se justifique a los hombres por sus impulsos.

Durante mi infancia y adolescencia, escuché este argumento muchísimas veces: el supuesto impulso masculino irreprimible e incontrolable se contraponía a la pasividad femenina. Pero las mujeres también tienen deseos, incluso impulsos; simplemente no se dejan llevar por ellos. Estos clichés sexistas están completamente desfasados, y la masculinidad posterior al movimiento MeToo se beneficia enormemente de cultivar el autocontrol.

¿Y después del MeToo… qué queda?

El movimiento ha dado voz a las mujeres, y eso es extraordinario. Espero que jamás se vuelva a silenciar todo esto. Poder hablar, testificar, quejarse, exigir justicia: son avances increíbles. Desde el MeToo, las mujeres se atreven a hablar.

La invisibilidad de las mujeres a determinada edad también está muy presente en su libro.

Eso es. Con el tiempo, la dominación masculina adopta otra forma: a medida que las mujeres envejecen, se vuelven… ¡invisibles! Dejan de ser objeto de deseo y de ser capaces de reproducirse, escapando así a la mirada y al interés masculino. En cierto modo, esto supone un alivio; pero, por otro lado, una mujer existe en sí misma, con sus propias cualidades y capacidades, y estas siguen siendo válidas incluso después de que los hombres las hayan invalidado.

¿A qué conclusiones ha llegado tras escribir este libro? ¿Sigue siendo una maldición nacer mujer?

En algunas partes del mundo, sigue siendo una maldición, y soy muy consciente de ello, lo que me ayuda a poner en perspectiva las dificultades que enfrentan las mujeres nacidas en otros lugares. Tenemos la fortuna de poder tomar las riendas de nuestro destino, de creer en un futuro mejor. Por eso estructuré mi novela como un viaje desde el decepcionante anuncio inicial al nacer, “Es una niña”, hasta la frase final, “Es maravilloso, una niña”. La inclusión de un pequeño adjetivo elogioso, “maravilloso”, cambia por completo la perspectiva: la maldición inicial se convierte en una oportunidad, una bendición. ¡Es tan maravilloso ser mujer y tener una hija!

Lara Gómez Ruiz
Lara Gómez Ruiz
Cultura

Lara Gómez (Barcelona, 1993) es licenciada en Periodismo por la Facultat de Comunicació i Relacions Internacionals Blanquerna y está especializada en cultura y género. Aunque lo intentó, nunca llegó a aprender alemán. Su gran pasión es escribir, por lo que todo aquello que ve es material sensible para transformarse en un pequeño relato o en un guion. Sueña con cubrir los Oscars in situ.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.