Fernando Trueba: “'Bajañí' es una película que está hecha para los que amáis la música”
El cineasta hace doblete en el Festival de San Sebastián con una versión restaurada de 'Chicho o mientras el cuerpo aguante', de los años ochenta, y el estreno de un documental sobre Niño Josele
Fernando Trueba, en una imagen de archivo Mané Espinosa
01Fernando Trueba hace doblete en el Festival de San Sebastián.
02Después de presentar en Klasikoak la versión restaurada de su maravillosa Chicho o mientras el cuerpo aguante  (1982), sobre su encuentro con el cantautor Chicho Sánchez Ferlosio, que regresa a las salas comerciales esta semana, se apresta a presentar  Bajañí, otro documental en el que sigue al Niño Josele en una odisea musical por todo el mundo que culmina en la tumba de Antonio Carlos Jobim.  Dos buenas muestras del más melómano de nuestros cineastas vivos.
03Chicho está dominada por la palabra del cantautor, que tanto canta con su amada Rosa Jiménez por las calles de Palma de Mallorca como comenta, en su casa de Sóller, sus invenciones matemáticas o su militancia política.
04En Bajañí, por el contrario, no hay comentarios a cámara, las únicas palabras que suenan son las de las canciones, en una sucesión de actuaciones en las que Niño Josele actúa acompañado de los más insignes músicos, desde Ron Carter a Caetano Veloso, pasando por la gran Marisa Monte o Rubén Blades.
Fernando Trueba hace doblete en el Festival de San Sebastián. Después de presentar en Klasikoak la versión restaurada de su maravillosa Chicho o mientras el cuerpo aguante (1982), sobre su encuentro con el cantautor Chicho Sánchez Ferlosio, que regresa a las salas comerciales esta semana, se apresta a presentar Bajañí, otro documental en el que sigue al Niño Josele en una odisea musical por todo el mundo que culmina en la tumba de Antonio Carlos Jobim.
Dos buenas muestras del más melómano de nuestros cineastas vivos. Chicho está dominada por la palabra del cantautor, que tanto canta con su amada Rosa Jiménez por las calles de Palma de Mallorca como comenta, en su casa de Sóller, sus invenciones matemáticas o su militancia política. En Bajañí, por el contrario, no hay comentarios a cámara, las únicas palabras que suenan son las de las canciones, en una sucesión de actuaciones en las que Niño Josele actúa acompañado de los más insignes músicos, desde Ron Carter a Caetano Veloso, pasando por la gran Marisa Monte o Rubén Blades.
Niño Josele ha estado tocando en San Sebastián, Chicho falleció hace más de veinte años. En su momento, Chicho o mientras el cuerpo aguante no gustó a la crítica, hasta el punto que Trueba arrojó un cubo de agua al ya fallecido Diego Galán, posteriormente director del festival de San Sebastián. Hoy es una auténtica película de culto.
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¿Está de acuerdo en que, desde que no está Carlos Saura, es usted nuestro cineasta más melómano?
La verdad es que la música siempre ha estado ahí y, con el paso de los años, me he dado cuenta de que, hasta los personajes de películas no musicales, como Ópera prima o Sal gorda, son músicos. Pero no es algo premeditado.
Niño Josele en una imagen de archivo PABLO SÁNCHEZ
En Tenéis que venir a verla, su hijo Jonás le retrata de espaldas en un concierto de Chano Domínguez, ¿no le parece significativo?
No pensaba que me reconociera, para mí quedaba en una cosa de familia.
¿Qué me puede decir de esa película secreta que han rodado juntos, Las abdicaciones (Una comedia histórica)?
No puedo contar mucho. Creo que se va a poner en primavera. Es una película experimental, muy atípica, que sólo se ha visto en la retrospectiva que le hicieron el Pompidou donde fue el “film surprise”.
¿Cómo cree que ha influido en el cine de Jonás?
Si le he influenciado es por haberle transmitido mi amor por el cine, los libros, el arte y la música. Desde niño le ponía películas y músicas bonitas. Cuando empezó a leer le daba libros que le pudieran enviciar, porque ya veía entonces que los niños no leían tanto. No quiero pensar ahora. Le di por ejemplo el primer Ripley, porque mi mujer y yo éramos muy fans de Patricia Highsmith. Me dijo: ¡El protagonista es un asesino! Y por ahí se enganchó.
En Chicho, donde se puede ver al equipo de rodaje, llama la atención lo mucho que se parecen usted de joven y Jonás, ¿cree que también es la película que más se parece al cine que hace su hijo?
Eso me han dicho, que nos parecemos físicamente. Chicho es una película totalmente improvisada, mientras que las de Jonás, aunque parezcan muy abiertas, tienen una caligrafía muy cuidada. Es bonito que aparezca todo el equipo, porque muchos ya no están, empezando por el propio Chicho...
Un momento del rodaje de 'Chicho o mientras el cuerpo aguante'LV
Da gusto escucharle hablar. Transmite mucha paz.
Sí, era muy plácido. Hacía su vida, con sus investigaciones, sus reflexiones, sus canciones. Vivía en una especie de tranquilidad muy bonita.
¿Cómo se conocieron? ¿Fue en Mallorca?
Siempre he tenido mucha conexión con Mallorca. Mi mujer me llevó ahí. No es mallorquina, pero tiene una fijación con Mallorca, y hemos acabado teniendo una casa cerca del Puerto de Andratx después de muchos años. Jonás ha pasado todos los veranos de su infancia en Sa Ràpita. Pero a Chicho lo conocí porque le pedí su canción para A contratiempo, la película que le produje a Óscar Ladoire cuando ya montamos la productora. Es un poema acojonante de García Calvo, que para él era la máxima referencia intelectual. Ahí ya le conocí un poco. Me encantó su forma de ser, y como había oído tantas historias sobre él, se me metió en la cabeza hacer esta película totalmente improvisada para la que no escribimos ni una palabra.
Se nota que hay una armoniosa convivencia entre el equipo y ellos dos.
Sí, cada día, íbamos al bar de enfrente de su casa y, mientras el equipo desayunaba café y croissants, él se ponía a jugar al flipper, que era su manera de despejarse, y ahí él y yo solos decidíamos qué íbamos a hacer. Hablando, él me decía una idea, yo le decía otra. Todo salía de ese diálogo entre los dos. Fueron dos semanas de rodaje, más luego un día en Madrid.
Entre otros temas aparece su militancia política, muy a la izquierda.
Sí, estuvo en varios grupos, aunque con se identificaba más con el FLP, que era lo más humanista y lo más democrático que había, gente muy civilizada.
De su padre, el periodista falangista Sánchez Mazas, no habla en la película. ¿Hasta qué punto chocaban por tener ideologías tan opuestas?
No lo menciona, porque yo no quería hacer una película biográfica, ni él tampoco. Pero siempre hablaba con mucho cariño del padre, que era mítico como personaje. No sé si en su día tuvieron enfrentamientos o conflictos. Cuando leí 20 años después Soldados de Salamina, antes de producir la adaptación de mi hermano David, le dije a Cercas que conocía varios detalles que podría haberle contado de haberlo conocido antes.
“A Sánchez Mazas una gitana en Barcelona le profetizó que no se iba a derramar su sangre”
¿Cómo cuáles?
Por ejemplo, cuando les sacan en la camioneta por la mañana diciéndoles que es un traslado, Sánchez Mazas le dice a su compañero de camioneta que les van a fusilar. El otro se extraña, pero él le hace un razonamiento de esa lógica aplastante que tenían todos los Sánchez, y le cuenta el plan que ha pensado para escaparse. Explica cómo los van a colocar y que la ametralladora los barrerá de izquierda a derecha, de modo que han de colocarse los primeros, pero detrás, para escaparse cuando las balas vayan hacia el otro lado. Así se escapó, y luego, en el río, se le caen las gafas, y este hombre sin gafas era ciego. Ahí dice estoy perdido. Pero cae al suelo y con la mano engancha las gafas. Lo ve el miliciano, pero al ver el miedo en sus ojos no lo mata, otro milagro, tres milagros seguidos. Aunque Sánchez Mazas ya lo sabía porque, en Barcelona, una gitana le profetizó que no se iba a derramar su sangre.
¿Se llevaba bien Chicho con su hermano, el gran escritor Rafael Sánchez Ferlosio? Tampoco lo menciona.
Muy bien. Rafael se me acercó un día y me dijo qué bonita la película que has hecho sobre mi hermano. A este hombre le teníamos un respeto tremendo. Con mis amigos, en los tiempos de la Universidad nos reuníamos en la cafetería Yucatán y nos llamábamos en coña la Escuela de Yucatán, por lo de la Escuela de Argüelles, en la generación anterior. Rafael también venía a la cafetería, a veces en zapatillas, bata y sin afeitar. Nunca nos atrevimos a decirle nada, y eso que se sentaba al lado nuestro, no para escuchar lo que decíamos, sino porque le interesaba saber cómo hablaban los jóvenes. El Jarama es uno de los ejercicios más locos que se han escrito sobre diálogo. Un día, cuando ya estaba a punto de morir, también se me acercó y me dijo: qué tiempos los del Yucatán. Me volvió loco, porque entonces no habíamos cruzado palabra.
“Rafael Sánchez Ferlosio también venía a la cafetería, a veces en zapatillas, bata y sin afeitar”
Hablemos de Bajañí, donde reconstruye el viaje musical de Niño Josele, al que conoció poco después de rodar Calle 54. ¿Cuénteme cómo ha sido esa evolución en paralelo?
Todo empezó cuando Niño Josele escuchó a Bebo Valdés tocando Waltz for Debby, que es la pieza de Bill Evans que siempre toca para probar un piano, y yo tengo más de sesenta discos de Bill Evans. Soy un fanático, Josele también se obsesionó, hasta que me llamó para tocarme con su guitarra Waltz for Debby. Así le empujé a grabar un homenaje a Bill Evans. Luego la Warner me llamó para que le produjera Española, y ya vino el disco con Chano Domínguez y el de Estrella Morente.
El documental es un recorrido por esa evolución en común, y culmina en Brasil, en la tumba de Jobim.
Sí. Pero no es una retrospectiva, para eso ya están los discos. Quería volver a hacer el viaje con él porque me flipaba cómo había entrado en las armonías brasileñas, hasta el punto que se obsesionó con Radamés Gnattali, el maestro de Jobim y otros, un erudito que tanto hacía las músicas del Cinema Novo, como hacía conciertos con su grupo de jazz. Es el artista más completo que hay en Brasil. Josele tiene una gran intuición musical, y yo le aporto mis conocimientos en la materia.
¿Ha visto La guitarra flamenca de Yerai Cortés?
No, y además intencionadamente, porque la idea de Bajañí viene desde la pandemia –ha sido muy difícil de financiar–, y no quería ver nada que tuviera relación ni semejanza. Quería estar con la cabeza libre, sin pensar en lo demás.
Se agradece que las actuaciones estén enteras, porque es muy frustrante en las películas cuando las cortan.
Claro, entonces no la pongas. Es como si en una cena te quitan el plato cuando estás comiendo. Es una película que está hecha para los que amáis la música. El disco saldrá en octubre: un doble CD y un triple LP, que es toda una belleza.
Philipp Engel
Cultura
Forma parte de la redacción de La Vanguardia · San Sebastián.
Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.