01Siempre se dice que el origen del jazz está en África, cuna del ser humano y tal vez el lugar donde más ha sufrido y sufre la especie a costa de su propia codicia.
02De allí pasó a América en bodegas de naves esclavistas, y a manera de venganza de la memoria se expandió hasta el presente, cuando dos voces de ambos lados del Atlántico han estrechado sus manos para reunirse en el Mercat de Música Viva de Vic.
03Amaro Freitas, pianista nacido en una favela de Recife, y Momi Maiga, intérprete de kora senegalés afincado en Catalunya, combinaron su arte en una actuación que fusionó los sonidos del Amazonas con la herencia de los djelis del África Occidental.
04Piano y kora -el arpa africana- ambos instrumentos de cuerda pulsada, jugaron a un mismo juego como si se tratase de un concierto a dos pianos.
Siempre se dice que el origen del jazz está en África, cuna del ser humano y tal vez el lugar donde más ha sufrido y sufre la especie a costa de su propia codicia. De allí pasó a América en bodegas de naves esclavistas, y a manera de venganza de la memoria se expandió hasta el presente, cuando dos voces de ambos lados del Atlántico han estrechado sus manos para reunirse en el Mercat de Música Viva de Vic.
Amaro Freitas, pianista nacido en una favela de Recife, y Momi Maiga, intérprete de kora senegalés afincado en Catalunya, combinaron su arte en una actuación que fusionó los sonidos del Amazonas con la herencia de los djelis del África Occidental. Piano y kora -el arpa africana- ambos instrumentos de cuerda pulsada, jugaron a un mismo juego como si se tratase de un concierto a dos pianos.
Contenido para suscriptores
Sigue leyendo con toda la información
Accede al artículo completo, al análisis de nuestros especialistas y a todo el contenido premium de La Vanguardia.
Artículos premium sin límite y sin publicidad intrusiva
Newsletters exclusivas y la edición impresa en PDF
↓ Vista de revisión · contenido bajo el muro (oculto en producción)
A oídos occidentales la kora, con su propia personalidad, puede sonar a piano, otras a pianola, a un arpa o a una guitarra de apuntes flamencos. Un poco de todo fue lo que llegó al público de Vic, en una noche que arrancó con maracas y flautas que recordaban a la fauna selvática. Le siguió “Fonya”, término empleado en Senegal para denominar al viento, que permitió escuchar la voz de Maiga alternar la melodía de la esperanza con el grito del dolor.
Por momentos la actuación pareció convertirse en una sesión improvisada, donde ambos instrumentos se retaban a interpretar los mismos pasajes, o dialogaban entre ellos con aromas arabescos, con momentos de gran delicadeza romántica. El piano de Freitas, que en su carrera ha absorbido los ritmos populares brasileños y los influjos africanos, sirvió de apoyo rítmico cuando Maiga así lo necesitó, mientras en otros momentos, como “Gabrielle”, voló libre mostrando la técnica definida del sudamericano. Por su parte Maiga, arraigado ya en Catalunya, sacó todos los jugos de la kora así como del público, al que hizo cantar en ‘Mbolo’ como expresión de la alegría que reinó durante toda la velada.
De más cerca llegó la música de Mar Pujol, cantautora de Prats de Lluçanès que ayer jugó en casa, como demostraron las gradas llenas en la sala principal del teatro L’Atlàntida. El público afín se acercó a escuchar las canciones de su último disco, ‘D’aquesta aigua no en beuré’, que verá la luz el próximo mes. En un ambiente íntimo de penumbra rutilante, la compositora se acompañó de Bruna González al chelo y los coros, además de la colaboración en algunos temas de Carmen Aciar, presente también en la grabación.
Las melodías que Pujol extrae de la guitarra sirvieron de base para sus poéticas canciones, que siguiendo lo hecho en ‘Cançons del rebost’, donde reflexiona sobre la falta de certidumbres en la vida.
“D’enganyar a ser sincera passa mitja vida”, cantaba Pujol en ‘Mitja vida’, pieza que abrió la actuación donde recuperó canciones de su anterior trabajo, como ‘L’hora justa’, ‘Per cada u’ o ‘Cabell d’àngel’. El chelo se encargó de añadir solidez, tierra y madera a los arpegios en ‘De saber no en sé’, mientras que con ‘La mà a la nit’ jugó a crear un poema únicamente con monosílabos como ya hiciera en ‘Flor de nit’, componiendo la parte más juguetona de un concierto sereno gracias al timbre suave y constante de la catalana que, con ‘He vist la mort’, dibujó ya al final de la actuación un último tránsito de la vida lleno de calidez.
En una jornada donde hubo espacio incluso para el pop comercial del ‘triunfito’ Ivan Herzog, la vertiente más experimental corrió a cargo de Gaia Banfi, que armada de teclados y percusiones electrónicas presentó el disco ‘La Maccaia’, nombre con que se conoce el clima húmedo y nuboso de la costa genovesa. Acompañada por un percusionista, la artista milanesa dio muestras de gran intensidad física al interpretar unos temas que pueden considerarse de electrónica de autor, sumamente barroca a costa de teclados, guitarra y voces grabadas que acompañaban a la de la propia Banfi, cuyo fragor artístico se tornaba dulce sonrisa cuando concluía cada tema.
Sergio Lozano
Periodista
Forma parte de la redacción de La Vanguardia · Vic.
Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.