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Los críticos de 'La Vanguardia' también analizan 'En el corazón de la bestia', 'Fall 2: Deadpoint' y 'La isla olvidada'

Crítica | ‘La bola negra’ (★★★★✩): esa ambición tan medida
Un fotograma de 'La bola negra' con Penélope Cruz Suma Content Films
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Actualizado hace 11 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

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  • 01Por Philipp Engel  Si los Javis citan  Titanic  como una de sus mayores influencias,  La bola negra  se presenta cual transatlántico diseñado para cruzar océanos y albergar un máximo de pasajeros sin que sus salones, presididos por alegóricos  tableaux mourants  iluminados por Gris Jordana, pierdan un ápice de su majestuosidad.
  • 02Y así, rumbo a los Oscars, ya en plural, navega la renovada “marca España” –el relevo de Almodóvar–, un monumento queer que homoerotiza nuestra Guerra Civil para reivindicar todos esos amores enterrados por los señores de la guerra.
  • 03Las tres historias que conforman la película –el relato de Lorca sobre un joven que no es admitido en el casino por homosexual antes de la guerra y el enamoramiento en plena contienda entre un nacional y su prisionero, que confluyen en el 2017 a través del personaje de Carlos González– están muy hábilmente entrelazadas, de manera que nadie se pierda por el camino, y las imágenes simbólicas de la España herida, transitadas por cadáveres exquisitos y marineros lascivos a lo Genet, nunca dejan de resultar seductoras, culminando con una abstracta secuencia nevada, sin duda lo mejor de la película junto a una Penélope Cruz instantáneamente icónica.
  • 04Esa peluca es el momento más descocado en una superproducción, que también flirtea orgullosamente con el melodrama camp, donde se puede echar en falta la refrescante energía empática que supuso la aparición de los Javis en el panorama patrio.
La bola negra ​★★★★✩ ​Dirección: Javier Calvo y Javier Ambrossi ​Intérpretes: Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau, Carlos González, Penélope Cruz, Glenn Close Producción: España, 2026 (155 min) Drama​

Por Philipp Engel 

Si los Javis citan Titanic como una de sus mayores influencias, La bola negra se presenta cual transatlántico diseñado para cruzar océanos y albergar un máximo de pasajeros sin que sus salones, presididos por alegóricos tableaux mourants iluminados por Gris Jordana, pierdan un ápice de su majestuosidad. Y así, rumbo a los Oscars, ya en plural, navega la renovada “marca España” –el relevo de Almodóvar–, un monumento queer que homoerotiza nuestra Guerra Civil para reivindicar todos esos amores enterrados por los señores de la guerra.

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Las tres historias que conforman la película –el relato de Lorca sobre un joven que no es admitido en el casino por homosexual antes de la guerra y el enamoramiento en plena contienda entre un nacional y su prisionero, que confluyen en el 2017 a través del personaje de Carlos González– están muy hábilmente entrelazadas, de manera que nadie se pierda por el camino, y las imágenes simbólicas de la España herida, transitadas por cadáveres exquisitos y marineros lascivos a lo Genet, nunca dejan de resultar seductoras, culminando con una abstracta secuencia nevada, sin duda lo mejor de la película junto a una Penélope Cruz instantáneamente icónica. Esa peluca es el momento más descocado en una superproducción, que también flirtea orgullosamente con el melodrama camp, donde se puede echar en falta la refrescante energía empática que supuso la aparición de los Javis en el panorama patrio. Pero esta es una película sobre la muerte, o las muertes, o los crímenes de guerra, y no puede escapar a una cierta solemnidad operística ligada a la autoconciencia de su importancia histórica, no porque denuncie algo inaudito, sino porque lo hace a través de una mirada distinta.

Se le puede reprochar que, en ese afán de llegar a todo el mundo, y esto es a todos los países y a todas las edades, se sobreexplique, como cuando González le agradece a una Glenn Close en modo Ian Gibson que haya tenido que venir de fuera a revelarnos la sexualidad del poeta cuando es un tema que ha estado en la conversación desde los años ochenta. Aunque la película no se hace larga, quizás peque de cierta dilatación temporal –salvo La llamada, los Javis se han dedicado a las series–, aunque ahí también hay una hibridación interesante, que se mire como se mire explota en la pantalla con imágenes que no pueden dejar indiferente. Ni aquí, ni en la Academia de Hollywood.

Brad Pitt interpretando a James Belmont y Uber interpretando a Odín en 'El corazón de la bestia'.
Brad Pitt interpretando a James Belmont y Uber interpretando a Odín en 'El corazón de la bestia'.Paramount Pictures
Dos sobreviven juntos En el corazón de la bestia ★★✩✩✩ Dirección: David Ayer Intérpretes: Brad Pitt, J. K. Simmons, Anna Lambe Producción: EE.UU., 2026 (101 min) Aventuras

Por Jordi Batlle Caminal 

Este es un vehículo para el lucimiento exclusivo de Brad Pitt, cuyo personaje de militar retirado tiene como compañero únicamente a un perro muy fiel y muy castigado por la vida: cicatrices y una pata ortopédica dan fe de su doloroso pasado como animal adiestrado para la guerra. Ahora viven felices y silvestres en tierras de Alaska, lejos de la civilización. Hasta que un accidente de avioneta los deja desamparados en una naturaleza hostil y sin otros recursos que la destreza del antiguo boina verde para la supervivencia. 

En el corazón de la bestia es una película de aventuras tradicional, con paisajes bellísimos y muchas escenas de peligro, que se sostiene por la fuerza y la convicción de la interacción entre Pitt y el perro. Pero tiene desequilibrios, una dirección francamente mejorable y chirría el mensaje final (y la carta, inverosímilmente larga dadas las condiciones en que se redactó). Y son inne­cesarios los flashbacks bélicos: en la corta aparición de J.K. Simmons (que parece un personaje de Jack London con aspecto del Lee Marvin de La leyenda de la ciudad sin nombre), Pitt ya había dado, durante la clásica escena de la hoguera nocturna, toda la información necesaria para que entendiéramos lo que sucedió en la guerra.Jordi Batlle Caminal

Fall 2: Deadpoint
Fall 2: DeadpointLionsgate
Sin miedo al vacío Fall 2: Deadpoint ★★✩✩✩ Dirección: The Spierig Brothers Intérpretes: Harriet Slater, Arsema Thomas, Tom Brittney Producción: EE.UU., 2026 (97 min) Escalada

Por Philipp Engel

¿Quién no se ha sorprendido viendo reels de desconocidos que se dedican a escalar sitios super-altos o a precipitarse al vacío, aunque sea con fondos generados por IA? La primera Fall, dirigida por Scott Mann hace casi un lustro, parecía diseñada para contentar ese voyeurismo obtuso al que nos dejamos someter por la vía de nuestra adicción a las redes. Hasta incluía un comentario al respecto: una de las dos chicas que se proponía escalar una antena tan alta como la torre Eiffel, pero situada en medio de algún desierto americano, era una youtuber de riesgo, que se jugaba la vida por sus followers. 

La secuela, de nuevo escrita por este Mann, que nada tiene que ver con otros, resulta hasta cómica en su afán de replicar, punto por punto, el original, con la salvedad de que, en vez de una torre, se trata de un recorrido por una endeble pasarela en la ladera de una montaña tailandesa, a 900 metros del suelo. Aparecen los mismos buitres proféticos, flojean los mismos tornillos oxidados y se dan, una tras otra, idénticas situaciones que producen la misma sensación de vertiginoso placer culpable que cuando vemos esos vídeos cortos de internet que el algoritmo sabe que nos van a interesar muchísimo, aunque ni siquiera sean reales. P. Engel

Fotograma de 'La isla olvidada'
Fotograma de 'La isla olvidada'DreamWorks
Elogio de la amistad La isla olvidada ★★✩✩✩ Dirección: Joel Crawford, Januel P. Mercado Producción: EE.UU., 2026 (109 min) Animación

Por Jordi Batlle Caminal 

Los primeros quince o veinte minutos de La isla olvidada son los mejores. Describen la muy sólida relación entre dos amigas adolescentes. Una es un auténtico terremoto, el terror de las aulas, de los restaurantes de comida rápida y de las fiestas con barbacoa. La otra está con ella porque ambas creen en la magia, en los relatos populares del folklore y en la leyenda de una isla fantástica. 

La película se contagia de la energía incesante, incendiaria, que desprenden cada minuto de sus vidas las dos simpáticas protagonistas, siempre alegres y festivas, como si se hubieran escapado (y pasado por el filtro de la animación) de las imágenes de The beach bum, de Harmony Korine. Una energía que se mantiene hasta el final, cuando ya llevamos más de una hora pensando si lo que estamos viendo vale realmente la pena, porque desde el momento en que las heroínas cruzan uno de esos portales que hoy tanto proliferan en los blockbusters y que llevan a otra dimensión (en este caso, a la isla mágica), la película se transforma en una aventura absurda, visualmente fea, contaminada por estilemas tomados del anime (y se diría que hasta del nefasto K-pop) y poblada por un conjunto de criaturas, malas y buenas, de diseño cualquier cosa menos brillante.J. Batlle

PE
Philipp Engel
Cultura

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.