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Opinión
Philipp Engel
Columnista

Una Concha de lo más redonda

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Actualizado hace 9 d Contrastado por la redacción Cómo lo hemos informado

Esta información ha sido elaborada por la redacción de La Vanguardia a partir de fuentes propias y verificadas.

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  • 01Que  Tender loving care,  de Mike Leigh, gane la Concha de Oro y otros dos premios, en el último año de José Luis Rebordinos tras más de tres lustros al mando del festival de San Sebastián, no puede quedar más redondo, teniendo en cuenta que la película será también la última del octogenario maestro británico, que sufre de miositis, una enfermedad que ataca los músculos y limita sus movimientos.  Es especialmente bonito, porque Leigh ha querido terminar su carrera en lo más alto, con una propuesta aparentemente sencilla, que abraza con ternura la intimidad de apenas cuatro personajes –dos de ellos interpretados por la pareja del cineasta, Marion Bailey, y la hija de esta, Alice Bailey Johnson, acentuando el ambiente familiar–, a través de diálogos que, como siempre, parecen arrancados a la vida.  Coherentemente con su humanismo militante, Leigh lleva a cabo una contundente denuncia de un sistema devorado por el turbocapitalismo.
  • 02Pero lo hace sin necesidad de alzar la voz, ni de caer en el panfletismo, dejando, eso sí, un último plano, el último de toda una filmografía, que nos interpela: el de un sin hogar que mira a cámara cual Antoine Doinel en  Los cuatrocientos golpes.  Aquí también es el director el que nos mira, sólo que esta vez no es para saludar, sino para despedirse.
  • 03La escena también rima, a la inversa, con la del anterior filme de Leigh, el más amargo  Mi única familia  (2024), que se abría a la esperanza con un último plano, separado del resto del filme.
  • 04En aquella ocasión, el año de la inapelable  Tardes de soledad,  Leigh todavía pudo visitar la Concha.

Que Tender loving care, de Mike Leigh, gane la Concha de Oro y otros dos premios, en el último año de José Luis Rebordinos tras más de tres lustros al mando del festival de San Sebastián, no puede quedar más redondo, teniendo en cuenta que la película será también la última del octogenario maestro británico, que sufre de miositis, una enfermedad que ataca los músculos y limita sus movimientos. 

Los actores de la película 'Tender loving care', Alice Baile y Paul Jesson posan con sus premios, y otros ganadores, como Javier Cámara 
Los actores de la película 'Tender loving care', Alice Baile y Paul Jesson posan con sus premios, y otros ganadores, como Javier Cámara Juan Herrero/EFE

Es especialmente bonito, porque Leigh ha querido terminar su carrera en lo más alto, con una propuesta aparentemente sencilla, que abraza con ternura la intimidad de apenas cuatro personajes –dos de ellos interpretados por la pareja del cineasta, Marion Bailey, y la hija de esta, Alice Bailey Johnson, acentuando el ambiente familiar–, a través de diálogos que, como siempre, parecen arrancados a la vida. 

Coherentemente con su humanismo militante, Leigh lleva a cabo una contundente denuncia de un sistema devorado por el turbocapitalismo. Pero lo hace sin necesidad de alzar la voz, ni de caer en el panfletismo, dejando, eso sí, un último plano, el último de toda una filmografía, que nos interpela: el de un sin hogar que mira a cámara cual Antoine Doinel en Los cuatrocientos golpes. Aquí también es el director el que nos mira, sólo que esta vez no es para saludar, sino para despedirse. La escena también rima, a la inversa, con la del anterior filme de Leigh, el más amargo Mi única familia (2024), que se abría a la esperanza con un último plano, separado del resto del filme. En aquella ocasión, el año de la inapelable Tardes de soledad, Leigh todavía pudo visitar la Concha. Era la primera vez que competía en Donosti, después de un largo periplo cannois, donde fue el mejor director por Indefenso (1993) y se llevó la Palma por Secretos y mentiras (1996). 

Nadie duda de que estamos ante una de las mejores películas del año. La mejor despedida posible para dos grandes directores”

Un gran fichaje de Rebordinos, y una película, Tender loving care, que ha generado un total consenso en ese variopinto amalgama, casi siempre discordante, que llamamos La Crítica. Está bien que se trate de una producción internacional, no porque las vencedoras españolas no se lo merecieran, en absoluto, sino porque siempre queda la sensación de que las nuestras juegan en casa contra las que no han entrado en los festivales de clase A de mayor envergadura, como Cannes, Venecia y Berlín –los certámenes con los que, cada año, San Sebastián, se disputa los mejores títulos de la cosecha–. 

Este no sería el caso, porque nadie duda de que estamos ante una de las mejores películas del año. La mejor despedida posible para dos grandes directores.

Philipp Engel
Philipp Engel
Columnista

Forma parte de la redacción de La Vanguardia.

Ver comentarios 3
Las normas de la comunidad aplican.
ML
Marta L.Suscriptorhace 12 min

Buen análisis, ayuda a entender el contexto de la noticia.

JP
Joan P.Suscriptorhace 28 min

Se agradece el rigor y las fuentes contrastadas.

RV
Roberto V.hace 1 h

Excelente trabajo de la redacción, como siempre.