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Miquel Molina
Director adjunto

Propuesta de una ofensiva para salvar libros

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Actualizado hace 30 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01No es fácil practicar hoy la bibliofilia.
  • 02De entrada, falla lo básico: el soporte para acumular libros en casa.
  • 03¿Alguien ha tenido que renovar hace poco sus estanterías?
  • 04A esos muebles, en los comercios habituales los siguen llamando  librerías, pero es obvio que ya no se diseñan con esa función.

No es fácil practicar hoy la bibliofilia. Todo son trabas. De entrada, falla lo básico: el soporte para acumular libros en casa. ¿Alguien ha tenido que renovar hace poco sus estanterías? A esos muebles, en los comercios habituales los siguen llamando librerías, pero es obvio que ya no se diseñan con esa función. En los modelos estándar, la distancia entre los estantes es excesiva, lo que reduce la capacidad de almacenar y obliga al lector de turno a apilar libros en posición horizontal encima de los verticales, para no desaprovechar el espacio.

Si se busca en los catálogos online de las tiendas, se verá que hay más estantes ocupados por floreros, fotos de familia, frascos de fruta en almíbar o souvenirs disparatados que por libros. Los pocos que salen en las fotos suelen ser catálogos de arte que nadie abre. En algunas imágenes, los libros incluso aparecen apilados del revés, con el lomo cara a la pared, no fuera que alguien sintiera curiosidad por un título o un autor y se le ocurriera leerlo. A estos muebles los llaman librerías igual que seguimos denominando ferretería a esa tienda donde se sirve más plástico, aluminio, latón, cobre o cable que hierro.

Comprar libros antiguos antes de que los destruya la IA es resistencia política

Hay una alternativa: encargar la librería a medida, con espacio a ras de suelo para los libros de arte y algún estante bajito para los cuadernos de ensayo, hoy tan en boga. Pero esta opción suele ser cara y está condicionada a la escasez de carpinteros.

Hay una explicación a la contradicción aparente entre esa desertización libresca de los pisos y el hecho de que el sector editorial goce de una razonable salud y de que las librerías (las de verdad) que abren superen a las que echan el cierre: probablemente, hay cada vez menos hogares con libros, pero también una minoría de hogares que acumulan cada vez más volúmenes, aunque haya que guardarlos apaisados o apilonados en el suelo, una solución tan romántica como antihigiénica.

Un ejemplar en una sala especializada en manuscritos de la UB
Un ejemplar en una sala especializada en manuscritos de la UBCervera

Porque el prestigio y la relevancia económica del sector del libro está fuera de duda. En defensa del hábito de lectura en papel, como cada año, se inicia mañana el Forum Edita Barcelona. Precedido por un merecido homenaje a la editora Beatriz de Moura, en el foro se constará que el del libro es un mercado que afronta incertidumbres pero sigue creciendo. Hay una fiel comunidad lectora (o más bien una comunidad compradora que tiende a apilar libros: que levante la mano quien en los últimos años no haya perdido su capacidad de concentrarse para leer) y unas librerías que van trampeando.

Al Forum Edita le sucederá la Setmana del Llibre en Català, pero este mes hay otra convocatoria que merece la atención no ya solo de los amantes del libro, sino de quienes asumen que leer de fuentes fiables es un ejercicio de resistencia política. Se trata de la Fira del Llibre d’Ocasió, Antic i Modern del paseo de Gràcia.

Porque ya no se trata solo de buscar lectura barata o de sucumbir al hábito de coleccionar ediciones antiguas, sino también de participar en el acto altruista de preservar la sabiduría generada durante siglos por la humanidad frente al apetito vandálico de la IA. Como avanzó este diario, empresas de este sector compran en todo el mundo cantidades ingentes de libros antiguos para entrenar sus modelos de IA, una vez se han zampado ya casi todos los datos que circulan por la red. Con el agravante de que los ejemplares son destruidos durante el escaneo.

¿La alternativa? Comprar, comprar y comprar para proteger. La resistencia de Farenheit 451 de Bradbury rescataba los libros del fuego a base de memorizarlos, pero hablamos de una época (la novela es de 1953) en que los humanos aún no tenían el cerebro frito por el abuso de dispositivos digitales y podían retener información. Hoy ya solo memorizan los opositores y los actores de teatro. Por eso, una manera de preservar ese legado es comprar todos los libros posibles –de primera, segunda o tercera mano– y convertir las casas y las bibliotecas en espacios de resistencia . Eso sí, hasta que llame Anthropic a la puerta, que todo llegará, y haga una oferta irresistible por nuestras reliquias.

Miquel Molina
Miquel Molina
Director adjunto

Director adjunto de La Vanguardia. Escribe cada semana un artículo de opinión sobre cultura y ciudades. Novelista. Último libro: 'Siete días en la Riviera'

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.