01Son las nueve de la mañana y Philip Hoare (Southampton, 1958) asoma sonriente por la escalera de emergencia del Hotel Catalonia Barcelona Beach.
02Al ensayista británico no le entusiasman los ascensores, por lo que sube y baja los cuatro pisos hasta su habitación a pie.
03Ese día lleva una camiseta con rayas marineras y sus ojos recuerdan a un mar diáfano con sus moradores a la vista.
04Sobre seres marinos, precisamente, tratan la mayoría de sus obras, haciendo especial hincapié en las ballenas, que protagonizan su laureado ensayo Leviatán (2008).  Posteriormente, se ha sumergido en el legado de artistas como Melville y Durero, que enlaza con ayuda de su pluma –y mucho ingenio– con su pasión por el mar.
Son las nueve de la mañana y Philip Hoare (Southampton, 1958) asoma sonriente por la escalera de emergencia del Hotel Catalonia Barcelona Beach. Al ensayista británico no le entusiasman los ascensores, por lo que sube y baja los cuatro pisos hasta su habitación a pie. Ese día lleva una camiseta con rayas marineras y sus ojos recuerdan a un mar diáfano con sus moradores a la vista. Sobre seres marinos, precisamente, tratan la mayoría de sus obras, haciendo especial hincapié en las ballenas, que protagonizan su laureado ensayo Leviatán (2008).
Posteriormente, se ha sumergido en el legado de artistas como Melville y Durero, que enlaza con ayuda de su pluma –y mucho ingenio– con su pasión por el mar. Ahora publica William Blake y los monstruos marinos del amor (Ático de los Libros).
¿Qué tal su mañana?
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Me he bañado tres veces. A las 4 h, a las 6 h y a las 7 h. Ver el mar desde mi cuarto es muy tentador.
¿Le gusta el Mediterráneo?
Me encanta. Pero me malacostumbro. En Southampton, el agua está mucho más fría, aunque también me chifla. Dos meses al año voy a la playa de Cape Cod, donde a veces hay que romper el hielo para entrar en el agua.
¿No hay nada que pueda impedir su baño diario?
Recuerdo una gran tormenta. Los árboles flotaban en el agua, las olas eran altas como edificios… Era imposible entrar en el mar. Fue en Southampton, en 2014.
¿Desde entonces no se ha saltado su ritual?
No. A mis editores les molesta bastante (ríe). Por culpa de este hábito no puedo ir a Madrid. Es un fastidio. Aunque una vez nadé en el estanque del Retiro. Me gustó porque es como un coto de caza real y sentí que estaba desafiando a los reyes y reinas de España.
Ha escrito sobre Melville, Durero y, ahora, William Blake.
Es otro creador de mitos. Melville creó a Moby Dick, su gran monstruo marino. Durero a su rinoceronte. Intentó pintar una ballena, pero nunca llegó a verla. De hecho, contrajo la malaria en la costa y murió a consecuencia de ello. Los tres tienen un aura legendaria. Y Blake se presenta como una figura que cambia de forma. Es algo así como un mago.
“Blake se presenta como una figura que cambia de forma. Es algo así como un mago”
Explíquese.
Aparece cuando estamos dejando atrás el viejo mundo, un mundo rural en el que la mayoría de la gente vivía en el campo. A finales del siglo XIX, cuando Blake ya ha muerto, la población se concentra en la ciudad. La Revolución Industrial lo está cambiando todo. Y él se resiste a eso. Tanto él como su arte. Tenía un espíritu revolucionario y radical. Estuvo a punto de ser encarcelado en Inglaterra por sus creencias. Era antimonárquico, apoyaba la Revolución Francesa y la Revolución Americana, era antiesclavista...
¿Fue un visionario?
Sin duda. Lo abandonó todo por su arte. Él y su esposa, Catherine. A ella la borraron de la historia de una manera un tanto misógina.
¿El legado de Blake sería el mismo sin ella?
Imposible. Para empezar, por el esfuerzo físico que exigía. Usaba una imprenta gigantesca con un gran peso para ejercer presión sobre las planchas de impresión. Es un trabajo de dos personas. Catherine también coloreaba su obra. Y ambos compartían visiones. Eran espiritistas. Los textos de Blake incluyen personajes que cambian de forma. En Milton, un ángel se transforma en ballena.
Philip Hoare bañándose en la playa de la Mar BellaAna Jiménez
Pero jamás dibujó una.
No directamente. Toma su idea de ballena del leviatán de la mitología bíblica. Para Blake es un símbolo poderoso. Los años que se mudó con Catherine a un pueblo costero del sur de Inglaterra, Felpham, se da cuenta de que el mar está lleno de seres desconocidos. Pulpos gigantes y monstruos marinos que se comen a los humanos. Crea imágenes de esas cosas.
Le llegaron a aterrorizar sus propias visiones.
Absolutamente. Acabó convenciéndose de que Londres era más seguro y regresó. También porque Felpham era demasiado reaccionario y conservador.
¿Cuál de sus poemas o pinturas le fascina más?
Conocí a Blake por El tigre. Me enseñaron ese poema en la escuela: “Tigre, tigre, que te enciendes en luz / por los bosques de la noche / ¿qué mano inmortal, qué ojo / pudo idear tu terrible simetría?”.
Nash, Butler, Joyce… Blake tuvo muchos admiradores.
Se sentían liberados al leerlo. Ulises, de Joyce, está inspirada en Blake. Algo que no se ha reconocido en absoluto. Joyce adoptó de él su manera de transformar la vida cotidiana en una especie de mito. Transformó un día cualquiera en Dublín en un proceso mitológico basándose en la Odisea.
“Una vez nadé en el Retiro. Es como un coto de caza, sentí que desafiaba a los reyes”
Defiende que incluso Dolly Parton tenía algo de Blake.
Pobre Dolly... Creo que ambos eran muy sentimentales. Que estaban muy ligados a lo trágico. Igual que Johnny Cash.
Blake dijo que “una máquina no es un hombre ni una obra de arte; destruye la humanidad y el arte”.
De eso trata El tigre. Del futuro. De lo que haría la ciencia. A Blake le preocupaba mucho que acabara con el arte. Pintó un cuadro de Newton sentado en el fondo del océano, midiendo el lecho marino e ignorando la belleza que lo rodeaba. Denunciaba que los científicos no tienen en cuenta la belleza y la fragilidad del mundo. Veía el mundo destruyéndose. La Revolución Industrial fue una especie de infierno para él.
Un exingeniero de Anthropic ha declarado que la IA podría matarnos a todos.
Blake lo predijo. Creo que por eso he pasado tanto tiempo estudiándolo. Sabía que nos advertía sobre los retos de hoy. Pero también nos dio una solución: el arte.
¿Nos destruirá la tecnología?
Espero que no. Blake hablaba de sus riesgos hace 200 años y aún no lo ha hecho. La IA es preocupante, pero seguimos siendo seres humanos. De momento.
¿Qué le preguntaría a Blake?
¿Cree en Dios? Bueno, sí que creía en él, pero lo odiaba.
¿Ve su final vinculado al mar?
Mi hermana me dijo que podría morir de un ataque al corazón allí. Solo tendría que dejar que me llevara la corriente. No habría que lidiar con nada, no habría funeral.
¿Teme a la muerte?
Me asusta lo desconocido. Y me entristecería perder el mar. Por eso morir allí me parece algo bastante bueno. Mis moléculas permanecerían en sus aguas. Me biodegradaría. Sería algo realmente hermoso.
Hada Macià
Cultura
Periodista especializada en cultura y ocio. Máster en Humanidades por la UOC y graduada en Periodismo por la UIC
Ver comentarios 3
Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.
Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.
Excelente trabajo de la redacción, como siempre.