Llegar al medio centenar de libros le ha traído a Muriel Villanueva (Valencia, 1976) una cierta sensación de libertad. Después de años publicando a un ritmo que ella misma califica de “compulsivo” -tres y hasta cuatro títulos al año-, la escritora siente por primera vez que quizá ya no tenga nada que demostrar. “Me hace sentir una autora consolidada, segura”, admite. Pero, sobre todo, “hay una parte de mí que descansa. Es como decir: ya he demostrado que soy escritora, que puedo hacerlo, que no tengo que ganarme un lugar”.
Esa voluntad teórica (que no práctica) de frenar coincide con uno de sus momentos más inquietos creativamente. Villanueva está ahora mismo tanteando el sector audiovisual; trabaja en un posible proyecto televisivo y se mueve para conseguir que Duna, la novela juvenil que marcó un hito en su trayectoria, llegue al cine. Mientras tanto, acaba de publicar Capgirades (Estrella Polar), una aventura fantástica que sale literalmente de dentro de su casa y con la que ha salido de su zona de confort. “Siempre me he dedicado mucho al realismo, como mucho introduciendo elementos fantásticos, pero más cercanos al realismo mágico, a cosas extrañas u oníricas. En Capgirades, en cambio, me he ido a la magia de toda la vida”.
Mucho ha tenido que ver en ello su hije mayor. De ahí que comente que es una petición nacida en casa. Madre e hije partieron de una idea sencilla: ¿qué pasaría si una niña pudiera marcharse a vivir con su mejor amiga a una cabaña en medio del bosque? Después aparecieron las antípodas, Nueva Zelanda y todo un imaginario fantástico que requirió horas y horas de documentación, sobre todo en la búsqueda de animales.
Para Villanueva, esa colaboración ha sido también una pequeña experiencia de transmisión del oficio: mostrar todo lo que puede llegar a surgir de una primera ocurrencia. “Creo que ha sido una experiencia muy importante a nivel de empoderamiento. A partir de una idea y viendo todo el proceso, todo lo que puede salir de ahí”.
“Yo hago mi narrativa de siempre y ahora, de repente, hay un pájaro que habla”
Aunque Capgirades es su primera novela fantástica, Villanueva reconoce que no ha modificado especialmente su manera de trabajar. “Lo que hago es atacar cualquier escena desde la técnica que domino: construcción de personajes, escenificación, que la voz sea potente...”. Por eso su definición de cómo escribir fantasía resulta casi provocadoramente sencilla: “Yo hago mi narrativa de siempre y ahora, de repente, hay un pájaro que habla”.
Tras la magia de Capgirades, sin embargo, reaparecen temas que llevan años atravesando su literatura. La identidad. El lugar que cada uno ocupa dentro de una familia. Los secretos. El derecho a conocer los propios orígenes. Los vínculos entre hermanos. No lo hace desde la necesidad personal, casi visceral, con la que aborda muchas de sus obras de adulto. Lo hace con la mirada consciente de quién está al otro lado del libro. “Cuando hago cosas infantiles o juveniles estoy muy pendiente de esa responsabilidad de la escritora que está escribiendo libros sobre emociones y que, de alguna manera, está educando emocionalmente”, señala. “No es que ese sea mi objetivo. Mi objetivo es literario, es la aventura, es disfrutar de la lectura, son mil cosas. Pero el hecho es que, quieras o no, en una novela mía las emociones se mueven”, puntualiza.
Y es que la mayoría de sus personajes –desde Duna a Rut sense h, pasando por El cel de l’aigua, otra de sus últimas publicaciones- suelen afrontar conflictos internos, familiares o de identidad que la autora plasma desde la responsabilidad emocional que siente hacia sus lectores. Esa responsabilidad explica también su rechazo frontal a uno de los pecados que, a su juicio, puede cometer quien escribe para adolescentes: el paternalismo. “Uno de los errores es pensar que tenemos que escribir para que nos entiendan, como si no fueran a entendernos. Y entonces bajamos el nivel. Hablo de calidad literaria y hablo también del nivel de lengua”. Aunque introduce enseguida un matiz: no infantilizarlos tampoco significa olvidar que “quizá emocionalmente todavía no estén preparados para según qué cosas”.
De entre toda su bibliografía, hay un libro que estableció un antes y un después en la trayectoria de Muriel Villanueva. Duna. “Si la quitases de mi obra, yo sería otra escritora. Sería una autora dentro del ranking de muchísimos escritores catalanes. Con Duna soy otra cosa”. Es el libro que la ha llevado durante años a institutos y escuelas, que ha generado lectores particularmente fieles y que todavía provoca algo que le sigue sorprendiendo: encontrarse con adolescentes que se declaran fans.
'Duna' marcó un antes y un después en su trayectoria. Ahora busca llevar la obra al cine
La trayectoria de Muriel Villanueva está también llena de reconocimientos. Varios son los galardones que han premiado su escritura como el Carlemany por Rut sense hac, el Llibreter por Dunes, el Atrapallibres por El refugi del Tarek y, más recientemente, el Premio de la Crítica de los Escritores Valencianos y el Samaruc por El cel de l’aigua. Reconocimientos que para la autora apuntalan esa sensación de haber llegado a un lugar propio, construido libro a libro, desde el que por fin puede permitirse escribir sin urgencias.

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Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.